En España, en la actualidad, hay una media de 600 adopciones nacionales e internacionales y una espera de unos seis años.


Un amor sin condiciones

Paz Calap es la autora del libro Quiero paz (Editorial Alienta). Un curso de ocho semanas para que descubras el poder de tu mente y vivas con alegría y paz de espíritu. La autora dona los derechos de autor a la Fundación ‘El sueño de Vicky’ para la investigación del cáncer infantil.

Nuestros hijos han llegado a nosotros para recordarnos que la vida no es perfecta y que, a la vez, es un milagro.

Hijos oasis o maestros

Como escuché decir al Dr. Mario Alonso Puig, hay dos tipos de niños, los oasis y los maestros. Los oasis son niños que obedecen siempre a la primera, son cariñosos, educados, no dan ni una preocupación a los padres… Ya sabes a lo que me refiero.

En cambio, los hijos maestros son los que desafían a los padres, los retan constantemente, no les obedecen, protestan por la comida, por el colegio, por todo. Son los que llaman la atención cada dos por tres en casa, en el colegio, en el restaurante…

¿Quiénes son los que más nos gustan? Los hijos oasis. ¿Quiénes son los que hacen que mejoremos? Los hijos maestros. ¿Por qué? Nos gustan los oasis porque nos lo ponen fácil y, en cambio, debemos agradecer a los maestros que hagan que, cada día, crezcamos en paciencia, determinación, humildad y compasión.

Practicando el amor incondicional

Con sus palabras y actos, nuestros hijos, oasis o maestros, nos recuerdan cada día qué es el amor incondicional ya que nos invitan a practicarlo en todo momento. Y es aquel en el que se ama a la esencia de la persona. La esencia es invariable, es el alma y es siempre igual, es amor. Nuestro amor por ellos no depende de lo que digan o hagan, va a ser un amor sin condiciones. Y, aunque pueda parecer, no es un amor ciego, es un amor con el corazón y los ojos abiertos.

La maternidad hoy en día

8,2% ES LA CIFRA DE NACIMIENTOS EN ESPAÑA QUE SE DEBEN A TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA

88,1% DE MUJERES ENTRE 18 Y 30 AÑOS NO TIENE NINGÚN HIJO. YA HAY MÁS MADRES PRIMERIZAS DE 40 AÑOS QUE DE 25

Otras formas de ser madres

“me encanta mi familia numerosa”
Me crié con cuatro hermanos y siempre quise formar una familia numerosa. Sin embargo, tras tener a Carmen (14) y Leo (5), mi marido y yo decimos plantarnos. Con dos, ya estaba bien. Además ya tenía 42 años… Un mes no me vino el periodo y acudí al ginecólogo pensando que empezaba a tener desarreglos. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijo que estaba embarazada. Era la pequeña Marta en tamaño lenteja.

Sentí una mezcla de sentimientos enorme: me hacía mucha ilusión pero, al mismo tiempo, yo, que era la reina del orden, sentía que mi vida se descontrolaba. Hoy compagino pañales y biberones, con las cartillas para aprender a leer y los consejos desoídos a una adolescente con las hormonas en plena ebullición. Muchas veces esto parece una casa de locos, pero bendita locura.

“adoptar a june fue mi salvación”
Tras dos años intentando ser padres de forma natural, acudimos a una clínica de reproducción asistida, pero los tratamientos no funcionaron. Cada fracaso me iba hundiendo más y más en un pozo de tristeza. No soportaba ver mujeres embarazadas por la calle y dejé de relacionarme con las amigas que tenían niños, porque representaban lo que yo no podía tener. Un día mi pareja me dijo llorando que él deseaba tanto como yo un hijo, pero no a costa de tanto sufrimiento, así es que tomamos la decisión de adoptar.

Después de seis años de espera, nos soprendió una llamada: había una niña en un orfanato de china, de 5 años, con un pequeño problema de visión en un ojo que necesitaba unos padres. La gente me dice que mi hija tiene mucha suerte: se equivocan. La suerte la tengo la yo. Ella me salvó.

“acojo a mi hijo sin condiciones”
A mi marido y a mí nos encantan los niños, pero no hemos sentido la necesidad de tener hijos teniendo en cuenta que hay muchos que no tienen sus necesidades básicas cubiertas. Por eso, nos decidimos por el acogimiento familiar, que es una medida temporal que ofrece a los menores un buen entorno hasta que su familia resuelva los problemas que le impiden ocuparse de ellos.

Así llegó a nuestras vidas C, de 8 años, cuyos padres están en rehabilitación por problemas de adicciones. Al principio, mi intención era cuidarle y darle cariño, pero no quería implicarme demasiado, porque sabía que en cualquier momento podía volver con sus padres, que, además, es lo deseable. Pero ha sido imposible. Amo a C con todas mis fuerzas y mientras esté con nosotros, que pueden ser meses o toda la vida, mi amor va a ser incondicional.