Los periodistas denuncian en su nuevo libro cómo los comportamientos machistas siguen campando a sus anchas en nuestra sociedad con gestos que a veces pasan inadvertidos y que debemos corregir y combatir.


Han escrito el libro al alimón y están tan compenetrados que a la hora de entrevistarlos las respuestas de Geles Hornedo y Aitor Alonso son las mismas. Como una sola voz han plasmado en Micromachismos.

Cómo detectarlos y combatirlos (Ed. MR) uno de los problemas de nuestra sociedad. A Geles la vemos en Sálvame y Aitor se encuentra tras las cámaras, pero hoy nos hablan al unísono.

¿Cuál fue el germen del libro?

Cuando estrenamos la sección Con M de Mujer en el programa Sálvame de Telecinco, hace ya más de un año, la editorial se puso en contacto con nosotros para sugerirnos escribir un libro. Se trata de trasladar el contenido de la sección a un libro, es decir a través de los machismos que se sueltan en nuestro programa acercarnos al feminismo y aprender para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres.

Hasta que uno no lo ve así, escrito, no se da cuenta de la cantidad de micromachismos que hay a nuestro alrededor… ¿Érais conscientes de ello o también os habéis sorprendido?

Vivimos sumergidos en una cultura y una sociedad patriarcal y todos somos machistas, unos más que otros, incluso muchas veces de manera inconsciente. Por eso cuando se pone la lupa para analizar se ven muy claros los micromachismos que no dejan de ser machismos, sin el micro. Hay una forma sencilla de detectarlos y es ponerse en el lugar de la mujer para ver si sale perjudicada. A raíz de escribir el libro y leer mucho sobre feminismo cada vez nos hemos dado cuenta de que el machismo es transversal y está en todos los aspectos de nuestra sociedad. Ese descubrimiento continuo nos motiva para seguir en esta apasionante tarea.

Decid la verdad, ¿vosotros también caíais en algún micromachismo que habéis corregido?

Uno podría pensar que las actitudes machistas son cosa del pasado, o de gente mayor, o de hombres pero por desgracia no es así. La sociedad va cambiando poco a poco, y actitudes que hace unos años se normalizaban, hoy en día están mal vistas, y eso es un paso adelante. Pero queda mucho por hacer. Claro que caemos en micromachismos, nosotros y toda la sociedad. Por ejemplo, cuando algo nos aburre decimos “¡qué coñazo!”, y eso es una forma de lenguaje machista, y en cambio cuando algo es estupendo se dice que es cojonudo.

A veces son imperceptibles, y en ocasiones se camuflan como chistes… ¿Cómo se distingue entre humor y micromachismo?

Es muy sencillo, cuando una broma, un piropo o un chascarrillo tiene como fin ridiculizar o intimidar a una mujer eso es machismo. Haz la prueba de decir piropos groseros a hombres por la calle; eso es inconcebible, pues es lo que aguantan muchas mujeres aquí y en la otra punta del mundo. Y cuando más se da es en grupos de hombres que se animan unos a otros a ver cuál dice la mayor burrada.

En el libro decís que no es algo biológico y se puede corregir, ¿hay esperanza?

Claro que sí, el secreto está en educar, a niños y jóvenes y también a mayores, para que no se repitan modelos que sitúan a las mujeres en un segundo plano. Que las nuevas generaciones no vean a sus padres devaluando a las madres y que aprendan a ser corresponsables en las ta-reas domésticas y los cuidados, que asuman que una mujer es tan valiosa y tan respetable como un hombre. Educar en la igualdad es el mayor reto de este siglo.

¿Cómo debemos actuar?

Tenemos que asumir que no podemos ni debemos callar, tolerancia cero. Si se sufre un comportamiento machista hay que saber reaccionar para hacer ver al hombre que ese comportamiento no es el adecuado, y si insiste en comportarse las mujeres tienen que replantearse que no se puede mantener una relación con un hombre así. Cuando somos testigos de ese comportamiento hay que afearlo, y cuando se trata de violencia de género debemos denunciarlo porque las mujeres que lo sufren pueden estar en peligro.

¿El silencio es complicidad?

Sin duda. La violencia extrema no nace de un momento viene gestándose con actitudes y modos previos. Además hay muchas mujeres que sufren en silencio, unas por miedo, otras por los hijos, por la sociedad, por la economía, etc.

Enfrentarse a este tipo de actitudes, no siempre es fácil.

Claro que no, y por supuesto no somos partidarios de hacer un enfrentamiento agresivo. No, no es el camino, ante un chiste machista, hay que afearlo y explicar tu postura, si la disposición no es buena a veces es mejor cambiar de tema, pero… Cuando un hombre ningunea a su mujer delante de nosotros tampoco se debe de mirar para otro lado, Esos comportamientos son negativos dentro de la vida de pareja, laboral o social. Son intolerables y, evidentemente, si una está bien y se ve con fuerzas, debe actuar. Somos conscientes de que no siempre se tienen ganas o te ves capacitada para levantar la voz, pero nuestro consejo es que lo intenten.

¿Hasta qué punto el cine, la televisión y las redes sociales condicionan situaciones reprobables?

Una educación que pide a las niñas que sueñen con el caballero que viene a rescatarlas y que el hombre ideal es aquel que te cuida, te mima y te hace sentir como una reina… Todo eso es una mentira muy dañina. Luego está el tema del físico; se vende unos modelos de belleza normativa que es absolutamente falsa. La belleza es personal, no es una talla, un color de pelo, un tipo de cara.

Cada persona es diferente, maravillosamente diferente y preciosa. Solo depende de los ojos con los que miremos. En el libro hablamos de la cosificación de la mujer. Damos tres cifras: 90-60-90, y preguntamos si sabemos qué es. Todo el mundo sabe que son las medidas que quieren hacernos creer que son las perfectas para la mujer.

Y después preguntamos: ¿Y las medidas ideales de un hombre?

No hay. Debemos trabajar para salir de los estereotipos de género y acabar con la cosificación e hipersexualización de la mujer. Y con el edadismo: cumplir años en esta sociedad es un demérito pero para las mujeres es mucho más dañino. Hay que caminar sin ansiedad y sin complejos, y si la sociedad te quita tu sitio, hay que conseguir demostrar que no vas a consentirlo.

¿Vuestros amigos vigilan las palabras cuando estáis delante?

No somos policías, ellos meten la pata como nosotros, pero somos cada vez más conscientes. A todos nos viene bien, antes de soltar lo primero que se nos viene a la boca, pensar un poco.

Geles, Sálvame te ha hecho muy popular, ¿pero te has ganado enemigos?

Pues la verdad es que la gente que me para por la calle es para dar las gracias por la sección. Tanto hombres como mujeres.

¿Vuestra recomendación?

Insistir en que no hay nada más divertido y enriquecedor que descubrir que podemos mejorar que no somos perfectos y que con pequeños gestos podemos hacer que la vida sea más igualitaria entre hombres y mujeres. Abramos la mente.

geles