Un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad de Nuevo México ha hallado indicios
de que la Luna y la Tierra poseen una composición diferente.


Los investigadores esperan que este pueda ser el primer paso para conocer con exactitud cómo se formó nuestro satélite natural.

Hasta el momento, la teoría más seguida sobre el origen de la Luna es la que asegura que
este satélite es el resultado del choque entre dos protoplanetas: la Tierra recién nacida y
Theia, una roca del tamaño de Marte. De aquella colisión, surgió una especie de polvo
espacial que, con el paso del tiempo, dio lugar a la Tierra y la Luna.

Las diferencias más significativas halladas en el estudio
Los investigadores de la Universidad de Nuevo México se han encargado de realizar
mediciones de alta precisión de los niveles de isótopos de oxígeno en un amplio rango de
muestras lunares. Ha sido precisamente en estas mediciones en donde han descubierto
diferencias de composición entre las rocas de la Tierra y las rocas de la Luna.

Uno de los hallazgos más sorprendentes recabado en estas mediciones es que las rocas
más profundas del manto lunar poseen más isótopos de oxígeno que las de la
superficie. Por tanto, se puede decir que estas muestras derivadas del manto lunar
profundo son más pesadas desde el punto de vista isotópico que las de la Tierra.

El estudio también desvela que las distintas composiciones de isótopos de oxígeno de
Theia y la Tierra no fueron completamente homogeneizadas por el impacto que creó la
Luna. Este dato no deja lugar a dudas a los investigadores de que Theia pudo haberse
formado más lejos del Sol que de la Tierra.

La colisión entre Theia y la Tierra
La colisión entre Theia y la Tierra recién nacida, según el nuevo estudio, dio lugar a un
satélite con una composición diferente a la de nuestro planeta. Durante los primeros mil
años después del impacto, los restos provocaron una lluvia de meteoritos que produjo la
aparición de los cráteres en la superficie lunar.

Las interacciones físicas y químicas entre esa lluvia y el océano de magma que cubría la
superficie son las que podrían haber llevado a una composición isotópica de oxígeno
diferente en las rocas lunares más profundas.

Este estudio supone, hasta el momento, la evidencia más sólida de que la Tierra y la Luna
podrían no tener la misma composición, algo que se ha venido defendiendo en las ultimas
décadas.