María Quevedo de la Peña, Directora de Tratamiento de la Fundación Recal nos habla de la labor que realizan en su centro, donde tratan todo tipo de adicciones y quieren acabar con el estigma que rodea a los enfermos.


Hay personas que no solo disfrutan con su trabajo sino que son capaces de transmitirnos su entusiasmo y mientras nos ayudan a entender que en la vida no todo es blanco o negro, sino que hay matices.

María es una de ellas, es directora de tratamiento de la Fundación Recal, donde se tratan todo tipo de adicciones y que ayudan no solo al enfermo si no también a sus familias a afrontar un problema por desgracia más común de lo que nos creemos.

“En 2005 yo era la directora de personal de la agencia de modelos Elite España. Entonces me llamó la persona que gestionaba la fundación, para ver si podía colaborar con ellos como psicóloga y la verdad es que me fascinó el proyecto.

Aliviar el sufrimiento

Pasé de un mundo en el que la apariencia lo era todo, a otro en donde eso no contaba, donde lo fundamental era ayudar a aliviar el sufrimiento humano. De repente me di cuenta de que aquí podía ser útil, de una forma real y efectiva y eso me tocó profundamente el corazón.

Con el tiempo fui asumiendo más responsabilidades, hasta que llegué hasta aquí.
Jamás me he arrepentido de la decisión que tomé. Y si alguien me pregunta dónde me veo dentro de 5 o 10 años le diría que aquí. No quiero estar en ningún otro sitio. Tengo el privilegio de trabajar en algo que da sentido a mi vida.

Es verdad que no soy de esas personas que solo viven para su trabajo, tengo mi familia, mis amigos, mis aficiones… pero reconozco que es una parte fundamental. Si solo existiera mi trabajo, creo que mi existencia estaría justificada, porque en el pequeñísimo ámbito en el que yo puedo ejercer mi influencia, ayudamos a la gente a aliviar su sufrimiento y eso me parece un regalo, un lujo.

Pero a veces nuestro trabajo es también muy difícil: la gente muere y recae, y ves muchas desgracias. Nosotros, mi maravilloso equipo y yo, siempre decimos lo mismo, ni cuando las cosas salen bien ni cuando salen mal nos atribuimos el resultado. Nuestra labor es hacer las cosas de la mejor forma posible y en eso trabajamos por la excelencia, tanto con los pacientes como con sus familias.

Al principio la sede era un piso muy pequeño en Pozuelo de Alarcón y era todo muy humilde, sin pretensiones. Nos encargábamos de ayudar a gente de la calle, que no tenía recursos y poco a poco y con esfuerzo hemos ido creciendo y ya somos un equipo de 30 personas.

Una enfermedad familiar

A lo largo del tiempo, quienes se han quedado trabajando aquí no solo son los mejores profesionales, que también, sino gente realmente vocacional, a la que de verdad le importa lo que hace.

Por cada adicto hay una media de tres o cuatro personas que sufren por él. Y nosotros también ayudamos a las familias.

Porque para nosotros esto es una enfermedad familiar. Y el mensaje que les damos es muy claro: si él o ella quiere recuperarse lo acompañáis, pero si se quiere destruir tal vez tenga que seguir ese camino solo.

Es duro decirle eso a una madre, por ejemplo, pero lo hacemos con claridad. Y ellas en el fondo de su corazón lo saben; si el adicto tiene alguna posibilidad no es tapándole o ayudándole en el consumo, o siendo sus cómplices de alguna manera, hay que ponerles las cosas difíciles para que toquen fondo.

Nosotros seguimos el Modelo Minnesota. Aquí en España, en tema de adicciones estamos muy retrasados, pero en Estados Unidos y Gran Bretaña sobre todo, llevan mucho tiempo haciéndolo y muy bien. Y este modelo es de una eficacia tremenda, porque el tratamiento es el mismo sistema que el de Alcohólicos Anónimos pero profesionalizado.

Hay que entender que esta es una enfermedad crónica, no se cura, pero se puede detener, y necesita un mantenimiento como la necesita la diabetes, por ejemplo. Y aquí ese mantenimiento lo hacen los grupos de ayuda mutua.

Las adicciones más comunes hoy en día en la fundación siguen siendo el alcohol y la cocaína y ahora hay muchísimas benzodiacepinas, que son tranquilizantes, drogas legales de prescripción médica y que enganchan muy rápido. Pero también tratamos adicciones a comportamientos: el juego, las compras, las teconologías, el sexo… que crean también una gran dependencia.