Una mujer valiente, que huye de las etiquetas y que ha hecho del positivismo y la aceptación su razón de ser. Entrevistamos a Irene Villa.


La conocimos el 17 de octubre de 1991, un mes antes de su 13 cumpleaños, cuando una bomba de ETA hizo saltar por los aires el coche en el que iba con su madre y destrozó su cuerpo.

En ese atentado, Irene Villa perdió las dos piernas y tres dedos de una mano; su madre, María Jesús, una pierna y un brazo… Y pese a la brutalidad de todo lo que vivió, Irene nunca perdió la sonrisa.

Hoy, a sus 42 años recién cumplidos, sigue sorprendiéndonos con su fortaleza y optimismo. Si hablamos de mujeres valientes, ella está en los primeros puestos de nuestra lista.

Ahora publica un nuevo libro, Los ochomiles de la vida (ed. Espasa), donde habla de los retos a los que se ha enfrentado y superado y donde demuestra que la vida, como la montaña, es cuestión de superación y arrojo.

Irene villa¿Cómo se enfrenta una niña a lo que tú viviste? ¿Cómo se puede seguir adelante?

Todo se lo debo a mi madre, que lo tuvo clarísimo. Me dijo: “Hija, esto es lo que hay. ¿Qué prefieres? ¿Sufrir y maldecir o decidir que has nacido otra vez, pero sin piernas?”. Y yo dije, “He nacido sin piernas”. La vida me dio otra oportunidad y diferente.

La aceptación es fundamental en este tipo de casos. Tuve una psiquiatra que le dijo a mi padre: “A esta niña no le preocupa lo que ha pasado, solo le importa aprobar el curso”. Yo intentaba positivizar enfocarme en las cosas que podía controlar, y me puse a trabajar en lo que tenía remedio, que era eso.

¿Es difícil perdonar?

Si no perdonas, el que sufres eres tú. El perdón no cambia el pasado, ni para eximir al otro y quitarle la culpa. El perdón sirve para liberarte tú. Por eso creo que se puede perdonar absolutamente todo.

Tu madre jugó un papel fundamental tras el atentado, ¿qué has aprendido de ella? ¿qué intentas inculcar a tus hijos?

A sonreír aunque tengas una herida y a contagiar energía positiva a todo el mundo. A ayudar, que es lo que hace mi madre, que viene cualquier persona con un problema y les ayuda a relativizar, a no dar tanta importancia a cosas que no la tienen, a vivir de una forma más práctica, más alegre, más entusiasta. Y es lo que le quiero contagiar a mis hijos. Quiero que sean niños felices.

irene villaEstudiaste Comunicación Audiovisual, Humanidades y Psicología. ¿Por qué?

Comunicación porque yo quería ser la voz de los que no tenían. En aquella época me tocó hablar de memoria, dignidad, justicia, de quienes habían visto sus derechos vulnerados o de los que habían sido asesinados de un balazo… La carrera duraba cuatro años y aún era muy joven, así que pensé: “Como todo el mundo me cuenta sus problemas y yo los intento solucionar, voy a estudiar Psicología, para tener una base más firme”. Y lo compaginé con Humanidades: si todos fuéramos humanistas, el mundo giraría mucho más sano, agradecido y feliz.

El deporte es fundamental en tu vida. ¿En qué momento se convirtió en una necesidad?

Creo que desde que entré en el equipo de la fundación de esquí adaptado. Poco a poco se abrió camino a las mujeres, para que pudieran competir y para mí eso ha sido maravilloso. Ahora hay jóvenes promesas, tenemos a la campeona de Europa en mi equipo, que tiene 16 años, Audrey Pascual, que sale en mi libro y otras que están dando mucho que hablar.

¿Cuándo decides ser coach?

Estudié un máster de Psicología positiva y los psicólogos decimos, sin ofender, que las herramientas del coaching han bebido del optimismo, de la resiliencia… herramientas con las que la Psicología positiva trabaja hace tiempo.

Uno de nuestros maestros es Víctor Franquet, que estuvo en un campo de exterminio nazi durante no sé cuánto tiempo y al que no consiguieron doblegar psicológicamente. Y eso era para hundirte, porque no hay mayor falta de libertad que un campo de concentración. Sin embargo él siguió sintiéndose libre gracias a todo eso.

irene villa¿Contar tu historia, es doloroso o sanador?

Cuando has superado algo así, no cuesta nada contar lo que tengas que contar. Pero, aunque en mis conferencias a lo mejor la gente piensa que hablo solo del atentado, la verdad es que de lo que hablo es de las herramientas que sirven para superar o aceptar cualquier desgracia que nos pase en la vida. Por eso también hablo del deporte, de cosas que sirven en las empresas… Yo me he formado en muchas cosas de esas y hablo de todo, de verdad.

¿Qué sientes cuando te dicen que eres un ejemplo o una inspiración para tanta gente?

Pues cuando era más joven alucinaba y me sonaba raro. Pero ahora, si el hecho de sonreír ante la adversidad y ser capaz de dar la vuelta a la tragedia sirve de referente a otros, pues bienvenido sea. Hace poco me escribió una chica y decía que quería dosis diaria de interiores como el mío. Me encantó esa frase.

Tienes la Fundación Irene Villa y ahora, tras separarte de tu marido, es tu hermana la que está al frente de ella, ¿no?

Lo está llevando con mucha ilusión, muchos proyectos y ganas. La verdad es que mi hermana siempre ha estado ahí. Nunca ha querido salir y como ella misma dice, “está en la sombra” y, ahora le toca dar la cara. Estoy muy ilusionada.

¿Crees que a veces boicoteamos nuestra felicidad?

Somos nuestros peores enemigos, todos llevamos una drama queen dentro y solo nosotros tenemos la capacidad de pararla. Porque en general, todos nos autoboicoteamos. Incluso yo. Por eso creo que estoy en la mejor época de mi vida. He relajado el perfeccionismo que tenía (y que me llevó a estudiar tres carreras, porque todo me parecía insuficiente).

Encima tenía que escuchar: “claro, como eres Irene Villa vas a encontrar trabajo”. Eso me sentaba fatal y me curraba el triple las cosas. Me ha costado mucho trabajo, pero no me arrepiento, porque todo esfuerzo siempre tiene su recompensa.

Tus hijos habrán vivido tu discapacidad con normalidad, pero ¿cómo vives tú la maternidad?

Ellos son mi mejor regalo. En mi libro explico que la vida me ha recompensado con tres hijos que son la alegría, la buena energía, el humor y el entusiasmo. A mí me encanta que se explayen y que sean espontáneos, abiertos y sociables. Reconozco que la maternidad es complicada y se sobrelleva fenomenal en equipo. En solitario lo veo más difícil. Tener un hijo tiene muchas complicaciones, pero también te dan la fuerza para todo lo que venga.

Si pudieras hablar con la niña que eras una semana antes del atentado ¿qué le habrías dicho?

¡Ostras! Pues le diría: ¡Espabila! En el sentido de lo que viene es gordo. Pero por otro lado, ¿para qué? Yo pienso realmente en si sirve de algo prevenir a alguien de lo que le va a suceder.

Siempre vivimos con el miedo a que nos pase algo y pido, por favor, que no vivamos con esa angustia. Lo que tenga pasar pasará, pero vivir con pánico es lo peor que podemos hacer. A mí en concreto, como me han pasado tantas cosas, ya no me asusta. Si pasa algo malo, se saluda y ya está.

¿Eres coqueta?

Sí, y me gusta cuidarme. Tampoco me va la vida en ello y no soy una esclava de nada, pero sí que me gusta maquillarme y peinarme. Mis amigas alucinan , porque soy de las que se levantan y en 10 minutos estoy arregladísima, incluso para esquiar.

Antes muerta que sencilla. Y también cuido la alimentación, porque necesito estar en forma. Ahora por ejemplo ceno poco, un yogur o unos kiwis y la verdad es que te levantas muy bien. Cuando pasas cierta edad, eso se agradece muchísimo.