Cuando se habla de la invención del teléfono, la mayoría recurrimos al científico e inventor
británico Alexander Graham Bell. Sin embargo, lo que muchos no saben es que en
realidad no fue él quien lo creó.


Bell tan solo se encargó de patentarlo por primera vez en 1876. Un aparato que había sido ya inventado 22 años antes.

La invención del teléfono se debe al italiano Antonio Meucci, un experto en el área de la
electrodinámica. Este inventor florentino creó en 1854 un aparato al que bautizó como
teletrófono con la intención de poder conectar su oficina con el dormitorio de la planta
superior de su casa.

De esta manera, podría hablar y comunicarse con su esposa que se hallaba postrada en cama a consecuencia de una enfermedad.

El teletrófono de Antonio Meucci
El teletrófono creado por Meucci se trataba en realidad de un dispositivo que podía
transmitir señales acústicas a distancia por medio de señales eléctricas. En uno de sus
múltiples experimentos, Meucci había colocado un electrodo conectado a un hilo de cobre
en la boca de una persona.

Cuando fue a conectar el aparato en otra sala, se percató de que podía escuchar los
gemidos y la respiración de esa persona. De esta forma, se dio cuenta que la voz se podía
propagar mediante impulsos eléctricos.

Aquel primer teléfono de Meucci era muy básico. Contaba con dos troncos de conos de
cartón, los cuales en su base llevaban un diafragma membranoso. Los conos se hallaban
unidos entre sí por un hilo de cobre. Un aparato que empleaba el principio de la resistencia
variable.

Graham Bell patenta el teléfono por solo 250 dólares
El problema de Meucci es que, por aquel entonces, no tenía dinero para patentar su
invento. Lo único que pudo realizar fueron una serie de presentaciones públicas, pero no
pudo obtener la financiación deseada. Los inversores no encontraron demasiado interés en
un telégrafo que hablara.

De ahí que su descubrimiento nunca fue reconocido y la gloria histórica se la llevara años
más tarde Graham Bell. El inventor escocés, por solo 250 dólares de la época, pudo lograr patentar el invento.

Meucci acudió varias veces a la justicia contra Graham Bell, pero nunca consiguió que su nombre apareciera como inventor del teléfono.

La historia narra múltiples disputas judiciales entre ambos, con la Oficina de Patentes
como telón de fondo. Sin embargo, todo concluyó con la muerte en 1889 de Meucci, quien
no pudo ver reconocido su talento. Bell se quedó con la fama y con los millones que le
granjeó patentar el invento.

Hay otras fuentes que aseguran que, en realidad, Meucci no quiso patentar su teléfono ya
que pensaba que no le iba a reportar tantos beneficios económicos como otros inventos. Lo
único que hizo fue registrarlo en 1871, renovando el registro años venideros, hasta que en
1876 lo patentó Graham Bell.

Afortunadamente, el Congreso Americano del año 2002, en su resolución 269, reconoció
que el inventor oficial del teléfono fue el italiano Antonio Meucci.