Luis fue primero el novio perfecto, y después se convirtió en el marido ideal. Era detallista, cariñoso, y estaba siempre pendiente de Clara. Pero en realidad era un hombre controlador y manipulador que llegó a anularla y a alejarla de los suyos.


Las señales estaban ahí desde el principio, pero yo no supe verlas. Cuando estás enamorada todo te parece maravilloso y a mí una de las cosas que más me gustaban de Luis era lo detallista que era: me iba a buscar a casa, me esperaba a la salida del trabajo, se preocupaba por conocer a todos mis amigos…

Y no solo mientras éramos novios, al casarnos siguió igual. Siempre se desvivía por mí y estaba tan atento a mis necesidades que era como si a veces me leyera el pensamiento.
Jamás gritaba, como mucho dejaba de hablarme un día o dos, pero en los cinco años que estuvimos casados no nos peleamos nunca.

La hora de la verdad

¿Cuándo me di cuenta de que las cosas no iban bien? Casi al final, la verdad. En mi trabajo me ofrecieron un ascenso y cuando se lo conté me contestó: “Genial, pero creo que deberías plantearte bajar un poco el ritmo, si vamos en serio con lo del bebé”.

¿Perdona? La verdad es que lo habíamos hablado (él más que yo), pero pensé que estaba claro que yo no iba a dejar mi trabajo aunque me quedase embarazada y se lo dije. “No hablemos del tema ahora, ya habrá tiempo”, respondió sin perder la sonrisa.

Tres semanas después, tomando algo con unos compañeros de trabajo, él apareció, como otras veces. Y cuando uno de los chicos bromeó con eso de que pronto sería su jefa, Luis añadió: “Bueno, yo no me preocuparía por eso…”

Entonces me di cuenta de que era verdad: él nunca se preocupaba, porque yo hacía siempre lo que él quería. Empecé a pensar en todas las veces que me había sorprendido yéndome a buscar al trabajo… a pesar de que le había dicho que ese día quedaba con alguna amiga para salir. O el tiempo que hacía que no usaba pantalones porque le encantaban mis piernas, o cuantos años llevaba sin cortarme el pelo porque le volvía loco mi melena.

Anulada como mujer

De repente abrí los ojos. Vi todas las veces que Luis se había salido con la suya utilizando ese tono condescendiente y hablándome como si fuera una niña pequeña incapaz de tomar mis propias decisiones. Y lo peor de todo es que lo creí, dejándolo todo en sus manos y en un momento dado me perdí… Era una profesional valorada en mi trabajo, pero en mi casa vivía anulada y todos lo sabían menos yo.

Cuando lo hablé con mi madre me respondió que había intentado decírmelo mil veces, pero que yo no escuchaba y mis hermanas dijeron exactamente lo mismo y me echaron en cara que me hubiera distanciado de ellas, algo de lo que no era consciente.
Y retomé las riendas de mi vida.

La primera decisión propia que tomé en años fue irme de casa. La segunda, separarme. La tercera, aceptar el ascenso, por supuesto.

relaciones

«mi madre condicionó mi relación con las mujeres»

Soy el pequeño de cinco hermanos y nací cuando mi madre tenía 46 años. Nadie contaba conmigo y menos ella; yo era su regalo inesperado como me ha recordado una y otra vez a lo largo de todos estos años. Yo la quiero, claro, pero a veces me desespera. Si haces lo que ella dice, genial, si no, juega la baza del chantaje emocional y me dice que la voy a matar a disgustos, que soy un hijo desnaturalizado, que no la llamo lo suficiente, con lo que ella se ha sacrificado por mí, que nadie me va a querer como ella me quiere…

Cuando era un adolescente me volvía loco con ese discurso y con 17 años, cuando mis amigos salían de marcha hasta la madrugada, ella me ponía horario, y tenía que estar a las 11 en casa…

Tardé años en salir en serio con ninguna chica, porque me aterraba el momento de presentársela a mi madre y que la chica saliera corriendo. Algo que, por cierto, pasó un par de veces.

Creo que por eso, de alguna manera, las mujeres con carácter fuerte me imponen y busco relaciones tranquilas, en las que todo fluya de manera natural y sin dramas. Me gustan las chicas dulces y cariñosas, pero por alguna razón al final las cosas tampoco funcionan con ellas.

«mi mejor amiga resultó ser mi peor enemiga»

Conocí a Elena el primer día de carrera. Nos sentamos juntas en clase, empezamos a hablar y nos hicimos inseparables. La verdad es que el carácter extrovertido de Elena casaba muy bien con el mío, que soy mucho más tímida. Y también más responsable, así que jamás dejé de ir a clase y me encargaba de coger apuntes y luego se los pasaba a ella si no iba a la facultad.

Algo que pasaba con bastante frecuencia porque Elena salía casi todas las noches, a veces conmigo aunque la mayoría con un grupo de amigos que, decía, no me iban a caer bien y por eso prefería no juntarnos.

Yo administraba muy bien el dinero que me pasaban mis padres; ella era todo lo contrario, cuando tenía dinero lo gastaba y era la más generosa del mundo. Y cuando no… me lo pedía a mí. Pero no me importaba, porque era mucho más importante su amistad que el dinero.

Cuando en el último año de carrera me enamoré, a la primera persona a quien se lo dije fue a ella. Me sorprendió porque me dijo que ese chico no me pegaba, que lo veía muy canalla para mí… Debía ser verdad, porque antes de acabar el curso estaban saliendo juntos, aunque yo no me enteré hasta meses después.