El reconocido chef nos cuenta por qué hace unos meses decidió dar un giro radical a su vida y abrir el restaurante Ovillo. Les invitamos a que tiren del hilo y descubran su bonita historia…


Su rostro se ha hecho muy mediático tras convertirse en el cocinero del programa Viva la Vida de Telecinco. Sin embargo, pocas personas conocen la historia que hay detrás de Javier Muñoz-Calero (42).

Él era socio fundador del grupo Azotea, que cuenta con conocidos locales en Madrid como la Azotea del Círculo de Bellas Artes, o NuBel, en el Museo Reina Sofía. Tenía prestigio, reconocimiento y una acomodada posición económica, pero no era feliz. Hace unos meses, Javier Muñoz-Calero (42) decidió cambiar de vida.

Así surgió Ovillo (www.ovillo.es), un nuevo concepto de restaurante en el que alrededor del 70 % de la plantilla está compuesta por jóvenes llegados a España sin referentes familiares o con dificultades sociales procedentes del programa Cocina Conciencia de la Fundación Raíces.

Cambio de rumbo

“Fui socio fundador de la Azotea grupo y me convertí en un chef ejecutivo, que es una palabra que odio. Era todo muy medido y pesado y un día me di cuenta de que no era feliz. Tenía un gran equipo, una supuesta calidad de vida, pero vivía pegado a un teléfono.

Comprendí que quería ayudar al ser humano, devolver un poco lo que me habían dado a mí. Yo soy disléxico desde niño en grado máximo, he salido adelante y quería dar la oportunidad a otras personas. Así es que decidí tirar todo por la borda y empezar desde cero montando un nuevo restaurante.

Ovillo es todo lo que llevo dentro, quería tirar de ese hilo, cocinar sin carta ni corsé y que el 70 % de mi equipo estuviera formado por chicos de exclusión sociolaboral sin referentes. La mayoría vinieron en pateras. Algunos ya habían trabajado conmigo porque llevo colaborando con la Fundación Raíces desde hace 11 años.

Y lo cierto es que he vivido cosas tan bonitas en estos 4 o 5 meses que hemos estado abiertos… Mamady, el primero de mis chicos, que vino huyendo en patera, pensaba que su familia estaba muerta, pero la encontró viva, se casó, se fue a Noruega y tuvo un bebé.

Cuando le llamé para que viniera a abrir el restaurante, lo dejó todo y se puso a enseñar a una joven gitana a poner cañas. Tras ayudarme con la apertura se iba a haber ido a Noruega y no ha podido por el coronavirus.

ovillo

La crisis del coronavirus

Esta crisis sanitaria nos ha pillado cuando estábamos arrancando. Yo, a principios de marzo, tomé las medidas de seguridad convenientes hasta el día 13 que tuvimos que cerrar.

Tras pensarlo mucho, decidí que lo mejor era despedir a todos, indemnizarlos y que cobraran el paro. Y ya estoy pensando en la vuelta y las medidas que se deban tomar. La pena es que si antes tenía 20 chicos igual tengo que empezar por la mitad, pero quiero que vuelvan todos.

Me costó mucho cerrar. Cuando se lo dije, se me saltaban las lágrimas. Te sientes responsable de qué van a vivir, aunque saben que tienen mi ayuda. Les he dicho que si les falta comida, les abro y pueden llevarse lo que quieran. Muchos viven en habitaciones muy pequeñas.

Una gran familia

Son chicos que vienen de familias desestructuradas, muchos se han jugado la vida viniendo en patera o debajo de un camión y les damos la oportunidad que nadie les ha dado. Son como mis hijos.

Alguno me llama papá… Desde que empecé a colaborar con Raíces, la mesa de mi casa del 24 de diciembre se llena de gente. Ellos te enseñan el valor de las cosas y oyendo sus dramas personales te das cuenta de que somos unos privilegiados.

Su afán de superación es increíble, agradecen la oportunidad que les das y te dicen que van a dar de comer a muchas bocas. Tengo mezclas curiosas, como marroquís que trabajan con saharauis, porque en mi casa cabe todo el mundo. Me da pena cuando dicen que estos chicos vienen a robar.

Yo tengo 3 hijos y, si les dejo en la calle, robarán para sobrevivir. Voy a luchar porque en Ovillo la gente tenga una vida personal y social, algo que es fundamental. Yo, aunque esté divorciado, siempre he tenido la suerte de poder recoger a mis hijos del colegio y disfrutar de ellos.

Alas para volar

Mi deseo es que se labren un futuro y que, si ellos quieren, puedan volver a sus países y trabajar en un gran hotel. Con una formación y sabiendo idiomas, puedes hacerlo en cualquier parte del mundo.

Esas son las mejores alas que te pueden ofrecer, a mí me las dio mi familia, pudiendo estudiar en Suiza, Francia y Tailandia. Por eso empecé a colaborar con Raíces, porque pensé que tenía mucho que ver conmigo y podía implicarme. Y es que yo creo más en crear una cantera que en hacer fichajes”.

Así, con esta frase futbolera, se despide Javier, que tiene una curiosa genealogía: “Mi abuelo materno era Vicente Calderón y el paterno, Armando Muñoz-Calero, era vicepresidente del Atlético de Madrid. Mi padre jugó en el Castilla, se hizo del Real Madrid y yo también, aunque mi corazón sea rojiblanco”. Lo dicho: sin corsés.