Un claro ejemplo de ello ha sido Sunny Shin, inmunóloga microbiana de la Facultad de Medicina Perelman de Pensilvania. Esta especialista ha tenido que sacrificar a más de 200 ratones, las tres cuartas partes de todos sus animales de investigación. Muchos de los roedores habían llegado de Europa y Asia y le había costado años obtenerlos y criarlos para estudiar cómo el sistema inmunitario responde a los invasores bacterianos.

La reacción de organismos para los derechos de los animales
La semana pasada, ante la posibilidad de una escasez extrema en el cuidado de los animales, las universidades de Estados Unidos pidieron a los laboratorios que hagan un cálculo de cuántos ratones necesitan en realidad para sus investigaciones con la intención de sacrificar al resto.

A medida que comenzaron a ser sacrificados miles de roedores, el grupo PETA de derechos para los animales atacó duramente la acción. Según este organismo, “los investigadores vuelven a tomar el camino más fácil y simplemente matan a sus animales, los cuales ya nunca deberían haber sido comprados y criados para su experimentación”.

Sin embargo, los principales responsables de los laboratorios aseguran que se necesitan muchos esfuerzos para garantizar tanto la seguridad de su personal como el bienestar de los animales que están bajo sus cuidados. Dada la posibilidad de que los trabajadores enfermen y se vean obligados a quedarse en casa, estos animales quedarían totalmente desabastecidos.

Universidades que aún no han tomado la medida
No obstante, hay universidades como las de Yale y John Hopkins que aún no han dado la orden a sus investigadores de sacrificar a los ratones. En cambio, sí han solicitado a sus científicos que estudien el número de animales con el que podrían quedarse. Una decisión que deben tomar en poco más de 48 horas.

Lo que en realidad se solicita a los investigadores es que comprueben uno por uno qué ratones deben sacrificar y cuáles son los que han de conservar. Un sacrificio que, en la mayoría de los casos, está afectando emocionalmente a los trabajadores de los laboratorios.

Según Hopi Hoekstra, bióloga evolutiva de la Universidad de Harvard, “cuando haces experimentos de comportamiento necesitas observar a estos animales durante horas y días. Nos preocupamos mucho por estos animales. El sacrificio masivo está resultado desgarrador”.