España se va desconfinando con todo lo que esto supone no sólo a nivel práctico, sino también emocional; abuelos separados de sus nietos, parejas jóvenes que acaban de comenzar su relación, adolescentes separados de sus amigos.


Y, sobre todo, la falta de libertad a la que estamos acostumbrados en un país en el que el carácter nos acompaña, además, a la hora de ser cercanos y espontáneos.

Según la psicóloga Pilar Conde, no parece haber pasado tanto tiempo bajo los efectos de la pandemia como para que el aislamiento y la pérdida colectiva haya podido cambiar el deseo de volver a pautas anteriores sociales y afectivas, pero sí habrá consecuencias particulares.

Aumentarán, explica, los casos de hipocondría, estrés postraumático, ansiedad, trastornos obsesivos compulsivos, depresión, miedo, y, por supuesto, temor al contagio.

Estos problemas que han brotado a consecuencia de los efectos del virus convivirán estas primeras semanas de desescalada con grandes expectativas de normalidad y de reencuentros en la población.

No cree  la directora técnica de Clínicas Origen, sin embargo, que vaya a producirse un desbordamiento emocional a consecuencia del reencuentro, sino que veremos convivir diferentes actitudes frente a las fases de desescalada.

De un lado, como siempre ocurre, observaremos con impotencia como algunas personas, a las que Conde identifica más con la conducta de jóvenes y adolescentes ajenos al temor y al contagio, se reunirán en grupo y sin mascarilla, obviando las recomendaciones básicas.

Del otro , las personas responsables, que saldrán cumpliendo todas las normas de horarios y distancia, convivirán con quienes decidan esperar en casa a que mejoren las estadísticas de contagios y fallecidos.

Un aspecto con el que las autoridades y las familias tendrán que lidiar en las próximas semanas será la frustración de quienes no vean pasar su lugar de residencia a la siguiente fase de desescalada.

La frustración y cierto  enfado ante la incertidumbre y las medidas, explica Conde, “son dos aspectos con los que estamos lidiando desde el inicio de la pandemia.

Por lo que será normal que tiendan a buscar culpables inicialmente y se quejen, pero acabaran aceptándolo y seguirán implicándose con su comunidad para continuar avanzando, dado que las emociones iniciales, aunque naturales, si se mantienen no construyen y aportan”.

La ansiedad, por otro lado, se apoderará poco a poco de quienes tengan sus familiares en otras provincias a las que todavía no puedan acceder. Esta situación, advierte la experta, pasará factura a nivel emocional, dada la importancia que el núcleo familiar tiene en la sociedad española.

Sobre el control de las emociones en el reencuentro, la psicóloga explica que, dada la necesaria distancia a guardar y teniendo en cuenta nuestra expresividad, en este momento “vamos a tener que potenciar la parte verbal, expresar el afecto con palabras.

Dado que también la mascarilla va a ser una barrera que limite también la expresividad no verbal, los ojos seguirán siendo nuestros aliados. Es  probable que en los primeros encuentros subamos  el tono para expresar nuestra alegría, lo cual es positivo para que genere impacto en la otra persona”.

A la larga, considera Conde, resistirán nuestros patrones afectivos en el  entorno social y familiar, que son sólidos. Es difícil , termina, que los españoles cambien su forma de ser y relacionarse una vez todo haya pasado, sobre todo en nuestro entorno más personal. De momento, a pesar del “verano distante”, se aprecian ya las ganas de diversión y alegría.