El estrés surge cuando aparecen situaciones a las que no estamos habituados y percibimos como problemáticas. Controlarlo es muy difícil, pero hay algunas claves que nos pueden ayudar a hacerlo.


Todas hemos utilizado alguna vez la expresión “¡estoy estresada!” cuando estamos agotadas o las circunstancias nos superan, pero, ¿qué es realmente el estrés y cuándo aparece? El estrés aparece cuando surgen situaciones a las que no estamos habituados y percibimos como problemáticas.

Nuestro cerebro activa el sistema nervioso simpático, lo que aumenta el ritmo cardiaco y respiratorio, la sangre pasa hacia los músculos para que dispongan de más oxígeno y el organismo se prepara para la lucha. En definitiva, el estrés se puede definir como la respuesta, tanto mental como física, que tenemos las personas para adaptarnos a los diversos acontecimientos que se presentan en nuestra vida.

Una de las situaciones que más nos estresa es la incertidumbre. La época de pandemia que vivimos es una fuente de angustia que no debemos dejar que nos sobrepase. Todos los consejos y herramientas para el manejo de la ansiedad son ahora más importantes que nunca.

¿Cuándo aparece?

En momentos de mucho trabajo pueden surgir la tensión y el estrés. El problema aparece cuando la tensión en nuestro organismo se desborda y supera nuestra capacidad de control.

Tener cierto grado de tensión suele mantenernos activos, con más energía, nos ayuda a aprovechar mejor el tiempo y a hacer más de lo que nos creemos capaces. Pero cuando se desborda y sobrecarga nuestro cuerpo y mente es cuando surge el peligro y empiezan a aparecer síntomas físicos, psíquicos y conductuales.

Existen acontecimientos en la vida a los que en algún momento tenemos que enfrentarnos, tanto negativos (enfermedades, problemas económicos, separaciones…) como positivos (nacimiento de un hijo, matrimonio…).

Estas situaciones en la mayor parte producen estrés. Hay ocasiones en las que el origen no es la situación, sino la percepción que hacemos de ella. Así, lo que estresa a uno, a otro le es indiferente.

¿A quiénes afecta?

Suele aparecer con más frecuencia en individuos que están insatisfechos con su vida, y no se atreven a cambiarla. Descubrir cuáles son nuestros sentimientos y saber qué estilo de vida queremos llevar son el primer paso para terminar con él. También es más frecuente en mujeres que en hombres.

Primeros síntomas

Las primeras señales del estrés suelen ser físicas. Las más comunes son respiración rápida y ritmo cardiaco acelerado, dolor de cabeza, insomnio, diarrea o estreñimiento, trastornos del apetito, erupciones cutáneas…

Las psíquicos son más difíciles de identificar y tardan algo más en aparecer: irritabilidad, inquietud, mala concentración, atención dispersa, disminución del rendimiento, problemas para relajarse, cansancio inexplicable…

¿A qué perjudica?

El estrés genera un aumento de la tensión arterial y una llegada de grasa a la sangre para que se convierta en energía (glucosa), pero si no se transforma con la actividad física se queda en forma de grasa (colesterol).

Esto favorece la ar-terioesclerosis y la obstrucción arterial. El estrés también perjudica al hipocampo y sus conexiones, con lo que se da una pérdida de la memoria reciente, y afecta a la amígdala, que genera miedo e irritabilidad.

También acentúa el envejecimiento celular. Las células trabajan para la renovación, reparación y creación de tejidos, pero con el estrés esto se ralentiza, se paraliza o incluso descompone tejidos en busca de fuentes de energía.

¿Cómo controlarlo?

La meditación, las técnicas de respiración, el yoga, el tai chi, el ejercicio moderado, practicar aficiones, la música o tener un talante positivo son buenas maneras de controlar el estrés.

Paz mental.

Tener paz mental también repercute en muchos sentidos de la vida, ya que hace afrontar con calma los problemas y ayuda a valorar lo que realmente es importante. Somos una combinación de cuerpo, mente y espíritu. Una irregularidad a nivel físico afecta el plano mental y del mismo modo, cualquier inquietud presente en la mente puede acabar pasando factura al cuerpo.

El yoga ayuda a reducir el nivel de cortisol (la hormona del estrés) y está demostrado que unos niveles de cortisol elevados pueden provocar cambios de humor, aumento de peso, presión arterial alta y problemas de sueño y digestivos.

Meditar cada día es una excelente opción para recuperar la vitalidad y la serenidad. Puedes hacerlo tú misma en casa: siéntate sobre un cojín, cruza las piernas, concéntrate en la postura y la respiración y deja fluir el pensamiento.

Deporte.

La práctica regular de alguna actividad física es un hábito que lo reduce, mantiene a raya los factores que lo causan y disminuye sus consecuencias negativas. Mientras mayor sea el grado de estrés, más se notarán los efectos beneficiosos del ejercicio, sobre todo cuando se practique al aire libre. Cualquier actividad física vale: nadar, pasear, montar en bici, tenis, bailes de salón…

La risa.

La risa mejora nuestro estado de ánimo, que habitualmente está estresado en la sociedad en que vivimos. Tradicionalmente se ha creído que sonreíamos porque estábamos felices; no obstante, numerosos estudios han demostrado que esta relación funciona de manera bidireccional. Es decir, si sonreímos es mucho más fácil que acabemos sintiéndonos felices.

Masajes.

Los masajes consiguen liberar las tensiones acumuladas, eliminando también la ansiedad y la angustia que aparece con el estrés. El más tradicional es el quiromasaje, pero existen
otros tipos, como el shiatsu, masaje japonés que trabaja sobre los puntos de acupuntura.