¿Has pensado cómo dividir el tiempo de vacaciones entre la gente que quieres? ¿Estás valorando pasarlas con tu familia? ¿O prefieres la opción de irte con un grupo de amigos? ¿Quizás escaparte con tu pareja? ¿O te apetece irte sola? ASESORA: Paz Calap. autora del libro quiero paz, Coach y Experta en mindfulness.


Decidas lo que decidas, las vacaciones son para disfrutar. Y por eso, debes ir analizando las ventajas de cada opción y decidiendo, antes de irte, disfrutar del momento con serenidad y alegría. Es lo único que se te exige en vacaciones, que lo pases bien.

En familia… ¿todos a una?

La familia es un equipo de personas que conviven cada día, con vínculos consanguíneos o no, y las vacaciones son un gran momento para relajarse, conversar, vivir nuevas experiencias.

Antes de salir de vacaciones hay que negociar lo que cada uno quiere hacer, sin imposiciones, simplemente poniendo encima de la mesa las posibilidades y eligiendo el mejor destino. Si tienes niños pequeños haz que el viaje sea cómodo y adaptado a ellos, que no sea un sacrificio para ningún miembro de la familia, tenga la edad que tenga.

Hay que ver qué miembros de la familia se llevan mejor y cuales peor, para fomentar lazo y evitar conflictos. El reto es disfrutar del momento con alegría y volver a la rutina con energía renovada tras un cambio de aires.

Aprovecha para dejar las normas a un lado, para ser más flexible y que tu papel de madre, educadora, profesora, cocinera o el que normalmente tengas en tu día a día, pase a un segundo plano. Tómate un respiro y muestra la mejor versión de ti misma. Eres una más del equipo y simplemente se te pide disfrutar de ese momento, sin más.

Sé ejemplo de amor por tu pareja para tus hijos y que ese amor se expanda y multiplique alrededor de toda la familia. Cuanto más relajada estés, más divertido y auténtico será todo.

Los beneficios de irse en familia

Irnos con nuestros familiares de vacaciones es una gran oportunidad para: Convivir con las personas que más nos quieren y tener una relación más estrecha con ellos. No les juzgues, no te compares con ellos, no critiques su comportamiento, solo disfruta de cada momento tal y como es, sabiendo que es una gran oportunidad para salir de la rutina y conocer a tus familiares de otra manera, sin prisas.

Intenta mantener conversaciones agradables pendientes, recordar el pasado, los momentos divertidos… Es una buena ocasión para aprender de ellos y rememorar historias familiares.

Es una prueba perfecta para desarrollar tu paciencia, para ser más flexible y saber adaptarte a situaciones que no has vivido antes con ellos. Tómalo como un reto maravilloso y siéntete agradecido por cada momento que es perfecto y maravilloso tal y como es. Y recuerda que ellos seguramente también están siendo flexibles contigo.

Vive la experiencia con alegría, no te quejes si algo de lo que se propone lo harías diferente. Simplemente da tu opinión con cariño sabiendo que ellos están dando lo mejor de sí mismos. Busca la oportunidad en cada momento disfrutando simplemente de estar junto a ellos.

Es una oprtunidad para gastar menos. Ten en cuenta que compartir gastos entre todos o compartir la misma casa os permitirá ahorrar un poco.

¿Y si vas sola?

Para muchas viajeras solitarias, cada viaje es una aventura en la que siempre te sentirás acompañada. Lejos de parecer “raro”, irse sola de viaje es una opción más a valorar. Piensa en hacerlo, al menos, una vez en tu vida. No te pierdas esta experiencia que tiene muchas ventajas como:

Cambiar tus creencias. Si ahora mismo, conforme lees este artículo, estás pensando que tú nunca irías sola de viaje, hazlo. Rompe con ese prejuicio limitador que tienes en tu cabeza. Viajar sola no tiene por qué ser ni triste, ni aburrido ni peligroso, siempre que lo hagas convencida.

Es el momento de que lo hagas, de que trabajes esa creencia errónea que, probablemente y sin darte cuenta, te está limitando en otros campos de tu vida. Te darás cuenta de toda la gente maravillosa que hay en el mundo y en la que no reparas cuando vas acompañada. Valorarás cada gesto de las personas, cada palabra amable…

Escúchate a ti misma. Como has de preguntarte qué te apetece hacer, comer o sentir en cada momento, estarás estableciendo contigo misma un diálogo constante. Recuerda ser amable contigo y escuchar lo que realmente te apetece, sin precipitarte y dándote la oportunidad de cambiar de opinión si lo crees necesario.

Valora el silencio. Verás cuánto relaja y descansa estar en silencio, valora tus pensamientos y reflexiona sin interferencias.

¿Y si te vas con tus amigas?

Para sentir que vuelves a la adolescencia, nada mejor que irte con tus amigas de viaje. Date la oportunidad de conectarte con tu niña interior, de jugar, de decir tonterías con entusiasmo, de ir toda la tarde de compras, de “perder” el tiempo sin más. No lo estás perdiendo, lo estás ganando, lo estás exprimiendo, lo estás disfrutando.

Solo ten en cuenta una norma: da lo mejor de ti en cada momento. Tu niña interior quiere que la cuides, que la mimes, que le hagas caso y que te diviertas con tus amigas del mismo modo que lo hacías cuando eras niña.

En pareja

Aprovecha para escaparte unos días con tu pareja y hacer que el tiempo se pare. No hay prisa, no hay niños, no hay horarios que cumplir ni compromisos. El único objetivo es hacer del viaje una gran oportunidad para volver más unidos que nunca. La pareja requiere tiempo de calidad, salir de la rutina, reírse, abrazarse, amarse.

Es momento de hacer borrón y cuenta y de olvidar tiranteces del día a día y también para conoceros más.

No trates de adivinar lo que quiere tu pareja, simplemente escúchale y descubre su interior, con curiosidad, igual que si os acabarais de conocer. Una pareja nunca se conoce del todo y es un momento mágico para atenderos el uno al otro, cuidaros y deciros lo importantes que sois. Es hora de cultivar vuestro amor.