Muchos padres mantienen con sus hijos un continuo tira y afloja sobre el excesivo número de horas que dedican a diario a los móviles y consolas. Algunos incluso se plantean que sus hijos hayan podido caer en una adicción y manifiestan su preocupación sobre cómo encauzar un tema que desconocen, sin olvidar que comienzan un nuevo curso que se puede ver afectado.

Según el Ministerio de Sanidad, el 18 % de los adolescentes entre 14 y 18 años hace un uso abusivo de las tecnologías. Esto ha provocado que en la Estrategia Nacional de Adicciones se hayan incluido medidas para frenar el uso abusivo de las pantallas.

Muchas veces los propios adultos no predicamos con el ejemplo consultando constantemente nuestro correo electrónico o WhatsApp y se nos plantean muchas dudas sobre cómo educar a nuestros hijos, nativos digitales, para quienes los móviles son su forma de relacionarse.

¿Debemos prohibirles su uso aunque eso suponga que los aislemos? ¿Son positivas las pantallas para su desarrollo? ¿Dónde están los límites? ¿Cuándo se convierte en un problema?

Para responder a estas preguntas, nos hemos puesto en contacto con Domingo Malmierca, adjunto a la dirección general de la Fundación Aprender a Mirar, que defiende el derecho de los menores en el mundo audiovisual. Él nos ofrece las claves para aprovecharnos de los beneficios y evitar peligros.

Uso racional del teléfono móvil

“Las pantallas son fruto de nuestra sociedad y un beneficio enorme en comunicación, ocio y educación, pero hay que saber usarlas para evitar riesgos. Lo más importante es formarse para su buen uso”.

¿Cuánto tiempo debería utilizarse?

“¿Queréis una fórmula mágica para que vuestros hijos jamás sean adictos a las pantallas? El problema es el exceso de tiempo, porque afecta al cerebro y nos lo quita para otras cosas. Si un niño juega 20 o 30 minutos al día, no pasa nada. Lo malo empieza cuando son cuatro horas el sábado, cinco el domingo… No es algo que surja de un día para otro, hay que echar muchas horas”.

Prohibido a menores de 4 años

“Los menores de 4 años no deben usar pantallas porque es la edad en la que el cerebro aprende más y hay que controlarlo”.

La Fundación Aprender a Mirar, que trabaja bajo el protectorado del Ministerio de Educación, proviene de las antiguas asociaciones de consumidores audiovisuales que velaban por los horarios y contenidos de la programación infantil.

“El equipo lo formamos productores de tele, médicos, psiquiatras, psicólogos y orientadores, y nos piden asesoramiento. Tenemos más de 150 colegios asociados y recibimos peticiones de la administración de formación”, cuenta Domingo.

¿Por qué son adictivas?

Pero para entender bien el problema, hay saber qué tienen las pantallas de los teléfonos para atraparnos. “Lo primero que los padres deben tener claro es que las pantallas afectan al cerebro. Puede dar miedo oírlo, pero el azúcar también lo hace. Cuando nos ponemos delante de una, se dispara la dopamina, una hormona que nos dice que es placentero. ¿Y qué pasa si algo nos gusta? Que queremos repetir. Los padres deben saberlo para dosificarlo”, asegura Malmierca. La cuestión está en saber identificar si tu hijo tiene una adicción.

Permanece alerta

Hay señales de alarma: si se vuelve agresivo cuando lleva rato sin jugar o chatear, no controla el uso, cambia de hábitos en la comida, duerme menos, miente para jugar, se aísla, no hace sus deberes y muestra reacciones exageradas, podría padecer una adicción.

Llegados a este punto, lo mejor es abordar el problema con un terapeuta y realizar talleres que nos ayuden a modificar conductas. “La adicción a las pantallas no está reconocida como enfermedad, pero sí lo está que provoca trastornos del comportamiento.

El Plan Nacional sobre Drogas nos ha encargado un portal para evitar las tecnoadicciones y estamos trabajando en decálogos para luchar contra ellas”, afirma Domingo. Además, para asesorar a los padres en este buen uso, la fundación, en colaboración con la Comunidad de Madrid, ha publicado unas guías gratuitas: Aprender a convivir con pantallas y Pasos para evitar la adicción a los videojuegos. Malmierca añade unas las cifras preocupantes.

Los chicos

“Es más frecuente su dependencia a los videojuegos. En España, un 1% puede llegar a ser trastorno grave”.

Las chicas

“Suelen ser más dependientes de las redes sociales y estaríamos en un 1 o 1’5 % con trastorno grave”.

La mejor terapia: el sol

“En nuestro país no hay tanto hospitalizado porque tenemos sol y la gente sale a la calle, que es una de las terapias más importantes. Pero el número de adictos crece y hay que preocuparse”.