Ser padres es una de las tareas más difíciles que hay. No existe un manual que diga cómo educar a los hijos para que sean adultos con éxito, felices y equilibrados. Pero sí hay pautas que te ayudarán.


Aquello que nos decían las abuelas de que hay que ‘predicar con el ejemplo’, lejos de ser una frase hecha, es un mantra que esconde mucha sensatez de fondo. Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos, sin duda, es darles el ejemplo, ser nosotros los adultos que nos gustaría que fueran ellos.

Los padres nos convertimos, sin darnos cuenta en un modelo, un importantísimo referente para nuestros hijos en el que se van fijando a través de los años, casi sin darse cuenta.
Abraham Maslow, psiquiatra y psicólogo, habla en su obra sobre las necesidades básicas del ser humano.

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Estas necesidades deben ser cubiertas en la infancia o pubertad para que nuestros hijos puedan llegar a ser unos adultos emocionalmente sanos. ¿Cuáles son esas necesidades que ayudarán a forjar el carácter de nuestros hijos? Una pista: las tienes todas a mano y, sin duda, son un equipaje que deberá acompañarte toda la vida.

Qué debes dar a tu hijo

1- Afecto

Una de las necesidades más importantes del ser humano es sentirse amado y aceptado. El amor incondicional es el don más valioso que tenemos. Sentirnos amados nos da valor. Hace que tengamos la confianza en nosotros necesaria para que nos mostremos tal como somos, sin miedo a ser rechazados. Sentirnos apoyados por nuestros padres en nuestras decisiones es el impulso que necesitamos para convertirnos en unos adultos sanos y equilibrados, reflexivos y tranquilos.

2- Reconocimiento

Ser reconocido y valorado por nuestros logros, metas, aciertos (y desaciertos), es otra de nuestras necesidades básicas e importantes. Que nuestros padres nos reconozcan nuestros pequeños y grandes logros nos ayuda a reafirmar la personalidad y nos permite crecer como seres individuales.

Qué nos reafirmen nos ayuda a sentir que vamos por buen camino y que estamos haciendo lo correcto, nos da seguridad y valor personal, y este valor nos permite reconocer nuestros logros, alejándonos de la auto- exigencia y la perfección. Nos permite hacer las cosas lo mejor que podemos, aceptar errores y aciertos, y verlos como parte del proceso natural de la vida.

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3- Sentido de pertenencia

A nivel social, la pertenencia es la circunstancia de formar parte de un grupo, una comunidad u otro tipo de conjunto. Cuando hablamos de sentido de pertenencia, nos referimos al sentimiento de formar parte de un grupo en el que adquirimos modelos de referencia que influyen directamente en nuestra personalidad.

El que se sabe miembro de un grupo, está más predispuesto a cuidar todo lo que este representa porque tiene un significado importante, una filosofía de la que forma parte. El sentido de pertenencia tiene su origen en la familia ya que es el primer grupo al que pertenecemos.

Sentirnos parte del sistema familiar en el que nacimos y crecimos es básico para madurar sicológicamente, saber dónde pertenezco nos arraiga y nos da seguridad. El Dr. Maslow, incluso, que planteó la Teoría de la Pirámide de las Necesidades Humanas, colocaba la necesidad de pertenencia a un grupo como la segunda necesidad humana más importante, solo después de las necesidades fisiológicas.

4- Enseñarle a expresarse

Expresar nuestros pensamientos, emociones y sentimientos sin miedo a ser rechazados o juzgados es vital para construir relaciones auténticas basadas en la confianza. Cuando nos mostramos tal como somos sin miedo estamos creando un espacio de confianza donde el otro también puede expresarse sin miedo a ser juzgado o rechazado, permitiendo que la relación sea más sincera y autentica.

Para poder expresarnos libremente sin cortapisas y con sinceridad, es necesario no juzgar nuestras emociones como buenas o malas sino como algo natural que nos sucede a todos. Desarrollar y trabajar la inteligencia emocional desde niños nos ayuda a gestionar mejor nuestras propias emociones, de forma correcta, al aceptarlas sin miedo.

5- Seguridad

Sentirnos seguros y protegidos a pesar de que las cosas no vayan bien, es una de las necesidades más importantes del ser humano. Sentirnos a salvo nos da tranquilidad, muchas veces necesaria para afrontar problemas y contratiempos de forma reflexiva y correcta. Cuando nos sentimos en peligro tenemos la necesidad de controlarlo todo, creando desconfianza en la vida y en nosotros mismos.

Dar y recibir amor hace que el ser humano se sienta confiado y seguro

El miedo a lo que está por venir puede paralizar nuestra creatividad, provocar angustia, nerviosismo y ansiedad, haciendo que nos quedemos en nuestra zona de confort. Cuando tus hijos sienten miedo, es probable que se paralicen y que no sepan gestionarlo. Es necesario enseñarles a manejar ese sentimiento, manteniendo la calma para que no limite sus posibilidades de actuación. Y, una vez más, verte a ti tranquila, será la mejor ayuda.

¿Y si ellos no se dejan enseñar?

A medida que van madurando, los adolescentes empiezan a pensar de un modo más abstracto y racional. Se están formando su propio código ético, su propia escala de valores.
De repente, empiezan a autoafirmarse (y a afirmar sus opiniones) con fuerza y cuestionar el control paterno.

Ponte en su lugar. Es normal que se sienta mayor y con capacidad para hacer cosas. Déjale. Si te necesita, te pedirá ayuda.

Confiésale tu preocupación. Hazle entender que él es lo que más quieres y que protegerle es un acto reflejo natural.

Déjale decidir. Intenta explicarle cuál es la mejor opción, pero déjale aprender.