En la adolescencia, tus hijos viven una revolución de sentimientos difíciles de gestionar. Te proponemos 7 sencillos ejercicios para ayudarles a conseguirlo y crear un clima familiar de empatía.


Todos recordamos la adolescencia como una época complicada en la que nos encontrábamos en una continua montaña rusa de emociones. Sin embargo, a pesar de haberlo vivido, en muchos momentos nos cuesta entender a nuestros hijos y ayudarles a encauzar ese torrente de emociones.

Y es que identificarlas, expresarlas y gestionarlas no es tarea fácil. Hay jóvenes muy pasionales que muestran sus frustraciones y enfados de una forma desmedida y para quienes aprender a controlarse es todo un desafío. Pero también está el extremo contrario: aquellos que no son capaces de manifestar lo que sienten.

Todo es cuestión de tiempo, paciencia y práctica para desarrollar la destreza de gestionar los sentimientos, algo que para los padres de hoy en día tiene mucha importancia a nivel educativo. Lo primero que hay que enseñarles es que las emociones no son ni buenas ni malas.

No hay que juzgarlas, solo sentirlas, para después identificarlas como cómodas o incómodas. Para ayudar a los padres en esta labor de fomentar la inteligencia emocional de sus hijos adolescentes, Youthcamp, grupo de profesionales orientados al desarrollo de las habilidades personales y de liderazgo de los adolescentes, propone siete prácticas actividades.

7 consejos que te ayudarán

1- Clasifica las emociones

Escribe cinco emociones básicas en unas notas adhesivas o tarjetas y palabras que pudieran identificarse con situaciones. Después, habla con tu hijo sobre cada emoción y dónde podrían encajar cada una de esas palabras en la categoría de situaciones.

2- Pregunta y reflexiona junto a tu hijo

Busca un momento de tranquilidad para charlar con tu hijo y responder algunas de las siguientes preguntas: ¿cómo afecta mi estado de ánimo a mis pensamientos y toma de decisiones?; ¿cómo definiría mi forma de comunicarme y su efecto en los demás?; ¿qué rasgos de los otros me molestan y por qué?; ¿me cuesta admitir que estoy equivocado y por qué?; ¿cuáles son mis puntos fuertes y débiles? Debes pensar muy bien las respuestas para hacer comprender a tu hijo sus emociones.

3- Usa vocabulario emocional

Al igual que hace tu médico cuando vas a su consulta y te pide que describas el dolor que sientes para diagnosticarte debidamente, pide a tu hijo que utilice palabras evidentes como agudo, dolorido o sensible, entre otras, para describir sus sentimientos. Cuanto más claro sea, más fácil será llegar a su causa y lidiar mejor con ellos.

Un buen momento para hacerlo es cuando tenga una fuerte reacción emocional tras un enfado o un disgusto. Tómate tu tiempo para analizar con él la situación y que te cuente no solo lo que siente, sino también el motivo. Hay que tratar que convierta en palabras sus sentimientos. Una vez hecho esto, determina junto a él lo que quiere hacer sobre esa situación.

4- Ayúdale a tomarse sus tiempos

Intenta que tu hijo entienda que, si siente que está empezando a responder emocionalmente a una situación, debe tomarse una pausa. Si es posible, incluso, dile que se vaya a dar un paseo. Una vez que se haya calmado, anímale a decidir qué es lo que quiere hacer.

5- Pon en práctica el truco de los 3 segundos

Si eres de los que habitualmente contestan rápidamente a cualquier pregunta, estás aceptando compromisos sin pensar y también puedes decir cosas que luego lamentarás. Para prevenirlo, practica con tu hijo estas tres preguntas rápidas antes de contestar: ¿es necesario decir esto?; ¿es necesario que lo diga yo?; ¿necesito decir esto ahora?

Por contra, si tu hijo es introvertido y suele sentir que desearía haberse expresado en lugar de quedarse callado, ayúdalo a preguntarse: ¿me arrepentiré de no hablar más tarde?
Si previamente te haces las preguntas correctas, puedes evitar arrepentimientos.

6- Enséñale a decir no

Está muy bien que tu hijo sea una persona amable y servicial, pero también debe saber poner sus límites y forjar su personalidad. Para ello, ponle ejemplos de situaciones en las que, si siempre responde sí, puede estar eligiendo el camino del agotamiento y, además, sentirse mal consigo mismo. Debe entender que, cada vez que acepta algo que no quiere, en realidad, está diciendo que no a las cosas que sí quiere.

7- Convierte las críticas en comentarios constructivos

Una de las cosas que más nos cuesta aceptar a todos son las críticas, ya que muchas veces nos las tomamos como algo personal. Un buen ejercicio es enseñar a tu hijo a responder a estas dos preguntas, dejando de lado los sentimientos personales: ¿qué puedo aprender de esta opinión diferente a la mía?; ¿cómo puedo aplicar estos comentarios para ayudarme a mejorar? Y es que buena parte de las críticas están enraizadas en la verdad e, incluso, las que no lo están, nos ofrecen la oportunidad de ver la realidad desde la perspectiva de los demás.

Empezar desde que son pequeños

No hay que esperar a la adolescencia para educar a nuestro hijo emocionalmente. Lo ideal es hacerlo desde que nacen utilizando cuentos, ejemplos y ejercicios. Estos son los conceptos básicos que debéis trabajar.

– Deben aprender que no pueden tener todo lo que quieren y que sus actos tienen consecuencias. Así fomentaremos el autocontrol.

– Hay que animarles a que expresen sus sentimientos. Crearemos un clima de confianza positivo.

– Fomentar la empatía, es decir, ponerse en el lugar del otro, es básico para que aprendan a pactar y no sean egocéntricos.

– Es importante alimentar la automotivación para que entiendan los fracasos como oportunidades.