Llega el sol, las altas temperaturas y el sofocante calor, también a casa. Te damos algunos consejos para convertir tu hogar en un refugio tranquilo y fresco, al margen de la que esté cayendo fuera…


Bajar las persianas y cerrar ventanas durante el día y levantarlas por la noche para que entre el frescor, es un clásico. Pero más allá de ese tradicional truco, hay otros que te pueden ayudar a controlar las temperaturas del interior de la casa.

Aquí van algunos de ellos para que tomes nota y para que pongas el aire acondicionado lo justo, y así impidas que se dispare la factura de la luz.

Evita usar las fuentes de calor durante el día.

El horno, los fuegos de gas, la televisión, la plancha… Deja todo eso para la noche, cuando baja la temperatura.

Pon macetas con plantas en tus ventanas.

Al regarlas, la tierra húmeda hará las veces de pantalla salvacalor hacia el interior y contribuirá sobremanera a que las temperaturas del interior no suban demasiado. Las especies más adecuadas para paliar la concentración de calor son los helechos, las lenguas de tigre y las palmas y troncos del Brasil.

Duerme en sábanas de seda, algodón fino o lino.

Estos son los tejidos más frescos y que favorecen la transpiración de forma más efectiva. Y si pueden ser de colores claros, mejor. Un truco útil por si no consigues dormir debido al calor que sientes en la cama, es ponerlas a refrescar durante el día en la habitación más fresca y colocarlas al irte a dormir.

Humedece las cortinas.

Una idea muy efectiva que usan en los pueblos más calurosos de España es humedecer las cortinas cuando haya algo de corriente de aire para que, al entrar, la humedad en contacto con el aire que corra haga bajar un poco la temperatura.

Usa más la campana extractora.

Si cocinas, enciende la campana porque ayuda a expulsar el calor que se acumula de las placas. No solo elimina los olores y los humos, también el exceso de calor.

Cambia de bombillas.

Las luces LED, además de consumir mucho menos que las incandescentes, también generan mucho menos calor. Revisa las luminarias de tu casa y reemplaza las que todavía no hayas cambiado. Notarás la diferencia en el bolsillo y en la temperatura.

Ventiladores… con hielo.

Si pones un bol grande de cubitos de hielo delante de un buen ventilador de suelo, lograrás que la corriente de aire que se genera sea más fresca y ayude a que no se dispare el calor.

Pies fresquitos.

El calor (y el frío) en el cuerpo humano entran por los pies. Así que si notas que el calor te agobia, descálzate y mete lo pies en un cubo de agua bien fría, o date una ducha helada de rodillas para abajo. Además de notar un frescor inmediato, harás que tu circulación sanguínea fluya.

Comprueba que tu casa está bien aislada.

Tanto la energía calorífica en invierno como el frescor en verano, a veces se escapan por la ventana. Comprueba que todos los cerramientos están bien aislados: el 70% de las viviendas españolas tienen aislamientos deficientes.

Friega el suelo con agua fría.

Eso evitará que el calor suba hacia arriba y refrescará la casa.

Cómo elegir el toldo perfecto

Extiéndelos en las horas de más calor. Los más económicos están hechos de poliéster, pero los más eficaces son los acrílicos, que filtran el 80% de los rayos UVA y resisten los desgarros, el viento y la humedad.

Los microperforados filtran el 94% de los rayos UVA y permiten una mejor ventilación y dejan circular el aire caliente que se acumula en la tela. Un buen toldo puede reducir hasta en 8 grados la temperatura interior. También el color tiene su importancia: los oscuros neutralizan mucho mejor los rayos del sol.