Las madres y abuelas son las mayores expertas a la hora de estirar un presupuesto limitado en época de crisis. Este es el decálogo infalible para ahorrar tiempo y dinero.


Ya está casi todo inventado y no hay que recurrir a expertos economistas o a complicados algoritmos a la hora de reducir la factura de la compra o los gastos en la cocina. Solo un poco de sentido común y recurrir a los trucos tradicionales.

Los mismos que utilizaron en el pasado nuestras madres y nuestras abuelas. Ellas sí que sabían estirar un presupuesto ajustado… Pues esos tips siguen aún vigentes hoy en día. Y lo mejor es que no solo ahorraremos dinero; también tiempo, algo de lo que siempre vamos escasas.

1- Planifica.

Hay algunas preparaciones básicas que te servirán de base para cualquier plato más adelante. Por ejemplo, lava, trocea y congela cebolla y pimiento; haz caldo de pollo y congélalo en botes de cristal, fiambreras o bolsas herméticas; prepara salsa de tomate frito y guárdalo en pequeñas raciones…

2- Revisa tu despensa.

Intenta darle un repaso una vez a la semana. Coloca delante los alimentos que se tienen que gastar antes y al fondo los más nuevos. Ordena las estanterías por grupos de alimentos y así te será más fácil encontrar todo y controlar qué tienes y qué te falta. Reserva un lugar oscuro, seco y ventilado para los ajos, las cebollas y las patatas, pero ojo, separados entre sí.

3- Ojo con el frigorífico.

Tenerlo ordenado es también importante. Y cada cosa en su sitio. Recuerda sacar la fruta de sus bolsas de plástico, para que las piezas respiren y aguanten más. Y la carne mejor en un recipiente con rejilla. Y no abras y cierres la puerta a lo loco. Cada vez que lo haces pierdes energía y sube la factura de la luz.

4- Cocina de temporada.

Hay que utilizar el sentido común a la hora de hacer la compra. Y sí, esas cerezas pueden parecer deliciosas, pero si estamos en invierno, sabemos que el capricho de comprarlas nos va a costar demasiado. Opta por productos de temporada, que son los más económicos y apuesta por legumbres secas (lentejas, garbanzos…) que son sanas y baratas.

5- Aprovecha las verduras.

Muchas veces tiramos partes de las verduras que nos sirven perfectamente. Por ejemplo, los troncos de las alcachofas si los pelas bien y los hierves son muy ricos; con las hojas exteriores del brócoli y la coliflor puedes preparar caldo y si te sobran verduras haz crema y guárdala en recipientes individuales.

6- El pan que sobra.

Si añades ajo, aceite y vino blanco, con el pan que nos ha sobrado nos saldrá una riquísima sopa, unas migas o unas torrijas. Y si no, siempre puedes rallarlo y utilizarlo para empanar. O freirlo como picatostes para añadirlos luego a alguna crema.

7- Perejil siempre a mano.

Una opción es tener en la cocina una maceta con perejil (albahaca, tomillo…), pero si no puedes, te damos un truco para aprovechar el que compras en manojos o te dan en la frutería. Si ves que ya amarillea, pícalo, ponlo en una cubitera y cúbrelo con aceite. Después congélalo y cuando lo necesites solo tienes que ponerlo directamente en la sartén o la olla. Eso te vale para cualquier hierba aromática.

8- No derroches agua.

A la hora de lavar los platos, es mejor si los enjabonas todos de una sola vez y después los enjuagas juntos, así evitarás tener el grifo abierto sin utilizar el agua. Si usas lavavajillas, asegúrate de llenarlo. Si lo pones a media carga desperdiciarás un montón de litros de agua. Y cuando descongeles tus alimentos, procura hacerlo a temperatura ambiente, en lugar de bajo el chorro de agua. Igual que cuando laves tus vegetales, que sea en un recipiente, así utilizaras menos agua.

9- ¿Compra grande o pequeña?

Las típicas ofertas 3×2 no siempre funcionan, porque o bien no tenemos espacio en casa o acabamos comprando mucho de algo que no necesitamos solo porque nos sale más económica. Aquí es cuando debemos volver la vista a lo que hacían nuestras abuelas: Comprar poco y con frecuencia. Ellas iban todos los días al mercado del barrio a comprar solo lo que necesitaban y así es mucho más fácil evitar que se nos estropeen cosas. Si no puedes, el congelador puede ser un buen aliado para mantener lo comprado.

10 Un clásico, las croquetas.

Para acabar esta lista, no podía faltar en nuestro decálogo todo un clásico: las croquetas. Son el ahorro llevado a su expresión más deliciosa. Una manera fácil (aunque un poco laboriosa, si) de reciclar, gastronómicamente hablando, todo lo que queramos: verdura, pescado, pollo, ternera, jamón… Pero el secreto está en la bechamel (un buen aceite de oliva, harina, leche, sal y nuez moscada) y en dejar reposar y enfriar bien la masa. Además, una vez hechas y pasadas por huevo y pan rallado se pueden llevar al congelador sin freír. De esta manera, las tendrás siempre a mano para aquellos casos de emergencia en los que no tengas tiempo para cocinar.

Cocina en orden… gastos a raya

Hay pequeños gestos que nos pueden ayudar con nuestra economía

Utensilios perfectos: Si mantienes las tijeras y los cuchillos bien afilados, así evitarás tener que comprar otros. Y si además limpias las sartenes y las cazuelas a fondo te durarán mucho más.

Larga vida a la nevera: Alarga la vida de tus electrodomésticos, como la campana, la lavadora, el lavavajillas, la neveras, el microondas… realizando también limpiezas profundas a menudo.

Calificación energética: Es mejor escoger siempre la máxima aunque cuesten un poco más, porque los amortizarás.