La musa del neorrealismo que se convirtió en ‘mami blue’. Matriarca de un gran clan. Primero en su casa de Somosaguas (Madrid) y en los últimos años en la de Brieva (Segovia), Lucía Bosé ejerció de matriarca de una gran familia, muchos de ellos herederos de su sensibilidad artística. Una madre de tres hijos y abuela de diez nietos nada convencional, aunque absolutamente excepcional hasta el final.


Tenía 89 años años, pero con su vitalidad y con ese pelo azul que lucía desde hacía más de 20 años, parecía vivir en una continua juventud. Pero Lucía Bosé nos dijo adiós el pasado 23 de marzo dejando tras de sí una vida plena, que disfrutó hasta el último de sus días en el pequeño pueblo segoviano de Brieva, donde residía desde hacía varios años.

Las nuevas generaciones conocerán a Lucía Bosé como la madre de Miguel Bosé, incluso como la abuela de la fallecida Bimba Bosé o del actor Nicolás Coronado, pero hubo una época en la que fue una de las personalidades más relevantes de nuestro país, y una de las mejores y más famosas actrices de su generación.

Siempre fue una mujer libre, adelantada a los tiempos que le tocaron vivir y una “rara avis” en la España de los años cincuenta, en la que se instaló cuando se enamoró de Luis Miguel Domínguín, “el torero”, como ella le llamó hasta el final de sus días y padre de sus tres hijos: Miguel, Lucía y Paola.

Lucía era una dependienta de 16 años de la pastelería Galli de Milán cuando fue descubierta por el gran director Luchino Visconti: “Tú eres un animal cinematográfico», aseguraba que le dijo el maestro del neorrealismo mientras ella le preparaba una caja de castañas confitadas.

Inicios en el cine

Comenzó entonces la nueva vida que convirtió a Lucía en toda una estrella, quien siempre reconoció la determinante influencia que Visconti tuvo en ella: “En aquel momento me pareció un loco. Fue como un hermano, un amante. Di a Visconti lo que he dado a pocos hombres, un amor verdadero”.

Ese mismo año, en 1947, también ganó el certamen de Miss Italia, con Gina Lollobrigida clasificada en tercer lugar. El concurso fue su pasaporte para el cine, donde muy pronto se convirtió en una de las musas del neorrealismo en su país natal para directores como Giuseppe de Santis, Michelangelo Antonioni, y el propio Visconti.

Pero el momento clave llegó en 1955 cuando protagonizó tres de los grandes éxitos de su carrera: Gli Sbandati, de Francesco Maselli; Así es la aurora, a las órdenes de Luis Buñuel, pero especialmente Muerte de un ciclista, dirigida por Juan Antonio Bardem, que cambiaría su vida para siempre.

Fue durante su estancia en España para el rodaje de la película cuando conoció a Luis Miguel Dominguín, el torero más grande de su época. Un fenómeno dentro de los ruedos, pero también un conquistador incansable cuyas dotes de seducción llegaron a Hollywood protagonizando romances con Ava Gardner, Rita Hayworth o Lana Turner.
lucía boséEntre Lucía Bose y Luis Miguel Dominguín se produjo un auténtico flechazo, un amor apasionado que comenzó sin que ninguno de los dos hablara el idioma del otro… Pero la pasión sabe sortear esos inconvenientes y muchos más.

Se casaron el 1 de marzo de 1955 por lo civil en Las Vegas, y ante el escándalo que esa ceremonia supuso en la España de entonces, repitieron boda por la iglesia el 16 de octubre, cuando ya estaba embarazada de Miguel.

Lucia dejó aparcada entonces su carrera profesional y se dedicó por completo a su familia. Primero nació Miguel, el 3 de abril de 1956; después llegó Lucía, el 19 de agosto de 1957, y por último Paola, el, 5 de noviembre de 1960.

Círculo de amigos

Pero la vida familiar de Lucia era todo menos convencional. Su círculo lo formaban personalides de la talla del escritor Ernest Hemingway o el genio de la pintura Pablo Picasso, padrino de su hija Paola, con quien la pareja tenía una íntima amistad. También continuó manteniendo relación con su gente del cine y eligió a Luchino Visconti como padrino de su hijo Miguel.

Las amistades de la familia iban desde los intelectuales de izquierdas al general Franco, con quien los Dominguín-Bosé compartían cacerías, a pesar de que la actriz no se encontraba demasiado cómoda en ese ambiente, como reconocería años más tarde.

Con el matrimonio la vida de Lucía dio un giro radical. Ella, que ya era una estrella en Italia, se vio llevando en España una vida absolutamente controlada debido a los celos del torero, según se cuenta en su biografía, Fragmentos de Lucia Bosè, escrita por Roberto Liberatori, 2019: “A Lucía se le impuso que donde quiera que fuera, desde el peluquero («solo había uno considerado bueno en Gran Vía y se llamaba Eduard», recuerda la actriz) a cualquier otro lugar, debía estar acompañada por el chófer o por una tía de Dominguín que vivía con ellos.

Esa mujer parecía tener la única tarea de acompañar a la actriz durante los viajes. Pero Lucía ni siquiera podía conducir un automóvil en la ciudad o usar pantalones, porque los españoles de la época lo habrían visto como una marciana. «Para ser honesta, debo decir que todas estas limitaciones, al principio, las llevé mal. Y era normal porque yo, en Italia, había sido independiente desde los dieciocho años”, revela en una parte del libro.

Lucía Bosé

Fin del matrimonio

Pero lo que comenzó como una pasión desbordada terminó en separación en 1967 debido a unas personalidades tan dispares y a las distintas formas de ver la vida, pero, sobre todo, por las constantes infidelidades del torero. La última y la que provocó la ruptura fue la relación con su prima Mariví Dominguín.

Lucía nunca volvió a casarse y tampoco nunca le dio la nulidad matrimonial a Luis Miguel Dominguín cuando él quiso casarse por la iglesia con Rosario Primo de Rivera: “Renuncié a todo tipo de resentimiento hacia mi esposo. Y entre las muchas razones por las que lo perdoné estaba que yo conocía ese lado frágil de su personalidad que él nunca había manifestado.

A pesar de todo, lo que compartimos fueron años muy intensos, llenos de mil experiencias”, decía sobre el torero también en su libro de memorias.

Vuelta al cine

Tras la separación retomó su carrera profesional, llegando a trabajar a las órdenes de Federico Fellini. Tras una segunda retirada solo interpretó pequeños papeles en Crónica de una muerte anunciada, de Francesco Ros; Volevo i pantaloni, de Maurizio Ponzi; y El avaro, de Tonino Cervi.

Junto a sus tres hijos convirtió la casa de Somosaguas (a las afueras de Madrid) que hoy pertenece a Miguel Bosé en el cuartel general de su gran familia y amigos, con ella como capitana.

Lucía fue una gran “mamma italiana”, aunque a su manera: “No soy una madre perfecta, soy una madre muy particular. Ser artista y criar una familia es algo complicado”, afirmó.

Relación con Miguel

Fue con Miguel con quien mantuvo una relación más controvertida debido a la fuerte personalidad de ambos. Cuando el cantante comenzó su carrera no contó con la aprobación de su padre, pero sí con el apoyo de su madre.

Ella entendía perfectamente la sensibilidad artística de su hijo, aunque a lo largo de su vida hubo alguna etapa en la que estuvieron distanciados: “Puedo decir que Miguel fue mi creación. Le ayudé muchísimo, pero siempre desde la sombra. Yo le creé sus clubs de fans, le teñí las camisetas de colores, le conseguí las bambas, fui su enfermera… Pero los hijos deben volar solos, librarse de la madre y huir de su protección y sus consejos”.

En el año 2000 consiguió hacer realidad un sueño de su juventud, abrir el primer Museo de Ángeles del mundo en el pueblo segoviano de Turégano, pero tuvo que cerrarlo por dificultades económicas en 2007.

Últimos años

Lucía pasó los últimos años retirada en el pueblo segoviano de Brieva, donde recibía a su familia y sus amigos. Al final de su vida le tocó vivir el momento más duro con el fallecimiento a consecuencia del cáncer de su nieta mayor Bimba en 2017, con solo 41 años.

Con ella también tenía una relación muy especial. Y fue precisamente Bimba la culpable de esa característica imagen con la cual la recordaremos y que la convirtió en la “mami blue”: “La Bimba, ella me lo puso verde, amarillo, violeta… y un día me hizo azul y me gustó, así que me quedé con él”.

En la despedida, y entre los homenajes que amigos, admiradores y, cómo no, su propia familia, le han dedicado nada resume mejor el sentimiento que las palabras de su hijo Miguel: “Te llevamos dentro en el corazón querida mami blue”.