Cuando hablamos de carnes blancas nos referimos a la carne de pollo, de pavo, de conejo y algunas partes del cerdo. Su consumo es, generalmente, más saludable que el de las carnes rojas y contienen similar valor nutricional.


Carne de pollo

El pollo es la segunda carne más consumida en el mundo después de la de cerdo. Su versatilidad en la cocina y su precio económico contribuyen a que pueda llegar a todos.

El pollo posee un bajo contenido en grasa lo que la hace ideal para cualquier tipo de dieta. Tiene un valor calórico de 145 kilocalorías por una porción comestible de 100 gramos (con piel).

Según la Fundación Española de Nutrición en 100 gramos de pollo el 70,3% es agua, el 9,7% son lípidos o grasas y el 20% proteínas. Una de las ventajas de la carne de pollo es que la grasa es muy visible, por ello, si se retiran partes como la piel, el valor calórico de la pieza será menor. La pechuga es la que menos grasa contiene.

Su carne aporta vitaminas, destacando la B3 que es fundamental para el metabolismo de las grasas y azúcares en el cuerpo, y para mantener las células saludables. También contiene minerales como el magnesio, potasio, fósforo y zinc. Es baja en sodio, por lo que la pueden consumir los hipertensos.

Carne de pavo

Es una carne magra, con un 75% de agua en su composición, por lo que es bajo en caloría y tiene un alto poder saciante. La cantidad de grasa variará dependiendo de la parte que se ingiera, la pechuga es la que menos grasa aporta. La que más, la piel, aunque bastará con retirar antes de consumir.

También destaca por su bajo contenido en colesterol y por su aporte en minerales y en vitaminas, sobre todo las pertenecientes al grupo B. Es fuente de zinc, un mineral que aporta grandes beneficios a nuestro organismo.

Internamente ayuda a la formación de los huesos y al desarrollo de los sentidos del olfato, gusto y vista. Además, favorece la curación de cicatrices y previene el acné en adolescentes.

Carne de cerdo blanca

La carne del cerdo no siempre es roja, pues su clasificación cambia según la edad del animal, la alimentación que haya recibido y la pieza a degustar.

Las piezas más magras contienen un 18% de grasa, las medianamente grasas un 30% y un 50% las muy grasas. El valor calórico, en función de la cantidad de grasa, varía entre 230 y 475 calorías por cada 100 g de carne. La concentración de colesterol es inferior a la de vacuno u ovino.

Entre sus propiedades nutricionales destacan las proteínas, necesarias para el desarrollo y mantenimiento de la masa muscular. Además, contiene todos los aminoácidos esenciales.

Carne de conejo

Se considera una carne blanca no ya por su menor cantidad de mioglobina (proteína que da color a la carne), sino más bien por la cantidad y la calidad de su grasa. Aunque su uso está menos extendido, que otras (pollo, cerdo, pavo) cada día va tomando mayor relevancia en la cocina ya que puede prepararse de múltiples maneras y tiene un precio muy económico.

El agua es su componente mayoritario y constituye un 72% de la misma, aunque varía según la raza y el tipo de alimentación del animal. La carne de conejo apenas aporta hidratos de carbono y sí muchas proteínas de alto valor biológico, es decir que se asimilan fácilmente por nuestro organismo.

Destaca por su contenido en zinc, magnesio y hierro, fundamentales para el buen funcionamiento del organismo y tareas básicas como la producción de glóbulos rojos, así como el mantenimiento del buen equilibrio orgánico. Además se digiere fácilmente, debido a su bajo contenido calórico y sus pequeñas dosis de sodio.