Es la madre de un escritor de éxito (Juan del Val); es la suegra de una presentadora famosa (Nuria Roca)… Pero, sobre todo, es una mujer buena, que lleva 40 años ayudando a personas a las que nadie quiere.


Aparece sonriendo y derrochando vitalidad y entusiasmo. Dice que está un poco pachucha de salud y cualquiera en su situación guardaría reposo… Pero eso no va con ella. Ángeles Pérez Guerrero hace honor a su segundo apellido y lleva toda la vida batallando y ayudando a los desfavorecidos, a los marginados de la sociedad, a los que nadie quiere.

Una segunda madre

Ella es la fundadora, presidenta, y alma mater de APROMAR, una asociación que se dedica a acoger a presos cuando salen de la cárcel de permiso, o en libertad, y no tienen dónde quedarse. Una especie de segunda madre para muchos que han sido incluso rechazados por sus familias y a quien ella acoge sin juzgar.

¿Cómo empezó todo?

Yo tenía 40 años, y voy a hacer 79, así que… Cuando yo era pequeña y veía que a una persona le pasaba algo decía que cuando fuese mayor iba a ayudar a todo el mundo. Por eso, al hacerme un poco mayor me hice voluntaria en la parroquia de mi barrio, La Estrella. Estuve trabajando con ancianos y cuatro años con la comunidad gitana.

Pero tenías otra cosa en mente…

Sí. En 1980 pidieron voluntarios para ir a la cárcel. Me presenté y me cogieron, en el Reformatorio de Jóvenes, que estaba al lado de Carabanchel. En esa época la mayoría de edad era a los 21, así que si te detenían con 16 años, por ejemplo, acababas ahí. Empecé con los jóvenes y me dieron cuatro chicos para que los fuera a visitar. Daba mucha pena y fueron años terribles.

¿Por qué?

Había mucha droga y a mí se me han muerto muchos chicos. Una Nochebuena se me murieron dos de sida, era al principio, cuando no se sabía cómo se contagiaba y todo. Yo empecé a ir a verlos, iba con ellos a misa y estaban destrozados, decían que no los quería nadie y me preguntaban qué iba a pasar cuando salieran. Yo los veía llorar y pensaba que tenía que hacer algo.

¿Pero cómo?

La cárcel no es lo que parece desde fuera. Preparé un proyecto para presentar y pensé que si me daban un piso pequeñito… Me llegaron a decir que era mucho jaleo y que al fin y al cabo estaba hablando de delincuentes. Y yo, que trabajo porque soy creyente, sufría. Me dolía oír eso.

Pero entiende que muchas personas lo pensaran, ¿no?

Yo he tenido presos por condenas muy graves, pero no juzgo porque no soy quién. Y no tengo que darle explicaciones a nadie, porque todos merecemos una segunda oportunidad. La gente sale si se le ayuda… Hay alguno que no, claro, pero la mayoria sí, incluso con condenas muy largas y delitos muy graves. Total, que me dije: “Pues lo hago sola”. Y me fui de parroquia en parroquia, pidiendo dinero.

Y lo sigue haciendo, ¿verdad?

Pues claro, porque si no, no hay forma de conseguir los 150.000 euros que necesito al año para los alquileres de los seis pisos que tenemos, los recibos, los seguros de los coches… y menos mal que con la comida nos ayudan muchísimo Mercamadrid y Cáritas y el Banco de Alimentos.

juan del val

Volvamos atrás, ¿encontró al final un piso?

Sí, un apartamento chiquito, viejo, enfrente del Hospital Gregorio Marañón y podía pagar el alquiler con lo que me daba la gente. Empecé con dos presos y luego otros dos… Y fíjate, uno de ellos, que vive ahora en Nueva York, me llama a menudo, por mi cumpleaños, en navidades, y siempre por el Día de la Madre.

¿Qué le decía la gente? ¿Y qué pensaba su familia?

Mi marido dijo que no había ningún problema, que si era lo que yo quería, adelante. Nunca me han dicho nada, al contrario, siempre me han ayudado. Primero mi marido, que es economista y que está liado con toda la parte financiera desde que se jubiló, y mis hijos, y ahora mis nietos. Uno de ellos me hace todas las cosas de internet y otro ya le dice a sus primas que cuando sea mayor va a ser el presidente de la asociación.

¿Cuánta gente colabora?

Empecé sola, pero tuve suerte y poco a poco…Tenemos voluntarios y algunos están en las terapias con los chicos y la psicóloga; otros vienen conmigo a la cárcel y luego hay dos grupos de cristianos de base que todos los años nos celebran una misa y nos dan dinero.

¿Hasta qué punto es importante la fe en su caso?

Es fundamental, si yo no fuera creyente no sé si hubiera hecho todo esto. De verdad que no lo sé. Siempre me ha llamado mucho la atención cuando la gente necesita ayuda y nadie se la da. Y a veces me parece que el ser humano es muy malo, porque podría ayudar y no lo hace. Yo tengo familia y a veces me tengo que ajustar a lo que ellos quieren y me piden, pero si por mí fuera… Por eso yo, aunque esté mala, sigo con mis visitas, y eso que ahora tengo que andar poquito… No puedo hacer esfuerzos, pero continúo con mi trabajo todos los días.

¿Cómo se organiza?

Los martes, miércoles y jueves voy a la cárcel (a las de Alcalá Meco, Estremera y Soto), por las mañanas, de 9 a 13.00 h. Y luego están las audiencias, ir a os juzgados para que les den a los chicos los permisos penitenciarios… Con el tiempo he cogido experiencia y práctica. Necesitas tres cosas para conseguir los permisos de segundo grado, que son llevar una cuarta parte de la condena cumplida, no tener sanciones dentro de la cárcel y conseguir un aval fuera que el juez considere bueno, que normalmente es la familia o una asociación, en este caso la nuestra.

¿Y cómo llegan hasta usted?

Funciona por el boca a boca y nos escriben cartas. La burocracia es una lata, y a mí no me dan facilidades en absoluto, pero no importa, no me cansa. Hay quien