La educación de nuestros hijos nos provoca muchas inseguridades y no pocos disgustos en nuestro día a día. Es por ello que nos preguntantamos constantemente si realmente lo estaremos haciendo bien.


1- Aplicar la autoridad sin objetivos concretos

Es tan negativo el autoritarismo como la permisividad. Apliquemos la disciplina positiva. Este enfoque, que no incluye ni el control excesivo ni la permisividad, se basa en el respeto mutuo y la colaboración, buscando la enseñanza de competencias básicas para los más pequeños.

Se basa en la comunicación, el amor, el entendimiento y la empatía para disfrutar de las relaciones familiares, y da herramientas a los padres para entender el comportamiento de nuestros hijos (incluso cuando no es adecuado) y reconducirlo con respeto, sin luchas de poder y de manera positiva.

2- Tratar de ser los mejores amigos de nuestros hijos

Los niños necesitan una figura de referencia. El problema se acentúa cuando los padres “dejamos de ser padres” y no somos capaces de asumir nuestras responsabilidades, aunque a veces nos cueste. Si queremos hacer bien nuestro trabajo, tenemos que aceptar que se enfaden y que a veces no les gusten nuestras elecciones, en lugar de tomar decisiones desesperadas por temor a no contar con su aprobación.

En ciertas ocasiones, tomar decisiones de forma conjunta ayuda al vínculo paterno filial, pero no debemos abusar. Hay comportamientos que no se pueden negociar, como el horario de estudio o el ir con cinturón en el coche, por ejemplo.

3- Ceder después de una negativa

Tener palabras para bien y para mal. Los “noes” son innegociables, no hay marcha atrás. Es importante utilizar “no” cuando sea realmente necesario, y esta es la primera regla de oro a respetar. También es muy importante cumplir las promesas que tengamos pactadas con ellos. Por ello, es imprescindible que, antes de marcar las reglas de conducta, nos aseguremos de poder cumplir siempre con las pautas que previamente hemos marcado.

4- Otorgarles demasiadas responsabilidades

El amor no tiene condiciones. Los niños que nos complacen demasiado quizá estén olvidando sus propias necesidades, confundiendo nuestras emociones con las suyas propias, y asumiendo unos compromisos que están por encima de las responsabilidades inherentes a su edad.

Estos niños suelen pensar que los mayores les queremos únicamente por su buena forma de actuar, por cómo se comportan y porque nunca hay que regañarles, es decir, por su comportamiento y no por su forma de ser, en un marco de cariño que creen condicionado a que siempre sean buenos. Hay que tener cuidado con las consecuencias de esa excesiva responsabilidad.

5- Falta de comunicación

Escúchale, lo que tiene que decirte también es importante. El día a día nos lleva, en muchas ocasiones, a obviar una cuestión fundamental en el enriquecimiento de las relaciones paterno filiales. Es muy importante mantener viva la comunicación con nuestros hijos para conocerles y así poder entenderles mejor.

Gracias a esta coordinación, dentro de la familia se va construyendo la manera de enfrentar las dificultades diarias y de ver las cosas mediante la negociación y aceptando otros puntos de vista. La falta de comunicación tiene que ver con los numerosos malentendidos que puedan darse en el día a día. Un pequeño error en la comunicación puede generar mal ambiente durante mucho tiempo.

6- Sobreprotegerles en exceso

No puedes pretender que sean igual que tú o que quieran lo mismo. Por muy pequeño que sea el niño, tiene que cultivar y explorar su propia autonomía. En muchas ocasiones, los padres tendemos a la sobreprotección de nuestros hijos por miedo a que les pueda pasar algo. No solo asumimos las tareas y responsabilidades de nuestros hijos, sino que además evitamos que se frustren y resuelvan sus propios problemas.

7- No poner normas ni límites

Ayudan a infundar unos valores y moldear su autoestima. Los niños necesitan normas en su educación para saber cómo actuar, para protegerse del peligro, para no convertirse en niños tiranos, apáticos o pasivos. Crear un modelo educativo a tiempo, desde la infancia, es fundamental en su educación.

8- Falta de acuerdo entre los padres

El niño podría recibir mensajes contradictorios. Los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posble.

Igualmente, es fundamental la coherencia entre los progenitores. Las órdenes deben ir en la misma dirección, y el mensaje tiene que ser siempre el mismo.

9- No escucharles lo suficiente

Su punto de vista podría hacernos reflexionar. Es muy común que en una regañina, los progenitores queramos hacer oír nuestra voz por encima de la del niño, bloqueando cualquier atisbo de defensa o comentario por su parte.

Sin embargo, es fundamental escuchar a los hijos y conocer porqué han actuado de una determinada manera y no de otra, qué les ha impulsado a tener una determinada conducta o qué es lo que sienten.

10- Castigos no eficientes

Nunca deben ser perjudiciales para su autoestima. Solemos castigarles con gritos o de forma desproporcionada. Los expertos indican que castigar “al rincón de pensar” no funciona. Es más positivo el castigo educativo. En vez de privarles de alguna actividad, debemos utilizar métodos para que entiendan que su comportamiento, grave o no, tiene consecuencias.