Guillermo de Ockham fue un fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico inglés del siglo
XIV en el Reino Unido. A él se le debe el principio metodológico de la navaja de Ockham,
también conocido como principio de parsimonia. Un procedimiento cuya formulación es que
si dos o más explicaciones se hallan en igualdad de condiciones, no se debe tener en
cuenta una explicación complicada si existe una más simple.

La navaja de Ockham ha sido utilizada desde su aparición por lingüistas, informáticos,
estadistas o ecónomos para pulir la complejidad de un asunto y tratar de explicarlo del
modo más sencillo. Dentro de este grupo, también hallamos a los creacionistas, quienes
aseguran que la navaja de Ockham muestra que la teoría de la evolución es mucho menos
probable que el creacionismo.

La navaja de Ockham y el creacionismo
Ell creacionismo se aferra a la idea de un Dios eterno y todopoderoso que lo creó todo en el
principio de los tiempos. Plantas, personas, animales, el universo y la inteligencia para
comprender y ver todo lo que sucede a nuestro alrededor fueron creados por Dios.

Por esta simple razón, y en función de la navaja de Ockham, los creacionistas aseguran que hay que tener en cuenta esta explicación más simple que aquellas otras más complejas y que tienen su base en la teoría de la evolución.

Lo que muchos creacionistas nos quieren decir es que, amparándonos en la navaja de
Ockham, creer que un Dios eterno lo haya podido crear todo es más simple que la propia
teoría de la evolución.

La respuesta de los defensores de la teoría de la evolución
No obstante, los partidarios de la teoría de la evolución tienen una respuesta para esto.
Para ello, toman como punto de partida la selección natural, la cual consideran como algo
mucho más simple que la creencia en un Dios omnipotente situado en el principio de la vida.

Además, estos también hacen alusión a las controversias que genera la propia navaja de
Ockham. Estas últimas aseguran que no por el hecho de ser la explicación más simple ha
de ser la más veraz ni la más probable. Por tanto, y en este caso, a pesar de que la teoría
de la evolución es la más compleja sí resulta más creíble.

También están aquellos que afirman que incluso la creencia de un Dios eterno y
todopoderoso que haya creado todo resulta más complejo que la teoría de la evolución.

Una teoría que, junto con el Big Bang, se ha podido constatar y explicar de manera científica, no así la creación divina.

En definitiva, la navaja de Ockham es uno de los métodos que han utilizado los
creacionistas para tratar de imponer su criterio. Ciertamente, si seguimos las directrices y
las formulaciones del fraile inglés, la idea de un Dios eterno y creador sería la más acertada.

Pero, tal y como aseguran los defensores del evolucionismo, a veces hay que indagar en
las excepciones de la propia navaja de Ockham. Y esta parece ser una de ellas.