Hablamos con María, una mamá que llevaba 12 años intentando quedarse embarazada y gracias al tratamiento de reproducción asistida de la CLÍNICA TAMBRE, lo ha conseguido.


La vivencia de María en Clínica Tambre: una historia de lucha y resiliencia

Cada vez son más las personas que se someten a tratamientos de reproducción asistida por el firme anhelo de tener un bebé, y lo bonito es que cada vez son más también las personas que comparten su historia con el fin de normalizar estos procesos y apoyar a quienes lleven tiempo intentando sin éxito ampliar su familia.

La vivencia de María y la reproducción asistida comenzó hace 12 años, cuando esta se puso en contacto por primera vez con la que se convertiría en una pieza indispensable del puzle de su vida: la Clínica Tambre.

Tambre es un centro pionero de reproducción asistida ubicado en Madrid que lleva más de 40 años dando buenas noticias a quienes confían en sus profesionales. El uso de la más alta tecnología, su equipo experto y multidisciplinar y la personalización de sus tratamientos han hecho que la clínica se posicione como centro líder, ya que sus tasas de éxito superan la media española y europea.

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El primer contacto de María y Tambre

Con toda seguridad, María es la viva representación del tesón, la lucha y de la perseverancia, pues aunque se haya encontrado con un sinfín de obstáculos a lo largo del camino, siempre ha hallado la manera de recomponerse y seguir luchando por ese hijo que tanto anhelaba.

María acudió por primera vez a Tambre hace poco más de una década, cuando ella y el que era su marido soñaban con ampliar su familia. Sin embargo, la vasectomía que él se había hecho hacía un tiempo no lo permitía. La pareja, que vivía en La Rioja, buscó ayuda médica allí, pero no tuvieron suerte con los centros y profesionales con los que dieron. Afortunadamente, una ginecóloga de su confianza les habló de Tambre.

De esta forma, comenzó su proyecto de vida en la clínica madrileña, pero la historia tuvo un giro inesperado. “Por circunstancias de la vida, me quedé yo sola” relata María. La resiliencia y valentía que la caracterizan hicieron que la paciente de Tambre no dejase que su sueño se viese destruido por ese obstáculo. Ella, que siempre había querido ser madre, volvió a la clínica en 2019 para hacer de su anhelo una realidad, aunque tuviese que ser en solitario.

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La importancia de vivir un tratamiento de reproducción asistida junto a un buen equipo

Si hay algo que María siempre ha valorado de Tambre es el hecho de haberse sentido muy cómoda en todo momento porque según ella, todo el equipo es muy cercano. María destaca, sobre todo, la relación tan especial que ha construido a lo largo de los años con su especialista, la Dra. Esther Marbán. La experta en fertilidad ha estado al lado de su paciente hasta en los momentos más complicados, demostrando su profesionalidad y empatía.

Asimismo, entre que María vive fuera de Madrid y que el inicio de la pandemia trajo consigo ciertas restricciones de movilidad, toda la comunicación relativa a sus tratamientos ha sido llevada a cabo de forma telefónica u online, y por la fluidez y rapidez, María está muy agradecida. “Muchas veces tienes dudas o te surgen incertidumbres, y ella siempre ha estado allí” cuenta.

¿Qué consejos da María al resto de parejas y mujeres?

Al preguntarle a María si quería dar algún consejo al resto de mujeres y parejas que tengan el mismo deseo que tenía ella por tener un hijo, su respuesta ha sido la siguiente: “Las parejas tienen que estar muy unidas y tiene que haber mucha comunicación” explica. Ella opina, a raíz de su experiencia, que es muy importante que haya un diálogo fluido entre ambos.

María es un ejemplo además para todas las mujeres que quieran ser madres y para las que el no tener una pareja suponga un freno a la hora de enfrentarse la maternidad.  De igual manera, la paciente de Tambre confiesa que algo que le ha ayudado mucho durante toda su vivencia ha sido poder hablar con alguien que haya pasado por lo mismo, pues es donde se encuentra la verdadera empatía.

De hecho, María tiene una amiga a la que en Tambre ayudaron a tener dos hijos y cuenta que con ella ha podido expresar sin tapujos lo que sentía en cada momento, incluso aquellas emociones de tristeza de las que a veces no es cómodo hablar. Para quien no tengan la suerte de contar con alguien en el entorno cercano a quien dirigirse, son útiles los testimonios como el de María, ya que hacen ver que uno no está solo en este tipo de procesos.

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“Ha sido una larga espera, pero ha tenido su recompensa”

La historia de María, como venimos viendo, no ha sido del todo fácil, pero como podemos también observar en las fotografías, ha tenido un final más que feliz. Va a hacer ya tres años que María retomó el contacto con su clínica de confianza con el firme propósito de tener un bebé. “Ha sido una larga espera, pero ha tenido su recompensa” cuenta ella. Cabe destacar además la feliz noticia de que María… ¡será mamá de nuevo en unas semanas!

En ocasiones los caminos no son del todo fáciles y enfrentar la adversidad puede ser una tarea complicada. María ha confesado al compartir su historia que en medio del proceso perdió a su pareja y que en otra de las fases atravesó una situación muy dolorosa. “Tuve un aborto y fue muy duro. Podría haber tirado la toalla” cuenta. Si María se hubiese rendido, ni habría llegado al mundo su hijo Miguel ni se habría quedado embarazada una segunda vez. Esperamos que su historia sirva a otras mujeres y parejas para armarse de fuerza en su proceso y saber que los sueños finalmente se cumplen.

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¿Cuáles son las tasas de éxito?

Y es que la edad es uno de los factores pronósticos más fidedignos para tener éxito tanto si se trata de la concepción espontánea como en los tratamientos de fertilidad. Es aconsejable realizarse una evaluación de infertilidad para mujeres de 35 años en adelante si tras seis meses de intentos, no ha habido concepción y consultas inmediatas a partir de los 40. La tasa de embarazo de la mujer, según su edad, cae irremediablemente. Con 25 años, hay un 25% de opciones por ciclo de lograrlo de manera natural. Con 30, un 22%. Con 35, un 12%, con 40, un 5%. Y con 45, un 1%.