¿A quién no le gustan las patatas fritas? Raro será encontrar a alguien; a la mayoría denosotros nos encantan, y solemos disfrutar de ellas.


Son una delicia, que puede resultar adictiva, incluso. Pero lo que muchos de nosotros
no sabemos es el verdadero problema que entrañan: su consumo puede duplicar la
probabilidad de muerte prematura.

Cómo afectan las papas fritas a nuestra salud
Se han llevado a cabo estudios que demuestran que comer patatas fritas con
frecuencia no es nada saludable para nuestro organismo. De hecho, resulta bastante
perjudicial.

En estos estudios, se dice que ingerir de dos a tres raciones de papas fritas por semana
puede, no solo aumentar, sino incluso, duplicar el riesgo de muerte prematura.
Lo que resulta nocivo no es la patata en sí, será importante aclararlo, sino el hecho de
que esté frita.

No estamos ante una afirmación categórica, ya que el estudio se basa principalmente
en la observación. Aun así, las patatas fritas llevan desde hace mucho tiempo
vinculándose a problemas de salud.

Un ejemplo claro es que el consumo de papas fritas supone una de las principales vías
de exposición a cierta sustancia cancerígena denominada acrilamida. Y otro problema
al que nos puede conducir el consumo de las papas fritas es el sobrepeso, con los
riesgos que esto conlleva, por su estrecha relación con la diabetes o afecciones
cardiovasculares.
Algunos de los efectos más nocivos que producen las patatas fritas
Tan solo cinco segundos después de dar el primer bocado, los efectos nocivos de las
papas fritas se hacen patentes.

Su habitual alto contenido en sal produce el hecho de que ese primer bocado sea una
fuente de sensaciones múltiples en nuestro organismo, lo que nos lleva a que las
comamos con más ansia, hasta terminar toda la ración.

Cuando ya las hemos devorado, nuestro cuerpo empieza a procesarlas poco a poco,
pero también procesa la acrilamida, que se produce cuando se cocinan alimentos con
almidón a altas temperaturas. Dicha sustancia se filtra rápidamente en nuestro
organismo y provoca un aumento notable en el riesgo de padecer algún tipo de cáncer.

Pasados unos 15 y 30 minutos, aumenta repentinamente nuestro ritmo cardíaco. La
grasa se desplaza por los intestinos, y la sal, al entrar en contacto con la sangre, nos
provocará sed. Nuestra presión arterial aumenta notablemente, y eso puede ser causa
de problemas cardiovasculares a largo plazo. La hormona llamada leptina, cuya función
es producirnos la sensación de saciedad, deja de funcionar, a consecuencia de los
efectos de la grasa y de la sal. Comemos muchas patatas fritas, pero seguimos
sintiéndonos hambrientos.

En el intervalo de 30 minutos a 2 horas después del consumo de las papas fritas, la
acrilamida se hace presente en todos los tejidos del cuerpo, generando más daños en
nuestro organismo. El exceso de líquido que ingerimos para tratar de diluir la sal nos
provocará un aumento considerable de la presión arterial, lo cual, como ya hemos
comentado, puede desencadenar en futuros problemas cardiovasculares.

Por otra parte, la ausencia de fibra en las papas fritas dificulta la digestión, ya que el
almidón se transforma con rapidez en azúcar, pasando este a la sangre, y produciendo
entonces un serio pico de azúcar; lo cual, para las personas con diabetes puede
resultar de un efecto muy negativo.

El aceite de las patatas, cuando es procesado por el sistema digestivo, pasa a nuestro
organismo en forma de células grasas, lo que nos puede conllevar un serio riesgo de
contraer obesidad, ante la dificultad de eliminar posteriormente dichas células.

Es cierto, las patatas fritas son exquisitas, y un placer comerlas… Pero debemos
moderar su consumo, si no queremos que este nos afecte seriamente y de forma
negativa a nuestro buen estado de salud.