Varios estudios han demostrado que a los cinco días de empezar a meditar ya se producen cambios en el cerebro, y a las ocho semanas se consigue despejar la mente por completo y aliviar el estrés. No hace falta pasarse el día meditando, basta con hacerlo durante unos minutos para aprovecharte de todos sus beneficios. Si todavía no lo has probado… ¿a qué estás esperando? Te contamos todo lo que debes saber (y hacer).

¿Qué es exactamente meditar?

Si nunca has meditado lo más probable es que te preguntes: ¿hay que sentir algo o basta con dejar la mente en blanco? Lo primero que hay que entender es que la meditación es a la mente, lo que el gimnasio es al cuerpo. La meditación es un entrenamiento, pero mental. Y dista mucho de ‘poner la mente en blanco’, al contrario, al meditar hacemos algo mucho más práctico: desarrollar cualidades como la atención plena, el optimismo o la relajación, aunque también sirve para gestionar dificultades como el estrés, o la ansiedad.

La constancia es la clave del éxito

La clave del éxito en la meditación es la constancia: meditar 10 minutos al día es mucho más eficaz que darse un atracón de dos horas una vez por semana. Por eso es fundamental crear un hábito. Para ello hay dos factores imprescindibles: buscar un lugar tranquilo donde nada ni nadie te moleste y, sobre todo, sacar algo de tiempo cada día, sin excusas. No importa si es antes de ir a trabajar, después de cenar o justo antes de dormir. Siempre es buen momento para intentarlo.

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Elige una postura cómoda

La postura que normalmente se recomienda para meditar es sentada, con la espalda recta, hombros relajados y manos en las rodillas, porque es una postura que invita a la concentración. Dedica algo de tiempo a colocarte correctamente, porque después no podrás moverte, ya que el objetivo es ‘abandonar’ tu cuerpo para centrarte solo en tu interior.

Hazlo así

A pesar de que existen muchas formas de meditar, hay dos técnicas básicas que te ayudarán a iniciarte más fácilmente. ¡Apunta!

1- CONCENTRACIÓN
Esta técnica una de las más sencillas pero también más efectivas. Se basa en centrar toda tu atención en un objeto, no import cuál (una silla, una mesa, un bolígrafo…). Lo único que tendrás que hacer será dejar los ojos abiertos y centrar tu mirada en ese punto fijo. Verás que poco a poco todo a tu alrededor parece diluirse y tu mente desconecta por completo. Cuando te percates de que tu atención se ha ido con un pensamiento, solo recupera de nuevo el control volviendo a fijar la mirada en ese objeto y prestando atención a la respiración.

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2- ATENCIÓN PLENA
Este método busca que no huyas de los pensamientos, sino que simplemente los observes. Es una técnica de abstracción total con la que se intenta pasar a ser un mero espectador de los pensamientos. Para conseguirlo solo tendrás que estar muy concentrada (con los ojos
cerrados) y observando qué pasa por tu mente. Pero, en lugar de dejarte llevar por esa corriente d pensamientos, simplemente observa cómo pasan, cómo fluyen, como se mueven…