Amenenhat III es uno de los faraones menos conocidos del Antiguo Egipto. Durante su
reinado, también construyó pirámides, pero no tan espectaculares ni con tanto renombre
como las de Guiza.

Fue un faraón amante del arte, hasta el punto de encargar la creación de muchas obras. Sin embargo, ninguna de ellas tiene la opulencia o la grandeza de la máscara de oro de
Tutankamón. Amenenhat III también era un reputado estratega militar, pero sus hazañas no pueden equipararse a las de Thutmosis III, quien fue capaz de construir un vasto imperio.

El gran legado de este faraón desconocido fue la creación bajo su gobierno de un sistema
de comunicación más valioso que cualquiera de los anteriores logros: el alfabeto.

El alfabeto, un icono de la cultura
El alfabeto está considerado una forma revolucionaria de registrar información. Se trata de
un icono de la cultura que va mucho más allá de su simple papel de sistema de escritura.
Hoy en día es tan importante para la educación mundial que los niños son capaces de
recitarlo incluso antes de aprender a leer o escribir.

Por todo el mundo, podemos encontrar una gran variedad de alfabetos con los que
escribir en múltiples idiomas. Sin embargo, todo ellos proceden de un ancestro común.
La historia y los orígenes del primer alfabeto han sido durante mucho tiempo todo un
misterio. Pero en los últimos 25 años se ha podido progresar enormemente para determinar cuándo y dónde se inventó.

El descubrimiento del primer alfabeto
Lo más sorprendente de todo es que el consenso actual es que el alfabeto no surgió de una
iniciativa patrocinada por el estado, como se creía desde hace mucho tiempo. Sus
creadores, en cambio, estaban probablemente muy lejos de las grandes élites del mundo
antiguo.

Paradójicamente, es probable que incluso pudieran ser hasta analfabetos. Al menos, así lo
estiman algunos especialistas al señalar que ningún escriba egipcio escribiría en la forma
en la que estos creadores del alfabeto escribieron.

Las primeras inscripciones jeroglíficas que marcaron el paso de este tipo de escritura a
la alfabética se han encontrado en la ciudad de Serabit el-Khadem, un lugar de muy difícil
acceso y situado en las montañas del Sinaí. La mayoría de estas inscripciones contiene un
nombre o un dibujo y fueron elaborados por cientos de mineros y trabajadores de la piedra, además de aquellos operarios que se dedicaban a la construcción de los templos.

Los sistemas de escritura anteriores requerían de un conocimiento complejo y un acervo de
cientos de signos. Sin embargo, estos se simplificaban a un simple nombre o un dibujo, un
sistema de escritura alfabética con menos de 30 signos.