La «Tierra Hueca»; es una hipótesis mucho menos desarrollada todavía que la de la
«Tierra Plana».

Por este motivo, resulta más complejo encontrar una versión común que poner a prueba. La idea, sin embargo, es sencilla: la Tierra está hueca, así de simple.

El suelo que pisamos, la corteza de la Tierra, según afirman los que defienden esta
teoría de la tierra hueca, es una especie de caparazón que esconde un enorme hueco
en su interior.

Pero ahí no acaba todo: lo más curioso es que, según creen, en ese hueco hay cosas.

Pero no cualquier cosa: un mundo prácticamente igual al nuestro con sus cordilleras, sus
mares y su vida salvaje pululando justo debajo de nuestros pies. Y, por si esto aun no fuera suficiente, no queda ahí la cosa: los defensores de la teoría de la Tierra hueca sostienen que en lo que sería el núcleo del planeta lo que hay es un Sol (pequeñito, pero un Sol, al fin y al cabo).

Los “terrahuequistas” afirman que hay (al menos) dos enormes agujeros situados en
los polos que comunican ambos mundos. Teóricamente, podría haber más accesos
(túneles y cuevas), aunque esto poco importa porque los gobiernos están
confabulados para ocultarlo todo.

La manera de hacerlo es controlando los accesos al polo y sobornando a todos los
astronautas que han podido verlos.

¿Tiene un verdadero sentido la teoría de la Tierra hueca?
Se trata de una teoría realmente difícil de justificar, tanto como la teoría de que la
tierra es plana. Si las falsas pruebas de la planicidad de la Tierra resultan inverosímiles
para la mayoría de las personas y es por tanto una teoría complicada de defender, el
hecho de convencer a alguien de que el planeta Tierra está hueca por dentro, puede
llegar a resultar tan complicado o más que defender la teoría terraplanista.

Los defensores de la Tierra hueca, afirman, como decíamos antes, que en el interior de
nuestro planeta hay otros en su interior y están… ¡flotando!. La explicación que se da a
la teoría es que, al ser nuestro planeta algo muy parecido a una esfera, las distintas
fuerzas gravitacionales se cancelarían entre ellas y los habitantes del hueco flotarían
por su interior.

Es más, si nos ponemos estrictos, nosotros no experimentaríamos la fuerza de la
gravedad que experimentamos.

Al fin y al cabo, la única explicación científica que tenemos para demostrar la gravedad
de la Tierra es la inmensa densidad de su núcleo.

¿Y entonces? ¿Qué es realmente?
Hace años, explicábamos que los defensores del Terraplanismo no eran sólo cuatro
“frikis”, sino grupos ideológicos que llevan siglos organizándose contra el progreso
científico.

En el caso de las ideas “terrahuequistas” lo que ocurre es algo muy similar: se trata de
ideas más excéntricas y llamativas, pero si tiramos del hilo histórico solo nos
encontramos con sectas espiritualistas y mistéricas.

Gente como la famosa espiritista, amiga de la familia real británica) Walburga von
Hohenthal, o el ufólogo y pseudoterapeuta Walter Siegmeinster fueron defensores
clásicos de la teoría.

Estas creencias actúan como símbolo, en el sentido teológico del término: algo que
permite a los grupos reconocerse mutuamente como comunidad aunque no les defina
como comunidad.

La excentricidad o rareza de esas ideas, en parte, ese es un mecanismo más que hace
que los grupos pseudocientíficos permanezcan unidos y se cohesionen y los expone a
ataques que impulsan su sentido de pertenencia.

No es una buena estrategia, por tanto, reírse de los creyentes sinceros (por muy
extraño que nos parezca las afirmaciones que sostienen).

Lo interesante de este momento es que estas elaboradas creencias son capaces de
desgajarse de esos grupos y alcanzar al internauta medio.

En este punto, empiezan las incógnitas: ¿Sirven estas creencias conspiranoicas de
anzuelo para atraer nuevos miembros o se independizarán las teorías de la “tierra
hueca” de esos grupos y se convertirán en entidades con vida propia?

Ese es, quizá, el verdadero misterio.