Se trata de una enfermedad infecciosa producida por el virus varicela zóster (VVZ).

Produce malestar a quien se contagia, con fiebre moderada y lesiones en la piel (granos y pequeñas ampollas) que resultan muy molestas.

Aunque es una enfermedad casi siempre benigna, sobre todo en la infancia, la varicela
puede producir complicaciones especialmente a partir de los 15 años, y entre la población adulta. En los casos más extremos, puede incluso provocar la muerte.

¿Es mejor contagiarse de la varicela de niño, y así evitar contagiarse de adulto?
Por norma general, existen ciertas enfermedades que se caracterizan por ser mayormente inofensivas cuando se contraen en la infancia; en cambio, pueden tener serias consecuencias si las padecemos ya de adultos.

Algunos ejemplos de ello los tenemos en las paperas, pueden dejar estéril a la persona
adulta que las padece.

El sarampión, puede causar encefalitis. Y la varicela, más concretamente, puede desembocar en hepatitis o neumonía.

¿Hasta qué punto es conveniente propiciar el contagio de estas enfermedades en los niños, con el fin de que no lo las padezcan de adultos?
Antes de la aparición de las vacunas, la “estrategia” de contraer la enfermedad de pequeño podía tener cierta lógica, a pesar de que en el camino por encontrar esta inmunidad también tenían lugar muchas muertes infantiles.

Hoy en día, podemos hablar de ella como una estrategia irresponsable.

Muchos de los padres actuales están en contra de las vacunas, aunque no existen evidencias de que sean realmente perjudiciales.

En pleno siglo XXI, sin embargo, resulta increíble saber que algunos de estos padres incluso participan en las llamadas “fiestas de la varicela”. Unas fiestas donde se propicia la infección de la misma en sus hijos.

Antivacunas, qué hay de razonable en ello.

Las estadísticas demuestran que la vacuna de la varicela resulta más eficaz de que
inmunidad natural.

A principios de 1990, solo en Estados Unidos se registraron 100 muertes como
consecuencia de la varicela.

Esta cifra se redujo a catorce en 2007. Y, hasta ahora, no existe ni una sola muerte se
haya podido atribuir a la vacunación.

El sarampión y la rubeola, enfermedades que se tenían por casi erradicadas, vuelven a
de nuevo a estar presentes.

En España, la enfermedad crece ayudada por grupos que no vacunan a sus hijos por
ideología: los 1.300 casos de 2011 multiplican por cinco los de 2010.

No son solo población marginal o intelectualmente pobre la que se niega a vacunar a
sus hijos contra la varicela; familias bien formadas que secundan estilos de vida
pretendidamente naturalistas lo hacen también, rechazando los productos de la
industria farmacéutica como un claro gesto de militancia.

En 1998, un artículo científico que vinculaba la triple vírica con el autismo provocó que
en 2004 se registrara un descenso de la tasa de cobertura de la vacuna por debajo del
80%.

Este artículo, aunque se demostró que el autor había falseado datos, se sigue citando
por los activistas para alertar contra las vacunas.