Un estudio reciente ha determinado que el interior de la Tierra se halla a una temperatura
aproximada de 6.000 grados centígrados, lo que quiere decir que está casi tan caliente
como la superficie del sol. Los científicos llevan precisamente varias décadas tratando de
explicar por qué el interior de la Tierra sigue tan caliente.

A pesar de que la Tierra lleva miles de años enfriándose, su interior aún se mantiene
caliente. Algo que puede apreciarse fácilmente en el magma líquido que arrojan los
volcanes cada vez que asistimos a una erupción.

Los elementos radiactivos como el uranio, el torio y el potasio
La respuesta a esta situación hay que buscarla en la radioactividad que generan los rastros
de uranio, torio y potasio que quedaron atrapados en el interior de la Tierra durante su
formación. Estos elementos radiactivos, al desintegrarse de forma muy lenta, liberan una
serie de partículas que chocan con el material que les rodea provocando que la temperatura aumente hasta esos 6.000 grados centígrados de los que hablábamos al comienzo.

Pero además es que por sí mismos estos elementos son capaces de emitir calor. De forma
individual no desprenden una enorme cantidad, pero al sumarse todos ellos esta cantidad
puede resultar enorme. De ahí que ese calor en conjunto es el que mantiene la
temperatura del interior de la Tierra en unos 6.000 grados centígrados.

Quiere esto decir entonces que el interior de la Tierra se mantiene caliente gracias en buena medida a la desintegración de elementos radiactivos tanto en el manto como en el
núcleo. Pero las razones también hay que encontrarlas en que la Tierra es capaz de conservar el calor que se generó durante su formación.

¿Por qué no debe enfriarse el interior de la Tierra?
Cuando la Tierra se formó hace 4.500 millones de años, nuestro planeta era una
gigantesca bola de roca líquida extremadamente caliente. Al estar en estado líquido, los
materiales más densos que contenía se hundieron por la propia gravedad hacia el interior,
mientras que los más ligeros quedaron flotando en las capas más externas.

Por tanto, se puede decir que el interior del planeta no se mantiene caliente debido a la gran presión al que está sometido. Hay que recordar que en el núcleo de la Tierra, la presión es 3,5 millones de veces superior a la presión superficial. Un interior prácticamente sólido y que cuenta también con una parte líquida.

En este núcleo, las temperaturas extremas y las presiones generan un centro duro de hierro sólido. Curiosamente, el hierro que lo rodea a una temperatura aproximada de 4.000
grados centígrados se halla en estado líquido.

A pesar de estas altas temperaturas, si el núcleo se enfriara nos encontraríamos con un
planeta muerto. Las consecuencias irían desde la ausencia de la energía geotérmica hasta
la presencia constante de oscuridad. Además, la Tierra estaría expuesta a una enorme
cantidad de radiación proveniente del Sol, ya que el núcleo ayuda a formar la capa
protectora atmosférica.