Los últimos descubrimientos científicos han constatado la presencia de microplásticos hasta
en 114 especies acuáticas. Más de la mitad de estas forman parte de la dieta de las
personas. Los estudios se centran ahora en determinar si esto puede acarrear
consecuencias en la salud humana.

Los microplásticos, fragmentos de menos de cinco milímetros, están causando daños a la
fauna acuática. Solo hay que tener en cuenta que, cada año, llegan a nuestros mares desde el litoral entre 5 y 13 millones de toneladas de plástico. A esto hay que unirle el impacto químico de los microplásticos, ya que los contaminantes se adhieren a la superficie del mar.

Centenares de especies acuáticas en la actualidad están siendo perjudicadas por los
plásticos. De ahí el enorme interés de los científicos por demostrar si la presencia de estos
compuestos afecta en gran medida o no a las personas.

La dificultad de lanzar una teoría 100% fiable
Hasta el momento, los diferentes estudios llevados a cabo no pueden demostrar del todo el
grado de toxicidad de los plásticos contenidos en los organismos acuáticos. Esto quiere
decir que aún no sabemos a ciencia cierta el nivel de contaminación que sería
necesario para dañar a las personas.

Hay estudios que aseguran que la mayoría de los microplásticos se quedan en el intestino
de los peces y no pasan al tejido muscular, que es la parte que consumimos las personas.
Sin embargo, estos estudios también alertan de los posibles efectos que los plásticos
marinos pueden tener sobre nuestra salud.

En este sentido, los científicos están estudiando en la actualidad el problema de los
nanoplásticos, sustancias contaminantes que son casi invisibles al ojo humano. Estos
plásticos microscópìcos sí que pueden penetrar en las células y pasar así a tejidos y
órganos, algo que ya puede representar un peligro mayor para las personas.

No obstante, los investigadores aún carecen de datos analíticos para identificar la presencia
de estos nanoplásticos en los alimentos. Se estima que hasta dentro de cinco o diez años
no tendremos las suficientes respuestas a todos estos interrogantes.

A primera vista, y según afirman los propios científicos, nuestra fuente de alimento no
parece correr ningún peligro. Sin embargo, las investigaciones deben seguir su curso, sobre todo si tenemos en cuenta los efectos y los problemas de diversa índole que pueden
provocar las sustancias y la amplia gama de aditivos que conforman el plástico.