Si partimos de la base de que una persona debe dormir de media unas 8 horas al día, nos
pasamos 25 años de nuestra vida durmiendo. Una cifra que, si bien para muchos puede ser
demasiado tiempo, lo cierto es que resulta de lo más saludable. Y es que las consecuencias
de dormir poco pueden ser muy graves.

La National Sleep Foundation recomienda que los adultos deben dormir cada día entre 7
y 9 horas. Dormir menos de este tiempo puede conllevar somnolencia, uno de los factores
desencadenantes de una gran cantidad de accidentes en carretera o en el trabajo.

La falta de sueño también provoca otros efectos menos graves, como por ejemplo
cansancio, irritabilidad y malhumor. Sin embargo, si alargamos esta falta de sueño y la
hacemos continua pueden aparecer otros problemas que sí resultarían mucho más graves.

Entre ellos estarían la hipertensión, los accidentes cerebrovasculares, la obesidad, la
diabetes, la depresión y la ansiedad, la pérdida de memoria, debilidad en el sistema
inmunitario, etc.

El cerebro y la presión arterial
El cerebro es uno de los elementos de nuestro cuerpo que más sufre ante la falta de sueño.
Parar tres días consecutivos durmiendo 4 horas o menos puede provocar que muchas
células cerebrales mueran. Y si esto sucede a la larga, el cerebro no podrá protegernos de
enfermedades como el alzheimer o la demencia.

La presión arterial es otro de los aspectos de nuestro organismo que más afectado se ve
por la falta de sueño. Si dormimos menos de 6 horas al día, la presión arterial sistólica
aumenta hasta 132, cuando lo ideal y más recomendable es tenerla siempre por debajo de
120.

El aumento de la presión arterial provoca que padezcamos un mayor riesgo de sufrir algún
tipo de accidente cardiovascular.

La diabetes y la grasa
Diversos estudios sugieren que dormir una media de 6 horas o menos al día hace que
tengamos el doble de posibilidades de sufrir diabetes. Y todo ello sin importar el grado
de ejercicio que practiquemos al cabo del día o la edad que tengamos.

Por último, un dato revelador y curioso de la falta de sueño: el Índice de Masa Corporal
(IMC) es un 3,6% mayor de media en aquellas personas que duermen habitualmente menos de cinco horas al día.

Esto quizás tenga relación con el hecho de que dormir 5 horas al día o menos provoca que
la leptina, la hormona que nos hace sentir saciados y que regula el almacenamiento de
grasa, sea más de un 15% menor. Un dato que nos empuja a comer a deshoras y a
aumentar el porcentaje de grasa en nuestro organismo.