Si estamos pensando “en otra cosa” probablemente no nos daremos cuenta de que el coche de delante está frenando de golpe o de que estamos a punto de atragantarnos con la comida porque no hemos masticado bien… Porque, todos los que cocinamos alguna vez nos hemos quemado con la fuente del horno o nos hemos olvidado de la leche en el fuego y se ha derramado por toda la cocina, ¿verdad? Y es que tenemos mucha facilidad en que se nos vaya “el santo al cielo” y dejemos de prestar atención a lo que está sucediendo es ese momento. La leche se recoge y todo queda limpio y la herida se cura y con el tiempo desaparece… son detalles sin importancia. Sin embargo, el no prestar atención puede tener consecuencias muy graves donde incluso, peligre nuestra vida.

Comentaba con Irene la experiencia que tuve hace menos de un mes con mis amigas, Bea y Cris. Gracias a la atención de Bea, evitamos un accidente de tráfico que, afortunadamente, no llegamos a saber qué consecuencias podía haber tenido para las tres de haber sucedido. Lo que sí sabemos es que la vida nos ha dado otra oportunidad y vamos a aprovecharla.

Estábamos volviendo de un viaje de fin de semana, muy contentas ya que habíamos corrido un triatlón en Portugal. Volvíamos con el cuerpo cansado, había sido un día de mucho esfuerzo. Era de noche y estaba lloviendo, no se veía la carretera. Bea conducía. De repente noté como si algo golpeara el coche por varias partes a la vez y cómo el coche se movía de un lado a otro dando bandazos y agitándonos a las tres. Veía como Bea agarraba el volante con mucha fuerza tratando de controlar el brusco movimiento que no cesaba. Escuchaba como Bea decía con voz alta y segura “¡Tranquilas, tranquilas, tranquilas!” mientras todo sucedía.

Gracias a lo atenta que estuvo Bea en ese momento tan importante, consiguió enderezar el coche y no pasó nada. Las tres sentimos en nuestro cuerpo y en nuestra alma el peligro, fueron unos segundos de gran tensión. No volcamos, no nos salimos de la carretera… No pasó nada. Nada. Estábamos las tres bien. Nos dimos cuenta de que habíamos atropellado “algo” y ese algo era un animal grande, un tejón que se había despistado y estaba en medio de la carretera ya sin vida antes de que nosotras pasáramos por allí. La parte de abajo del coche quedó destrozada y nosotras ilesas.

¿Fue cuestión de suerte? A la suerte hay que provocarla con atención plena al momento presente y  así las cosas suceden de manera mucho más parecida a lo que uno quiere.

Todo está mostrado, lo que pasa es que no prestamos atención a lo que sucede.

Te animo a que, durante esta semana, prestes atención plena a cada momento de tu vida. Cuando estés andando, cuando estés conduciendo, cuando estés leyendo… Se trata de pensar y hacer lo mismo, no de hacer una cosa y estar pensando en otra. Verás cómo, además de sentir mucha más calma mental, no se te saldrá la leche ni te quemarás con el horno… Entre otras cosas.

¿En qué crees que es importante que prestes más atención en tu día a día? ¿Qué beneficio vas a obtener?

¡Espero tus comentarios! ¡Muchas gracias!