Aburrimiento, soledad, estrés, tristeza, ira, enfado, cansancio o baja autoestima son algunas de las emociones y situaciones que nos llevan a comer de forma impulsiva. Y es que el hambre emocional se caracteriza por notar una gran necesidad de comer de forma impulsiva e incontrolada. ¿El primer paso para combatirlo? Identificarlo.

¿Hambre o ansiedad?

Diferenciar el hambre emocional del hambre real es relativamente sencillo, ya que si ponemos atención nos daremos cuenta como las dos se manifiestan de maneras muy diferentes. El hambre real aparece poco a poco y se siente en el estómago. Una vez la has saciado dejas de pensar en la comida, hasta que vuelves a sentir esa necesidad ‘real’ de comer.

Sin embargo, el hambre emocional aparece de repente, no se siente en el estómago, sino más bien existe una necesidad de ‘llenarse con algo’ y de forma inmediata. Además, en este caso se continua comiendo después de estar totalmente saciada. ¿El resultado final? Sentimientos de culpabilidad. Pero tranquila, hay solución, solo necesitas seguir unas sencillas pautas y poner de tu parte. ¡Toma nota!

1. Mastica mucho

No es ningún mito que comer demasiado rápido hace que te sacies menos. Esto se debe a que el cerebro tarda alrededor de 20 minutos en recibir la señal de saciedad del estómago, por lo que si comes con prisa también es más probable que tomes más cantidad de la que deberías. Así que saborea, mastica y deléitate con cada bocado.

2. No te saltes comidas

Ya conoces las cinco obligatorias, pero seguro que en más de una ocasión por circunstancias, te has acabado saltando el ‘snack’ de media mañana o la merienda, sin embargo, estos tentenpiés son clave para conseguir controlar el hambre y la ansiedad de cara a la comida y la cena. ¡No lo olvides!

3. Bebe un vaso de agua

Cuando creas que tienes hambre bebe antes un vaso de agua fría. Es fácil confundir la sensación de sed con el hambre y la ansiedad. Además, beber antes de las comidas también te ayudará a que te sientas más llena y no te descontroles en la mesa.

4. Adiós a las bolsas

No comas nunca alimentos directamente de una caja o una bolsa, porque no serás consciente de la cantidad que ingieres y te dará más ansiedad. De hecho, está demostrado que comer patatas fritas directamente de la bolsa provoca tomar un 50% más que si las sirves en un plato.

5. Tómate un café

Uno de los efectos más conocidos del café es que reduce el apetito. La ciencia lo atribuye a que aumenta los niveles del péptido YY, una hormona que produce el intestino cuando comemos y que influye en la saciedad. No importa la cafeína, el descafeinado reduce el apetito aún más.

6. Come pepinillos

Los encurtidos son una buena opción para matar el gusanillo cuando entra la ansiedad a deshoras, ya que aportan muy pocas calorías y están deliciosos. En concreto los pepinillos, contienen también una buena dosis de vitamina C, necesaria para mantener unas defensas fuertes. Opta por su versión en vinagre, éste es un buen aliado a la hora de activar el metabolismo y quemar más calorías.

7. Chicle: tu aliado

Un estudio realizado en el Reino Unido por el Wrigley Science Institute ha desmotrado que comer chicles cada día puede reducir hasta 1.000 calorías de la dieta mensual. Esto es gracias a que su dulzor aplaca la ansiedad por comer y, el gesto de mascar nos tranquiliza, al aumentar el flujo sanguíneo al cerebro. Eso sí, tampoco abuses, con dos al día puede ser suficiente.

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