No producen demasiados síntomas, pero sus consecuencias conllevan graves problemas cardiovasculares, por ello, hay que estar muy alerta. Te damos las claves para detectarlos a tiempo.


Colesterol

Es una sustancia que se encuentra en nuestro cuerpo de forma natural y resulta esencial para el buen funcionamiento de las paredes de todas las células. La mayor parte del colesterol se origina en el hígado, y otra pequeña cantidad procede de la alimentación.

Aunque es natural, este se convierte en un problema cuando el nivel del mismo en sangre es excesivo. Si el cuerpo tiene más colesterol del que realmente necesita, se pueden acumular en las arterias depósitos de grasa, lo que afecta de una manera muy negativa a nuestra salud cardiovascular.

Tipos

Colesterol HDL o bueno: arrastra el colesterol de las arterias hacia el hígado para ser eliminado. Se considera que un nivel elevado de este tipo de colesterol es sano para el corazón.

Colesterol LDL o malo: lleva el colesterol desde el hígado a los tejidos. Si su nivel en sangre es elevado, puede acumularse en las paredes de los vasos sanguíneos haciendo que se estrechen y se incremente el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria.

Valores adecuados

Colesterol total: debe ser inferior a 200 mg/dl ya que por encima se duplica el riesgo de sufrir un infarto.

Colesterol HDL (bueno): lo ideal es que sea superior a 35 mg/dl en el hombre y a 40 mg/dl en la mujer.

Colesterol LDL (malo): tiene que estar por debajo de 100 mg/dl. Las cifras por encima de 160 mg/dl son peligrosas.

Causas

Comer alimentos ricos en grasas a menudo

Embutidos, carnes grasas, bollería industrial, mantequilla… Todos contienen altos niveles de grasas saturadas y trans que reducen el colesterol bueno.

Genética

Las personas que tienen antecedentes familiares de colesterol son más propensas a padecerlo.

Sedentarismo

Un estilo de vida sedentario sin ejercicio físico regular contribuye notablemente a reducir los niveles de colesterol bueno.

Malos hábitos

El alcohol, el tabaco y el estrés también ayudan al aumento de los niveles del colesterol malo.

¿Qué hacer?

Mantén una dieta equilibrada Aumenta el consumo de verduras, frutas, legumbres, frutos secos, semillas, cereales integrales y aceite de oliva y limita todo lo posible las grasas saturadas.

Consume pescado azul

Gracias a su riqueza en ácidos grasos poliinsaturados contribuye a la regulación de las cifras de colesterol. Tómalo al menos tres veces por semana.

Practica ejercicio

Correr, nadar, montar en bicicleta y aeróbicos… todos ellos contribuyen a subir los niveles de colesterol bueno.

Deja de fumar

Se ha comprobado que dejar este mal hábito reduce los niveles de colesterol malo e incrementa los niveles del colesterol bueno.
hipertensión

Hipertensión

Es una enfermedad crónica que se caracteriza por un incremento continuo de las cifras de la presión sanguínea en las arterias. ¿Las consecuencias? Las arterias se van endureciendo, se hacen más gruesas y se va dificultando el paso de la sangre a través de ellas.

Además, la hipertensión también hace trabajar más al corazón y, al igual que cualquier otro músculo del cuerpo que se someta a exceso de ejercicio, este aumenta de tamaño para poder realizar el trabajo adicional. Cuanto más grande sea el corazón, más sangre rica en oxígeno necesitará, pero menos podrá mantener una circulación adecuada, por lo que pueden producirse accidentes cerebrovasculares.

Valores adecuados

Los niveles de hipertensión deben mantenerse en 120/80 mm Hg.

Causas

Sobrepeso: Cuanto más pesas, más sangre necesitas para suministrar oxígeno y nutrientes a tus tejidos. Por ello, a medida que aumenta el volumen de sangre que circula a través de los vasos sanguíneos, también lo hace la presión sobre las paredes arteriales.

Malos hábitos: Beber, fumar o la vida sedentaria aumentan el riesgo de sufrirla.

La edad: El riesgo de presión arterial alta aumenta con la edad. También los hombres son más propensos que las mujeres.

¿Qué hacer?

Come bien: Lo mejor es llevar una alimentación saludable que contenga cereales integrales, frutas y verduras. Además, es fundamental evitar el alcohol y el tabaco.

Controla el estrés: Cuando estamos estresados nuestro ritmo cardíaco se acelera, esto se debe a que el organismo libera adrenalina para poder mantenernos en guardia. Por ello, es importante que encuentres la manera de relajarte.

Duerme lo suficiente: Cuando duermes, tu presión baja ya que el corazón se relaja. De hecho, está demostrado que el riesgo de hipertensión puede aumentar un 37% si se duerme una hora menos de lo que se debería.
diabetes

Diabetes

La insulina es una hormona segregada por el páncreas que actúa como una llave que permite que la glucosa de los alimentos que tomamos pase de la sangre a las células del cuerpo para producir energía.

La diabetes aparece cuando el páncreas no puede producir insulina o cuando el cuerpo no hace un buen uso de la que produce. Esto puede conllevar consecuencias muy graves, ya que la diabetes favorece la acumulación de grasa en las arterias, lo que puede afectar al corazón, el cerebro y las extremidades.

Además, los altos niveles de azúcar en la sangre dañan los vasos sanguíneos de la parte posterior del ojo y si no se detecta y se trata a tiempo, puede conducir a la ceguera. Pero no solo eso, el azúcar en la sangre también puede afectar a los riñones y llegar a causar insuficiencia renal.

Tipos de diabetes

Diabetes Tipo 1

Se identifica con aquella que necesita insulina, y afecta a niños y jóvenes. Aparece de manera abrupta, y se asocia a síntomas como beber mucho, orinar con frecuencia y perder peso.

Diabetes Tipo 2

Se vincula a una mayor edad, los 30 o 35 años, pero irrumpe con más fuerza en la década de los 60. Al tener muy pocos síntomas se descubre en muchas ocasiones de forma casual.

Valores adecuados: La diabetes debe estar entre 60 y 110.

Causas

Sobrepeso: También la presión arterial, el colesterol elevado, llevar una vida sedentaria o si tienes hábitos poco saludables como el tabaquismo influyen en su aparición.

Antecedentes de familiares: El riesgo de sufrirla aumenta considerablemente si un familiar cercano también la tiene.

¿Qué hacer?

Que no te falte magnesio

Este mineral ejerce un papel importante en la producción de proteínas y contribuye a regular los niveles de glucosa sanguíneos, ya que interviene en el metabolismo de la insulina. Entre los alimentos ricos en magnesio se encuentran las nueces, las espinacas, el brócoli y el chocolate negro.

Toma más fibra

Consumir 30 gramos de fibra al día es fundamental, ya que ayuda a hacer más lenta la absorción de los hidratos de carbono en el intestino, es decir, ayuda a controlar mejor la glucemia.

Haz deporte

Cuando practicas ejercicio, los músculos utilizan azúcar como fuente de energía. Por ello, moverte de forma regular también ayuda a que el organismo use la insulina de manera más eficaz. Nadar, correr, caminar… ¡No hay excusas!