El cambio climático ha aumentado de manera significativa la probabilidad de que las abejas
se extingan en algunas zonas de América del Norte y de Europa. La pérdida de estos
polinizadores, debida en parte a las temperaturas extremas y las constantes
fluctuaciones medioambientales, podría tener graves consecuencias para los
ecosistemas y la agricultura.

Una investigación llevada a cabo hace cinco años ya mostró cómo el calentamiento global
había reducido el hábitat de las abejas en estas dos regiones del planeta. Sin embargo, es
difícil separar los efectos directos del cambio climático sobre las posibilidades de extinción
local de las abejas en otras latitudes.

La progresiva desaparición de las abejas
Lo que sí es cierto es que el número de abejas está disminuyendo en todo el mundo.
Según los últimos estudios, en América del Norte es un 50% más complicado ver a una
abeja en cualquier parte que antes de 1974. Además, varias especies que en su momento
eran muy comunes, han desaparecido y se han extinguido por completo.

Este declive, según un artículo publicado recientemente en la revista Science, se debe en
buena medida al cambio climático. Los científicos han descubierto que las zonas que han
experimentado cambios de temperatura más extremos en las últimas décadas han perdido
una mayor cantidad de abejas. En Europa, por ejemplo, su número ha decrecido en un 17% con respecto a principios del siglo XX.

La desaparición de las abejas de estas regiones no tiene por qué significar que hayan
muerto. Estos animales, debido al caos climático, también han podido optar por mudarse a
otro lugar para encontrar un hábitat más soportable. Y es que los impactos indirectos que se producen en la vegetación y las flores debido a las temperaturas extremas también pueden provocar que las abejas se mueran de hambre.

Un problema ambiental y económico
Las abejas solo suelen vivir un año como máximo. Las abejas reinas a menudo pasan el
invierno en el suelo o entre la hojarasca. Esto hace que se vuelvan todavía más vulnerables
a los cambios de temperatura, sobre todo cuando el hielo se derrite y se vuelve a congelar
durante una misma estación del año.

La disminución en el número de abejas es muy peligrosa para el medio ambiente. No en
vano, los efectos polinizadores de estos insectos son necesarios para que muchas plantas
con flores se puedan reproducir.

Al mismo tiempo, también podría acarrear problemas económicos. Según un reciente
estudio, las abejas contribuyen con más de 15.000 millones de dólares a la economía de
Estados Unidos al polinizar los cultivos.