El dolor crónico puede afectar gravemente la vida de quienes lo sufren. Entenderlo es el primer paso para conseguir mantenerlo bajo control y ganar en calidad de vida. ASESOR: Daniel Molina, Educador físico y director del centro Analítica Muscular www.analiticamuscular.com


¿Cuándo el dolor se prolonga en el tiempo, es crónico? Nos gustaría decir menos, pero la verdad es que ocho millones de españoles sufren algún tipo de dolor crónico.

Quizás eso parezca lo peor, pero la gravedad del asunto llega cuando no siempre reciben todas las respuestas o tratamientos que necesitan para sobrellevarlo. “Esta es una de las grandes razones por las que la existencia de espacios y centros dedicados a tratar el dolor, escuchar, comprender y ayudar a los pacientes resulta una auténtica necesidad.

A veces ir a la consulta del médico de cabeza no es suficiente, y creemos fundamental una ayuda 360º a todos los niveles que mejore su corrector abordaje”, explica Daniel Molina, educador físico y director del centro Analítica Muscular.

El dolor es una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada (o no) a una lesión tisular.

Esa experiencia es absolutamente subjetiva y no se puede comparar entre personas. El dolor se puede clasificar en agudo o crónico: el agudo es el dolor que percibes en los tres primeros meses, pero a partir de ese momento el dolor se convierte en persistente o crónico.

Éste se caracteriza porque suele afectar en todos los aspectos: físicamente, laboralmente (ha llegado a ser uno de los principales motivos de absentismo laboral) y socialmente. La persona que lo sufre llega a sentirse incapacitada e incluso comienza a aislarse pudiendo llegar a entrar en un estado depresivo.

Las causas más comunes vienen por problemas degenerativos, por enfermedades tumorales o autoinmunes y por secuelas de accidentes de tráfico.

A menudo el dolor crónico va acompañado de incertidumbre, de cosas que no llegamos a entender y, por lo tanto, tampoco podemos explicar. Por esta razón muchas personas se encuentran pérdidas, acuden a diferentes consultas y llegan a sus casas incomprendidos y sin saber cómo proceder.

El dolor es real y siempre personal.

Hay que identificarlo como un mecanismo de protección tremendamente importante, que se da ante una amenaza percibida. Cuando el dolor persiste y sientes que está arruinando tu vida, es difícil imaginar que pueda servir para algo útil. Pero incluso en esas situaciones duele, porque el cerebro, de forma inconsciente, ha llegado a la conclusión de que estás bajo amenaza o en peligro.

El dolor puede estar influenciado por cosas que ves, escuchas, hueles, saboreas y tocas, cosas que dices, cosas que piensas y que crees, cosas que haces, sitios a los que vas, experiencias previas, situaciones de estrés, gente en tu vida y cosas que ocurren en tu cuerpo.

Conocer bien tu dolor es clave para lograr controlarlo

Aunque el dolor crónico sigue siendo un auténtico desconocido, las investigaciones han avanzado mucho en los últimos años. Aprender sobre tu dolor, entender cómo funciona y las razones que quizás te hayan llevado a esta situación es muy importante para hacer que tu dolor sea menor.

La clave es aprender sobre el dolor, ya que su conocimiento puede ayudar al individuo y a la sociedad. Cuando entiendes por qué duele, duele menos, porque el dolor implica una actividad cerebral distribuida, no hay un único ‘centro del dolor’ en el cerebro. El dolor necesariamente involucra muchas áreas cerebrales a lo largo del tiempo.

Cualquier situación de dolor puede mejorar.

Los cambios en el sistema nervioso se están produciendo de forma normal a lo largo de toda la vida. Si el dolor persistente tiene que ver bastante con cambios que se producen en el cerebro, pero esos cambios son reversibles.

Solemos equivocarnos y pensar que el ejercicio elevará los niveles de dolor, pero se ha
demostrado que una actividad física habitual, hoy en día es la mejor solución para revertir las situaciones de dolor crónico.

El objetivo es, mediante la actividad, desarrollar tolerancia al movimiento y la adaptabilidad del sistema músculo-esquelético en su totalidad y aumentar la habilidad del sistema nervioso.

Debemos ser coherentes con el proceso de recuperación y no entenderlo como un manual, si no como una guía. Es fundamental entender que a pesar de la denominación de crónico, el dolor no tiene porqué ser para toda la vida. Entender nuestro propio dolor y practicar ejercicio de forma personalizada, son las dos herramientas más útiles para plantarle cara.