Inmunoterapia, medicina personalizada y su combinación con los agentes clásicos: tres vías que suponen la gran promesa en el abordaje de esta enfermedad.


En estas tres décadas se ha apostado más por las cirugías conservadoras y menor intervención sobre la axila, evitando complicaciones y mejorando la calidad de vida de las mujeres con cáncer de mama.

En esta línea de maximizar la ecuación riesgo/beneficio de cada tratamiento, el test de expresión génica de 21 genes ha demostrado que muchas mujeres con cáncer de mama con ganglios axilares negativos y receptores hormonales positivos pueden evitar la quimioterapia sin que impacte en sus resultados oncológicos.

Cada uno de estos avances ha supuesto una mejora de un 2-3% en la tasa de recaídas, que se traduce, teniendo en cuenta los más de 26.000 casos al año de cáncer de mama en España, en que 260 mujeres menos recaigan de su enfermedad y puedan disfrutar de una mejor calidad de vida con reincorporación plena a su vida social y laboral.

Inmunoterapia, medicina personalizada y su combinación con los agentes clásicos: tres vías que suponen la gran promesa en el abordaje de esta enfermedad

Tratamientos de última generación

La inmunoterapia o terapia biológica, hace que el sistema inmunitario del organismo produzca más glóbulos blancos o linfocitos. Tenemos dos tipos de linfocitos que atacan y destruyen las células cancerosas, las células T y las B. Con la inmunoterapia lo que se pretende es estimular la capacidad de células T y linfocitos B para eliminar el cáncer. Esta terapia se puede utilizar en combinación con cirugía, quimioterapia y radioterapia.

La radioinmunoterapia usa anticuerpos radiomarcados para administrar de forma directa radiación al lugar del cáncer.

Los anticuerpos son proteínas específicas producidas por el organismo para contrarrestar la presencia de antígenos, considerados sustancias extrañas por el sistema inmunitario. Cuando se inyectan en el organismo, buscan células cancerígenas que son destruidas por la radiación, y de esta forma se puede minimizar el riesgo de destruir células sanas. También se está investigando la hipertermia, ya que se ha descubierto que la combinación de calor y radiación puede aumentar la rapidez con la que algunos tumores reaccionan.

El tamoxifeno, es un fármaco que fue desarrollado hace 20 años y que ha supuesto un gran avance en el tratamiento de cáncer de mama. Se trata del modulador selectivo de los receptores de estrógenos más utilizados en mujeres con tumores malignos de mama premenopáusicas. Bloquea la acción del estrógeno en el tejido mamario.

Tomado durante 5 años consigue reducir entre un 30 y un 50% el riesgo de que se forme un nuevo tumor en la otra mama en mujeres premenopáusicas. También se utiliza para detener el crecimiento de tumores de mama con receptores hormonales positivos en estado avanzado cuando hay metástasis.

Un estudio presentado en el Simposio sobre el cáncer de mama en San Antonio, Texas, Estados Unidos, y publicado en la revista The Lancet, asegura que las mujeres que toman tamoxifeno como terapia adyuvante durante 10 años después del tratamiento primario, experimentaron una mayor reducción de las recidivas de cáncer de mama y de muertes por esta enfermedad, que si lo tomaban solo durante cinco años.

Inhibidores de aromatasa. Existen tres: anastrozol, letrozol y exemestano. Según los expertos, un inhibidor de la aromatasa es mejor para el tratamiento de cáncer de mama en estadio temprano con receptores hormonales positivos en mujeres postmenopáusicas, y los efectos secundarios son menores que los del tamoxifeno.

Pasar a un inhibidor de la aromatasa después de dos o tres años de tamoxifeno hasta cumplir cinco años en total de tratamiento tienen mejores beneficios que tomar durante cinco años tamoxifeno. Utilizar un inhibidor de la aromatasa cinco años después de haber tomado durante cinco años tamoxifeno, reduce considerablemente el riesgo de recurrencia del cáncer de mama.