Al llegar el otoño el frío comienza a ser más extremado, y las raíces de los árboles de
hoja caduca no pueden trabajar tan activamente como sí ocurre durante el verano.

Aun así, las hojas continúan eliminando agua, sin recibir, a cambio, un acopio equivalente al que eliminan; es por eso que, faltas de alimentos, las hojas mueran, lo que resulta un beneficio para la planta, porque no teniendo que alimentar esos órganos, puede conservarse viva con el escaso alimento de que dispone.

Uno de los reproches que se hacen cuando se habla del otoño es que durante esa
estación las hojas amarillean, secan y caen, dejando las ramas desnudas.

Esto es sin embargo, una bendición para los arboles de hoja caduca, pues por cada hoja caída, el árbol tendrá en la próxima primavera un ramo de hojas nuevas o una flor que equivale casi siempre a un fruto.

Las hojas tienen a su cargo tareas muy complicadas y variadas, del cumplimiento de las
cuales depende la vida de la planta.

Una de ellas es precisamente la de caer en otoño, reconcentrando la vida en la rama
que hasta entonces la sustentaba.

¿Por qué caen las hojas?
He aquí una cuestión muy interesante en la que hay que ver algo más que el simple
hecho observado.

Cualquiera que haya cultivado narcisos, jacintos u otra planta de bulbo, habrá
observado que después de florecer, las hojas empiezan a marchitarse, amarillean y al
fin caen.

Una vez esto ha ocurrido, al sacar las cebollas de la tierra, se observa que están frescas
y llenas.

Y si se las conserva en un lugar seco, se podrán obtener de ellas nuevas plantas en el
otoño siguiente.

Pero si hacemos la prueba de sacar una cebolla de la tierra cuando las hojas están
todavía verdes y la comparamos con las otras, comprobaremos que esta presenta un
menor desarrollo y un aspecto menos fresco que las otras. Si la colocamos además de
nuevo en tierra, dará una planta mezquina, en caso de que llegue a producirse.

Por otra parte, si a una planta cualquiera, en todo su vigor, se le quita las hojas a
medida que brotan, es seguro que o morirá o crecerá raquítica.

Las hojas que se secan y caen, dejan en la planta a la que pertenecieron su propia
substancia; es por tanto, que devuelven, por así decirlo, a la planta, lo que de ella
anteriormente tomaron.

Como si los árboles de hoja caduca ya supieran lo que le conviene, cada año, al llegar
el otoño, realizan la labor de desprenderse de sus hojas. Para ello elaboran una
substancia muy parecida al corcho, con la que forman una lámina entre el pecíolo de la
hoja y la rama.

De esta manera, los jugos de la rama no pueden pasar de ésta a aquélla.

Al verse privada de esta manera del alimento, la hoja pierde su color verde, se seca y
cae.

La herida que deja podría ser perjudicial a los tejidos del árbol, porque las lluvias y el
frío penetrarían directamente sobre ella, pero la lámina de corcho se encarga de
proteger, cerrando la entrada a los agentes externos.

No teniendo ya hojas que alimentar, el árbol guarda toda su savia, y aunque podría
creerse que está en un estado de letargo, no es así: su actividad continúa durante el
otoño y el invierno.

Allí donde cayeron las hojas, crecen las yemas entonces en esos árboles de hoja
caduca, para que el ciclo vuelva a iniciarse, al compás del paso de las estaciones.