Son los pilares fundamentales de nuestro movimiento y equilibrio, por lo que es imprescindible prestar atención a sus necesidades y cuidados.


Los pies son el sustento de nuestro cuerpo. Y, aunque una parte de su estado depende de cuestiones genéticas, hay aspectos que podemos ir cuidando desde pequeños y que nos permitirán mantenerlos sanos incluso siendo mayores.

La salud en nuestros pies nos garantiza autonomía, mejor calidad de vida y evitar que se vea reducida nuestra movilidad. Toma nota y dales desde ya la importancia que se merecen.

Señales de alarma

No todas las patologías de los pies conllevan cursar dolor o molestias. Un ejemplo son las manchas en la piel, deformidades no dolorosas o infecciones que pueden no presentar picor.

Por eso son tan importantes las revisiones por parte de un profesional de la podología. Otros síntomas que pueden indicar problemas de salud en los miembros inferiores son molestias en los tobillos, las rodillas, en el antepié o los talones.

“Si observamos que desgastamos el calzado de forma irregular o que rallamos los contrafuertes internos, también es importante acudir al podólogo, porque es síntoma de que nuestros pies no están correctamente alineados y, probablemente, será necesario aplicar un tratamiento para corregir las descompensaciones en la pisada”, explica Maite García, presidenta del Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana (ICOPCV).

Los pies según cada época de la vida

  1. La primera etapa es la que va desde el crecimiento a la pubertad. En ese tiempo es muy importante realizar una revisión anual, porque mientras el pie crece se pueden corregir deformidades de forma no invasiva. De hecho, se pueden corregir vicios y cambiar costumbre en los pies de los niños simplemente eligiendo correctamente el calzado. Además, si un niño necesita tratamiento, será mucho más efectivo que en el adulto. En el caso de estos últimos, más que correctores son paliativos.
  2. La segunda etapa contempla desde la adolescencia hasta los 50 años. En este caso, es relevante realizar revisiones periódicas, principalmente si se practica algún tipo de deporte o se usa un calzado específico para trabajar. En esta etapa hay que prestar mucha atención a realizar un buen corte de las uñas, revisar la piel cada cierto tiempo, secarlos bien tras la ducha y observar si se ha producido algún tipo de lesión, porque es la fase en la que comienzan a aparecer las deformidades. En este caso, se deberá acudir al podólogo al menor signo que se detecte.
  3. La tercera etapa se da a partir de los 50 años, que es cuando comienzan los procesos de degeneración. En este momento, realizar revisiones anuales y el mantenimiento adecuado, serán esenciales para evitar patologías que podrían limitar la movilidad de las personas, ya que si aparece dolor dejan de caminar y a edades avanzadas puede suponer un problema de sedentarismo que afecte a la salud y a la calidad de vida de la persona.

Recomendaciones de los expertos

  • Mantén un peso saludable. Los pies sostienen todo nuestro cuerpo y el exceso repercute directamente en ellos afectando a las fascias y a los músculos, además de conllevar otros problemas como dificultad del retorno venoso.
  • Hidrata en profundidad. Es fundamental para que la piel esté nutrida y la parte que se somete a roces del calzado no se desvitalice. Lo ideal es hidratar los pies cada día después de la ducha.
  • Haz un secado exhaustivo. Es clave secar bien los pies después del baño (especialmente entre los dedos) así como cambiar los calcetines con frecuencia y evitar utilizar calzado de material sintético.
  • Realiza un corte de uñas correcto. Recto y limpio, que no queden irregularidades en los bordes. E intenta que no sea al ras del dedo, deja un par de milímetros como mínimo.

Los zapatos importan

Cuando andamos, nuestros pies están cumpliendo unas funciones que son imprescindibles que los zapatos respeten y apoyen. Además de adaptarse a la forma del pie, deben hacerlo a nuestros movimientos fisiológicos, sin entorpecerlos.

Para ello, la estructura del zapato debe ser funcional: lo más ligero posible, contar con una buena flexibilidad y tener un correcto apoyo en el talón y la zona metatarsal.