Hambre emocional
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Cómo evitar el hambre emocional para no engordar después de las fiestas

Investigaciones muestran que la adicción a los alimentos altamente apetecibles se ve muy afectada por la impulsividad y el estado de ánimo

Es normal que esta época, debido al ajetreo de fiestas y celebraciones familiares, cargada de altibajos emocionales,  nos encontremos dándonos atracones ya de por sí comunes en Navidad, pero también por necesidad emociona.

Como su nombre indica, el hambre emocional es impulsado por nuestras emociones y no necesariamente tiene que ir acompañado de un hambre físico; se produce cuando hacemos uso de la comida como herramienta con la cual gestionar nuestras emociones como tirita para afrontar, evadir o tapar problemas que nos producen un descontrol y malestar.

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¿Qué podemos hacer para evitar el hambre emocional?

Consciencia autocompasiva. Tener presente, lo que nos ocurre para poder así comenzar a trabajar en ello. Con esto queremos decir, ser capaces de identificar un malestar y ser conocedores del mismo desde un punto de vista objetivo y asertivo, sin menospreciarnos o hacernos de menos, queriendo aliviarlo y ponerle solución.

Escuchar a las señales de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es sabio y está constantemente enviándonos señales. Una vez que estamos abiertos al cambio, debemos escucharlas. Esos breves y sabios consejos que nos envía nuestro cuerpo para damos la oportunidad de parar ante esa hambre emocional, e indagar y relacionar aspectos pudiendo buscar soluciones adaptadas a nuestras necesidades.

Diferenciar entre hambre emocional y física. Es imprescindible saber identificar y diferenciar entre ambas para poder trabajar sobre ellas.

Di adiós a las etiquetas.  Lo tenemos tan interiorizado que puede parecer una tontería, pero nos pasamos los días poniendo etiquetas a los alimentos como sanos o no sanos. Y no se debe resumir toda la alimentación a ese simple etiquetado, este pensamiento clasificador en dos categorías opuestas en relación con los alimentos suele generar malestar y nos hace focalizarnos en la falsa idea de la búsqueda de alimentos perfectos que no existen y puede llevar a producirnos frustración.

La estrecha relación entre la comida y las emociones

Además de estos dos circuitos, también influye la parte emocional, ya que hay una relación muy directa entre emociones e ingesta. Como explica Marta Calderero, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, las investigaciones muestran que la adicción a los alimentos altamente apetecibles se ve muy afectada por la impulsividad y el estado de ánimo. “El estrés crónico puede afectar negativamente al funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, influyendo así en el comportamiento alimentario y aumentando el deseo de consumir alimentos muy apetecibles”, indica

Cuando se consume este tipo de alimentos poco saludables “intentamos regular nuestro malestar emocional. Según un estudio realizado por psicólogos neerlandeses, las personas que más tienden a responder de esta manera no cuentan con estrategias de regulación emocional efectivas”, señala la profesora de la UOC añadiendo que  la ira y la tristeza, junto con las emociones negativas relacionadas con experiencias interpersonales como la decepción, sentirse herido o la soledad, parecen ser un antecedente de los atracones especialmente cuando se sufre ansiedad.

¿No puedes tú sola? Pide ayuda profesional

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Sabemos que lo que os pedimos no es fácil y menos en estas fechas, ya que quizás te toque compartir asiento con un familiar con el que no te lleves o quizás tener que organizar todos los preparativos de navidad a la vez que trabajar en un puesto sometido a mucho estrés, son infinitas las posibilidades.

Si tú no puedes sola, debes saber que hay expertos que ofrecen consulta presencial u online para poder darte el asesoramiento nutricional que necesitas. En 'Nutrium', por ejemplo, cuentan con personas expertas en salud, desde especialistas en alimentación hasta en psicología, que se ocupan de hacer un seguimiento personalizado en función del estado físico y emocional de cada paciente.

Paula Fernández, Directora de Nutrium, dietista y nutricionista, tiene claro que el primero paso es: "saber identificar las emociones que nos invaden y trabajar sobre ellas para saber gestionarlas de forma correcta".

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