Según cuentan las estadísticas, 8 de cada 10 personas fracasan en su intento de hacer dieta. En ello influyen muchos factores pero, en contra de la creencia generalizada, la fuerza de voluntad no es la clave. Según los que más saben de salud, diferentes sistemas cerebrales pueden determinar el éxito o el fracaso a la hora de cumplir el objetivo de seguir una alimentación saludable o alcanzar el peso ideal a través de una dieta.

Y es que diferentes zonas de nuestro se activan cuando algo nos gusta porque supone un estímulo que nos gratifica y activa el sustrato nervioso del refuerzo. «Muchos alimentos generan la activación de ese sustrato. El que más, LA GLUCOSA». Es el equivalente a la activación que provoca la cocaína. Entre otras sustancias se liberan dopamina y serotonina”, señala Diego Redolar-Ripoll, subdirector de investigación de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

Y en muchas ocasiones la gente es incapaz de controlar lo que come porque tienen ‘el sistema de refuerzo’ descontrolado y las personas se dejan llevar exclusivamente por él, por lo que no tienen control sobre su propia conducta, algo que ocurre en otras adicciones. Pero aumentando la activación de la corteza prefrontal dorsolateral se consiguen dos cosas: que tengan más control sobre su propia conducta y que disminuya el deseo por el alimento que se quiere evitar”, explica.

Identificar las emociones es clave para entrenar el cerebro

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“¿Cómo te sientes cuándo te entran unas ganas atroces de comer a deshoras? ¿Aburrido, estresado, triste? Determinar si realmente tienes hambre o sólo comes para dejar atrás una emoción es clave”, señala Marta Calderero, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. Si lo que sucede es que la persona se siente mal, es vital encontrar otras conductas alternativas más saludables que la ayuden a sentirse bien, como buscar apoyo en seres queridos o hacer deporte.

Practicar la alimentación «consciente»

“Las investigaciones demuestran que las personas con problemas de alimentación no suelen prestar atención a si realmente tienen hambre cuando comen”, advierte la profesora colaboradora de la UOC. En ellas, puede resultar eficaz el mindful eating, a través del que se logra aumentar la conciencia durante la comida percibiendo realmente los niveles de hambre. También se aconseja limitar la comida que se pone en la mesa porque ayuda a que el cerebro gestione mejor la sensación de saciedad.

Romper asociaciones con la comida

“Casi todos asociamos ciertas experiencias o actividades cotidianas con comportamientos. Por ejemplo, comer mientras vemos la televisión día tras día”, indica Calderero. De esa forma se crea una asociación que hará que al estar delante de la tele entren ganas de comer. Es muy recomendable identificar esas asociaciones y romperlas. “Se pueden crear asociaciones positivas con una luz y música suaves. Ayudará a relajarse y reducir el malestar emocional”, recomienda.

Dejar alimentos poco saludables fuera de la vista

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Otro consejo de los expertos es mantener a la vista únicamente alimentos saludables como fruta o verdura, de forma que, en caso de que se quiera comer algo, se tome la opción de consumir productos más beneficiosos para cumplir el objetivo de seguir una dieta equilibrada. “Esto hará que, aunque no los estés comiendo en ese momento, tomes decisiones más saludables”, explica la profesora colaboradora de la UOC.