A lo largo de nuestra vida utilizamos multitud de cosméticos que, a veces sin saberlo, están llenos de tóxicos. Su acumulación en la piel puede acabar provocando problemas. ¡Protégete!


En las últimas décadas, la producción de sustancias químicas ha aumentado a gran velocidad, y los tóxicos están presentes en casi todo lo que nos rodea. ¿Los desencadenantes? La producción industrial, junto con un consumismo a gran escala. Cierto es que la variedad de productos que tenemos al alcance nos hace la vida mucho más cómoda, pero quizás deberíamos empezar a pensar en invertir un poco más de tiempo y ganar salud.

Ojo a los cosméticos

La polución, los alimentos ultraprocesados, los cosméticos que no respetan la piel o el agua contaminada son algunos de los factores que afectan a nuestro sistema nervioso central y al sistema inmunológico, por lo que reaccionamos con una sensibilidad más extrema dejando a nuestro organismo vulnerable.

El uso de cosméticos está a la orden del día y admitámoslo, si somos mujeres el número de productos cosméticos aumenta. Esta rutina forma parte de nuestra vida desde hace mucho tiempo y, sin embargo, pocas veces nos hemos parado a pensar qué sustancias contienen en su formulación este tipo de productos.

No hablamos solo de cremas o maquillaje: el gel de baño, el champú e incluso los productos de desinfección con los que entramos en contacto a diario también tienen alguna que otra sustancia dañina para nuestra piel.

Es importante conocer algunos de los tóxicos de los cosméticos que podrían dañar la piel e incluso afectar negativamente a nuestra salud en general. Muchos de los compuestos aún no se han analizado minuciosamente, por lo que hablaremos de los que sí o sí debemos empezar a evitar.

1- Parabenos:

Son sustancias empleadas como conservantes en una elevada cantidad de productos de uso diario. Tienen propiedades estrogénicas, por lo que estrecha la posible implicación en ciertas enfermedades, siempre y cuando se abusen de ellos diariamente, pero teniendo otras alternativas mejor no correr el riesgo.

2- Sulfatos:

Su uso más habitual es que actúa como agente de limpieza. No obstante, este compuesto penetra en la piel y causa sequedad e irritación cutánea según la concentración. La versión light de los sulfatos son laurilsulfato de amonio (ALS) o el lauril éter sulfato de sodio (SLES).

3- Metales tóxicos de los cosméticos:

Los encontramos sobre todo en los pintalabios, aunque es cierto que tras un análisis
se determinó una cantidad máxima de plomo en estos productos y se tomaron medidas para eliminar aquellos productos que podían resultar inseguros para la salud.

4- Triclosán:

Se trata de un ingrediente antimicrobiano habitual en desodorantes y productos desinfectantes, dentífricos o colutorios. Su aplicación continuada se relaciona con alergias, asma, alteraciones cardiovasculares, problemas reproductivos y hasta el desarrollo de algunos tipos de cáncer.

5- Ftalatos:

Se asocian a graves problemas de salud, como por ejemplo infertilidad, obesidad, asma, alergias… Se utilizan en una gran variedad de productos, y forman parte de muchos envases de plástico.

Gestos saludables

Es verdad que, nuestro cuerpo es capaz de eliminar parte de todos estos tóxicos que ingerimos por boca o piel, pero no todos, ya que las cifran superan la capacidad que tiene nuestro organismo para ‘defenderse’. Con pequeños cambios en nuestra rutina podemos lograr grandes resultados:

— Consume alimentos orgánicos libres de aditivos y pesticidas. Cuanto más frescos, de temporada y sin manipular, mejor.

— Reduce el uso de envases de plástico para alimentos, ya que los cambios de temperatura provocan la liberación del BPA (Bisfenol A) y de los recubrimientos antiadherentes de ollas y sartenes (PFOS).

— Bebe agua filtrada o mineral en botella de vidrio. La del grifo lleva multitud de contaminantes a los que se les añade cloro y otros productos.

— Sustituye los productos de limpieza por productos ecológicos: (agua con bicarbonato, limón, vinagre…) y ventila mucho tu casa, ya que la contaminación interior es hasta 3 veces superior a la que hay en el exterior debido al polvo doméstico.

— Reduce la exposición a campos electromagnéticos. Apaga por la noche el wifi y los teléfonos, te ayudará a que tu organismo ponga en marcha sus procesos de recuperación.

— Evita los cosméticos con fragancias y componentes químicos. Cremas, champús, geles de ducha, desodorantes, pasta de dientes…