La vida nos pone cada día en multitud de situaciones para conocernos a nosotros mismos, superar barreras y miedos y gestionar nuestras emociones. En definitiva, para crecer como personas. Todos los días, aunque no seamos conscientes de ello, sentimos miedo en algún momento.

El miedo que notamos, en la mayoría de las ocasiones es infundado, no tiene razón de ser, sin embargo, nos parece tan real que nos lo creemos y hasta podemos sentirnos bloqueados ante una situación cotidiana.
¿Has tenido alguna vez miedo a dar una respuesta equivocada? ¿O a hacer el ridículo? ¿A hablar en público? Más sencillo aún, ¿has sentido miedo antes de mandar un mail o hacer una llamada? ¿O a que alguien se sienta ofendido por tu opinión? ¿Miedo a decir “No”? ¿Miedo a decir “Sí”?

Son algunas de las situaciones cotidianas de miedo no real que podemos superar observando el escenario desde otro punto de vista y buscando opciones reales y fáciles para salir de ese bloqueo y seguir avanzando. Porque, ¿qué más da lo que piense la otra persona de ti si estás dando una opinión sincera, cariñosa y sin intención de hacer daño a nadie? ¿Qué es lo peor que puede pasar si dices “No”?

Pero , ¿y si el miedo es real? ¿cómo puedes gestionarlo? Cuando te encuentras en una situación donde crees que peligra realmente tu vida también puedes gestionar tu mente para dejar el miedo a un lado.

Brasil, noviembre 2019.

Me encanta el deporte y compito de manera amateur en carreras de larga distancia. En julio de 2018 hice un triatlón de larga distancia (3800km nadando, 180 bicicleta, 42 corriendo) y ahora estoy entrenando para hacer en Mallorca el 25 de abril de 2020 una carrera de 220 kilómetros en bicicleta con 4000m de desnivel.
También me gustan mucho los deportes en el mar y me apasiona particularmente el kitesurf. Hace unos días estaba practicando kitesurf en Jericoacoara, al nordeste de Brasil cuando me encontré en una situación de miedo real y hoy quiero compartir contigo mi experiencia.

Brasil es uno de los paraísos del kitesurf del mundo. Lo que hacemos allí son “downwinds” que consiste en navegar a sotavento, es decir, dejándote llevar por el viento. Por seguridad, una persona experta en kitesurf nos acompaña en el agua para guiarnos e indicarnos si hay algún peligro o dificultad y otra persona conduce en paralelo a nosotros un buggy por la playa, vigilándonos y estando atengo a nuestras necesidades.

Si se rompe una cometa o alguien se encuentra mal o cansado, puede salir del agua y llegar al destino en el buggy.

Ese día hacía poco viento, no era suficiente para navegar y el monitor nos había advertido de la dificultad de hacer el downwind en esas condiciones, ya que el viento podía parar en cualquier momento y quedarnos “tirados” en el mar.

Salimos igualmente. Todo iba bien hasta que realmente era difícil para mí mantener la cometa arriba por la falta de viento y cayó al agua. El problema de que se caiga con muy poco viento es que no es fácil levantarla y menos aún cuando estás a una milla de la costa y en un país desconocido ya que, en esos momentos, la mente entra en un estado de estrés y ha de ser gestionada de manera impecable para no dejar que la situación vaya a peor, sino volver a tener el objetivo en mente y buscar opciones para  alcanzarlo.

Después de 10 minutos tratando de levantar la cometa, respirando y concentrándome en mi misión, vi algo a mi lado, a dos metros de mí que hizo que sintiera como todo mi cuerpo se encogía. Era una aleta negra pasando por mi lado a dos metros de mí. Vi claramente cómo su movimiento era en línea recta y pensé que era un tiburón.

Giré la cabeza rápidamente hacia otro lado para dejar de verlo y me subí en la tabla de surf. Observé como mis piernas colgaban ya que tumbada no quepo entera en la tabla. ¿Y si me arranca las piernas? Pensé. Mi respiración estaba acelerada, mi cuerpo rígido, mi corazón a mil. Me di cuenta de que estaba entrando en una situación de estrés físico y mental. Empecé a respirar profundamente para cambiar el estado de mi cuerpo y mis pensamientos.

Comencé a tranquilizarme y a pensar que no sabía que animal era, que podía ser inofensivo o que se iría de allí enseguida, que no pasaba nada. Encontrarme en esa situación no era nada alentador, sino todo lo contrario, sin embargo, centré mi mente en tomar el control desde mí. Confiaba que el monitor se habría dado cuenta de que llevábamos allí ya 30 minutos y que habría ido con el buggy a pedir ayuda.

Miré al cielo mientras respiraba y pedí que un ángel viniera a ayudarme lo antes posible, que quería salir de allí. Recuerdo que di un grito muy fuerte para desahogarme y me sentó muy bien. Empecé a pensar en afirmaciones positivas como “Estoy a salvo”, “Están viniendo a buscarme y llegan enseguida”, “Me encuentro tranquila y segura”.

Igualmente, pensé de manera muy consciente que si en ese momento mi vida se acababa, también estaba bien así. Tengo una total confianza en la vida y en sus planes para mí. Si el plan en ese momento era que me devorara un animal en el mar lo aceptaba con total confianza, teniendo la clara certeza de la vida siempre me ofrecía lo mejor para mí.

Después de 45 minutos esperando llegaron a recogernos. Éramos dos y mi compañero de aventura que tenía más años de experiencia en kitesurf que yo y llevaba una cometa más grande que la mía, había conseguido mantener su cometa arriba así que él se fue a la costa navegando y yo me subí en la barca. Estaba a salvo.
Dicen que en Brasil no hay tiburones ni animales peligrosos cerca de la costa. Este, desde luego, peligroso no fue. Es verdad que también decían hace dos años que era imposible que hubiera una ballena a 100 metros de la costa y yo la vi mientras hacía kitesurf en octubre de 2017.

En ese momento mi cometa estaba volando y aceleré todo lo que pude para llegar a la costa rápidamente y estar a salvo. Al día siguiente salió en todos los periódicos que una ballena despistada se había acercado a 100 metros de la costa de Brasil.

Las cosas son imposibles hasta que suceden, por eso todo es posible y hay que contemplar siempre todas las posibilidades y, al mismo tiempo enfocarnos en la que más nos conviene. Una ballena no es peligrosa, sin embargo, te aseguro que verla a 100 metros impresiona.

¿Y si abre la boca para tragar agua y me traga a mí también? Mi experiencia me dice que toda situación imposible es posible aunque siempre me quedo con la opción más optimista que es la que más me conviene.

No la vemos ni la sentimos, sin embargo, la muerte está permanentemente acompañándonos, apoyada en nuestro hombro izquierdo. Cada día hemos de pensar un poco en la muerte, aunque sea por unos instantes y así prepararnos para algo que va a suceder sí o sí…

Para mí mi propia muerte no es algo dramático, simplemente es un paso más de la vida que llegará en el momento adecuado. Mi deseo es que venga a buscarme lo más tarde posible ya que me apasiona vivir y tengo muchos planes aún por hacer y disfrutar, comprometida en una misión que completar cada día que sale el sol.

Para superar el miedo no real, cada día haz algo que te haga sentir inseguro, que te asuste un poco, así es cómo estás practicando el desbloqueo mental que surge en esas ocasiones ficticias de “miedo no real”.

Si estás en una situación de miedo, pregúntate, ¿puede peligrar mi vida? Si la respuesta es “No”, sigue adelante en tu tarea aunque te de miedo, con confianza. Y si la respuesta es “Sí” pide ayuda, respira, utiliza afirmaciones positivas y confía en la vida que siempre te ofrece lo mejor para ti, para tu crecimiento y evolución como persona.

Para terminar quiero agradecer a la vida que me haya puesto en esta situación límite para aprender y crecer. A la vez, reconozco mi aprendizaje profundo y enriquecedor y decreto que esta experiencia (sumada a algunas otras) me ha ayudado a saber qué es el miedo real y que lo he entendido tan bien que no me es necesario pasar ya más por experiencias similares. GRACIAS.

¡Disfruta de tu día!