En el día a día es posible encontrarse con situaciones de más o menos gravedad en las que saber cómo actuar puede ser fundamental. Si estamos con alguien que se atraganta en una comida, un compañero sufre un bajada de azúcar, o un desmayo, un gesto adecuado puede solucionar el problema y quedar en una simple anécdota.


“Se trata de una enfermedad del sistema nervioso – dice la Dra. Nuria García Barragán, neuróloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal y coordinadora del grupo de epilepsia de la Asociación Madrileña de Neurología -en la que existe una actividad neuronal excesiva en el cerebro, que puede producir convulsiones”.

Un único episodio no implica que la persona padezca epilepsia, cualquiera puede sufrir una crisis en algún momento de su vida.

¿Cómo identificarlo?

“Existen diferentes tipos, el más conocido y grave es aquel que se caracteriza por pérdida de conocimiento, rigidez del cuerpo y convulsiones que pueden afectar a la cara, a los brazos y a las piernas, precedidas, a veces, de un ruido parecido a un ronquido fuerte”. Lo más importante es estar tranquilo y no dejar sola a la persona. Además:

— Ponerla en un sitio seguro, por ejemplo tumbada en el suelo.

— Quitarle las gafas si las llevara y desajustar la ropa que le pueda oprimir.

— Evitar que se golpee la cabeza colocando bajo esta algo que haga de almohada.

— Alejar cualquier objeto con el que pudiera golpearse o dañarse, y fuentes de calor con las que pudiera quemarse.

— No introducir nada en la boca (aunque veamos que le sale sangre) ni administrar medicamentos.

— No sujetar los movimientos.

— Cuando sea posible, colocarlo en la ‘posición de seguridad’, recostado, apoyado sobre el lado derecho.

Lo más frecuente es que las crisis duren unos 2 o 3 minutos, aunque la persona puede quedarse un poco confundida más tiempo. Normalmente no es necesario acudir a urgencias, a no ser que sea el primer ataque que sufre el paciente.

Es fundamental mantener
la calma, ya que una
vez iniciada la crisis,
no la podremos detener

Atragantamiento: ACTÚA CON CALMA Y RÁPIDEZ

¿Qué se puede hacer?

“El atragantamiento es la tercera causa de muerte no natural en España. Fallecen más personas por este motivo que por accidentes de tráfico”, asegura Beatriz Daza. La maniobra de Heimlich de primeros auxilios es una técnica de compresión abdominal para liberar o desobstruir el conducto respiratorio.

“Es una maniobra básica para salvar vidas en caso de asfixia por atragantamiento. Antes de llevar a cabo esta maniobra debemos intentar que la persona que está sufriendo el atragantamiento libere su conducto respiratorio tosiendo. Nunca se debe introducir la mano en la boca para intentar sacar el objeto que está obstruyendo”.

— En posición de pie colocaremos una mano sobre el pecho de la víctima inclinándola ligeramente hacia delante y golpearemos su espalda sobre la zona interescapular, podemos hacerlo unas 5 veces.

— A continuación procederemos con las compresiones abdominales.

— Nos colocamos detrás de la persona y situamos los brazos alrededor suyo por debajo de las axilas. Ponemos nuestro puño hacia adentro entre el ombligo y el extremo inferior del esternón; la otra mano agarrará el puño para poder ejercer las compresiones.

— Empujaremos enérgicamente hacia arriba y hacia adentro hasta 5 veces.

— Alternaremos las palmadas con las compresiones mientras la víctima esté consciente.

De media fallecen en
nuestro país por esta causa cinco personas al día

En el caso de que la víctima del atragantamiento pueda toser, lo mejor es no intervenir, para dejar que el reflejo natural de la tos haga su trabajo y si es un bebé…

Colócalo hacia abajo apoyado en tu antebrazo y sostenle la cabeza con una mano. A continuación, dale 5 palmadas entre los dos omoplatos.

Después, gíralo y realízale 5 compresiones lentas y profundas en el centro del esternón. Alterna las dos maniobras hasta que se produzca la desobstrucción o la llegada de
emergencias.