Las bacterias no lo tienen fácil. Continuamente están tratando de adaptarse a diferentes
ambientes y a los cambios de un entorno que, por lo general, quiere acabar precisamente
con esas bacterias. Es por eso por lo que los investigadores vienen analizando desde hace
tiempo cómo son capaces las bacterias de adaptarse a su entorno.

Hace unos años, un estudio publicado en la revista EMBO Molecular Medicine nos ofrecía
las últimas investigaciones llevadas a cabo referentes a las bacterias y su entorno. Según
se desprende de dicho estudio. las bacterias liberan unas moléculas llamadas
D-aminoácidos que modulan la biosíntesis del peptidoglicano, el componente principal de la
pared celular bacteriana.

La pared bacteriana
Es a través de estas moléculas por lo que las bacterias logran adaptarse perfectamente al
entorno en el que viven. Estas moléculas le permiten crear una pared bacteriana para
protegerse y comunicarse con su entorno. De esta manera, gracias a los D-aminoácidos
pueden sobrevivir en cualquier situación.

La envoltura celular que forman las bacterias a partir de estas moléculas resulta, por tanto,
fundamental cuando las condiciones ambientales se vuelven desfavorables. Esto se puede
producir tanto por falta de nutrientes como por la presencia de antibióticos o cualquier tipo
de estrés. La regulación de la síntesis de esta envoltura celular es clave para la
supervivencia de la bacteria.

Estas situaciones desfavorables son las que provocan que las propias bacterias decidan
detener su crecimiento y no adaptarse así al entorno. Es en este momento cuando las
bacterias liberan D-aminoácidos al ambiente, que se incorporan en la composición del
peptidoglicano. Así toda la población de bacterias se beneficia de estos reguladores.

Las bacterias frente a un entorno hostil
Cuando las bacterias se encuentran en un entorno hostil, se puede decir que dan media
vuelta y de forma aleatoria se desplazan en otra dirección escapando de sus posibles
agresores. Sin embargo, el secreto de todo esto es que parece que la bacteria olvida
rápidamente el estímulo que le ha hecho acelerar en su huida.

Esto último es precisamente lo que provoca que las bacterias vuelvan a su estado normal y
les sea más fácil adaptarse al entorno.

No obstante, hay bacterias que tardan más en olvidar el estímulo de huida, por lo que
tardarán más en recuperar su estado normal y su adaptación al entorno será más lenta.

Al mismo tiempo, el mecanismo mediante el cual los D-aminoácidos modifican la
composición del peptidoglicano está ampliamente conservado en otros tipos bacterianos.
Esto lo que sugiere y deja bien claro a los expertos es que, aunque son muchos los tipos
bacterianos capaces de producir estas moléculas, son más aún aquellos capaces de
responder ante ellas.

Según los especialistas, saber cómo funciona el mecanismo de adaptación de las bacterias
a su entorno nos va a permitir su bloqueo o su reducción. Esto nos llevaría a descubrir
nuevas terapias para combatir aquellas enfermedades causadas por agentes
infecciosos bacterianos.

Para el estudio publicado en la revista EMBO Molecular Medicine se tomó como modelo el
vibrio cholerae, el agente causante del cólera.