Si llevas unos días sintiéndote cansada sin razón aparente, o has notado cierta debilidad en el pelo y las uñas, es posible que un análisis de sangre revele que tus niveles de hierro no están bien. La anemia es una afección común y debilitante que no conviene ignorar, ya que puede indicarnos la existencia de una enfermedad más grave de fondo.

¿Cuáles son las causas de la anemia?

Las causas son varias, y van desde una mala alimentación (seguir una dieta vegetariana muy estricta, no consumir carne roja, beber mucho té, consumir mucha fibra…), tomar medicamentos que impidan su absorción, o tener insuficiencia para absorber el hierro, que se debe principalmente a enfermedades del intestino, como la celiaquía. Aunque la causa más frecuente del déficit de hierro y de la anemia es la pérdida de sangre. De hecho, las mujeres que tienen periodos menstruales largos y abundantes son más proclives a sufrir esta dolencia.

¿Qué síntomas produce?

Dependerán de cómo se desarrolle la enfermedad. Si es leve o moderada, posiblemente no aparezcan signos de primeras. Pero si se presentan, pueden variar entre leves o intensos. Eso sí, sin lugar a dudas, el más común es el cansancio, ya que en el cuerpo no hay suficiente hemoglobina, la proteína rica en hierro que traslada el oxígeno por todo tu cuerpo, lo que también puede provocar arritmias o un aumento del tamaño del corazón. Otros de los síntomas más habituales son las uñas quebradizas, el dolor de cabeza, los problemas a la hora de conciliar el sueño, la irritabilidad, la inflamación de la lengua…

¿Se puede prevenir?

Para prevenir esta enfermedad lo ideal es mantener una dieta saludable y equilibrada. Se precisan entre 8 y 18 mg de hierro al día, según la edad y el sexo. Incluye en tus platos carnes rojas, pescado y marisco. Tampoco olvides consumir vitamina C, ya que ayuda a que el cuerpo absorba bien este mineral. La encontrarás en muchas frutas y verduras. Pero sigue bajando, en concreto hay cuatro alimentos que no pueden faltarte si quieres plantarle cara a la anemia.