Coaching: ¿VIVIR, PARA QUÉ?

Hoy he tenido un sueño. Un sueño muy real. Soñaba con niños maravillosos que vivían sufriendo. Eran niños y niñas de todo el mundo soportando situaciones dolorosas que no habían elegido conscientemente y que sucedían solo por el hecho de haber nacido allí, en esa familia, en ese lugar. Unos sufrían maltratos de sus padres o madres, insultos, vejaciones, daño físico… Otros padecían abusos sexuales, otros hambre… Algunos vivían en prostíbulos, en medio de la basura o en lugares malolientes, donde las ratas eran sus compañeros de juego. Todos tenían algo en común: MIEDO.
Eran niños y niñas que sufrían porque querían ser “normales” y sus vidas no lo eran. Todos eran seres preciosos, llenos de luz y de magia. Seres únicos, irrepetibles, llenos de amor, un amor que no podían ver porque sus ojos estaban llenos de dolor, sufrimiento y lágrimas. Niños y niñas que solo querían jugar y la vida les había colocado en un lugar donde no había juegos, ni alegría, sino obscuridad y vacío. No había nada bonito ni agradable y no entendían el sentido de sus vidas.

Mi sueño continuaba y esos niños se hacían adultos que pensaban que no valían nada como personas, que la vida era sufrimiento, que eran malos, que no eran inteligentes, que nunca podían hacer nada de provecho, que estaban abocados al fracaso y que no merecían ser amados.

Y sentían vergüenza de sí mismos, pensaban que merecían ser desgraciados y que nunca iban a poder cambiar sus vidas. Estaban convencidos de que tenían por delante un futuro terrible, que nunca podrían valerse por sí mismos y que la vida no tenía sentido. Para ellos, el mundo era malo, injusto, un lugar donde jamás podrían ser felices.

Esos niños y niñas, sin embargo, en el fondo de sus corazones sabían que la vida no podía ser solo obscuridad, miedo, angustia, odio, rabia, tristeza… Lo que les ayudaba a sobrevivir era una voz lejana y tenue que les susurraba que había algo más.

Con el paso de los años comprendieron que, haciendo un trabajo intenso y profundo en ellos mismos, podrían deshacerse de todas las creencias que se habían apoderado de ellos a lo largo y ancho de sus vidas. Y así, poder escribir y dibujar una nueva historia, la que ellos querían vivir. De esta manera, empezaron a trabajar en ellos mismos, en su crecimiento personal y en el sentido de sus vidas.

Fue un camino intenso, de un gran aprendizaje y poco a poco cambiaron el “Merezco ser desgraciado” por “Merezco ser feliz” y el “No soy digno de ser amado” por “Soy digno de ser amado”. Y fueron haciéndolo cada uno a su ritmo, paso a paso. Así, aprendieron que eran realmente abundantes y que podían hacer de sus vidas una aventura inspiradora. En el proceso sus caras se iluminaron, sus cuerpos cambiaron de postura, alcanzaron su verdad y sus vidas se transformaron. Y sintieron que eran merecedores y dignos de ser amados.

Y también entendieron que eran seres mágicos que nacieron en el lugar adecuado para hacer de sus vidas unas historias inspiradoras. Estaban preparados para ayudar a otros niños y a otros adultos que pensaban que no eran dignos de ser felices, de ser amados, de vivir en paz y con alegría. Y empezaron a enseñarles que eran seres maravillosos, que eran importantes y que merecían VIVIR. Y el mundo empezó a cambiar y a llenarse de luz, de amor, de paz, de alegría.

Ahora no recuerdo si fue un sueño o lo viví. Da igual. Lo que sí sé es que, seas quien seas, tengas la vida y la edad que tengas y estés donde estés, tu misión es saber que eres digno de amarte y de ser amado y ayudar a otras personas a través de tu experiencia, de tu conocimiento y de tu ejemplo, a amarse a sí mismos y a los demás.

Tu misión es la misma que la mía, hacer de este mundo un mundo mejor, un mundo de amor, de armonía, equilibrio, paz y alegría. Sé el cambio que quieres ver en el mundo, para ti mismo y para todos.

GRACIAS compañeros de vida, fuente de gracia,
magia e inspiración.
Con mucho cariño, Paz.

1 COMENTARIO

  1. Estoy en una encrucijada y este enfoque me cae como anillo al dedo; creo que me dejo mucho llevar e inmóvil y eso hace que no llegue al puerto que debería haber llegado hace tiempo. Pero ahora se que hay que hacer mucho, pero primero por mí para luego convertirme en un ejemplo de vida, que permitan a otros no caer en lo mismo y así muchos otros hallen la paz, el amor, la tranquilidad antes que yo. Eso vale la pena.
    Voy por todo ello.

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