Los equinoccios son los momentos del año en los que el Sol se halla se halla situado en el
plano del ecuador celeste. Algo que ocurre dos veces cada año: una primera entre el 19 y el 21 de marzo y la segunda entre el 21 y 24 de septiembre. Una persona que en esos
momentos esté situada en el ecuador terrestre podrá ver el Sol alcanzando su cénit sobre
su cabeza.

El descubrimiento de la precesión de los equinoccios se le atribuye al astrónomo, geógrafo
y matemático griego Hiparco de Nicea, quien vivió en el siglo II a.C. Sin ir más lejos, fue él
quien elaboró el primer catálogo de estrellas, tarea que precisamente le llevó a comprender
la precesión de los equinoccios.

Los equinoccios se utilizan principalmente para fijar el inicio de la primavera y del otoño en
cada hemisferio terrestre. No obstante, el equinoccio puede ocurrir en fechas diferentes ya
que la duración de nuestro calendario no coincide de manera exacta con el tiempo que
tarda la Tierra en orbitar al Sol. De ahí que los equinoccios varían de un año a otro debido al modo en el que el calendario encaja con la duración en que la Tierra tarda en dar la vuelta al Sol.

La principal diferencia entre los equinoccios y los solsticios es que en los primeros el Sol
alcanza el punto más alto en el cielo (a 90 grados de la posición de una persona ubicada en
la Tierra) y tanto el día como la noche tienen la misma duración. En los solsticios, en
cambio, el Sol puede alcanzar su mayor o menor altura en el cielo, por lo que la duración
del día o de la noche es la máxima del año.

Curiosidades sobre los equinoccios
Quizás el dato más curioso de los equinoccios es que durante los mismos el día tiene una
duración aproximadamente igual a la de la noche en toda la Tierra. Esto es debido a que el
Sol se halla sobre el Ecuador del planeta. Precisamente, la palabra equinoccio proviene del
latín aequus nocte (noche igual), que alude al hecho de que ese día tanto el día como la
noche tienen aproximadamente la misma duración en todo el mundo.

Además, durante los días de equinoccio los dos polos terrestres se encuentran a una misma
distancia del Sol, por lo que la luz que se proyecta sobre la Tierra es igual para ambos
hemisferios.

También hay que señalar que si la Tierra no se inclinara, todos los días del año serían un
equinoccio en el planeta, ya que el Sol siempre estaría más cerca del ecuador. La principal
consecuencia de todo esto es que no habría ni inviernos ni veranos tal y como los
conocemos desde siempre.

Desde siempre, los equinoccios no solo han sido un punto de referencia en el mundo de la
astronomía, sino que también han significado mucho para diversas culturas humanas. No
en vano, han formado parte de la tradición religiosa y/o cosmológica de numerosas
civilizaciones a lo largo de la historia de la humanidad.

 

 

 

 

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