El verdadero inventor del teléfono
Antonio Santi Giuseppe Meucci fue un inventor italiano nacido en 1808 en Florencia. Estudió ingeniería química e ingeniería industrial y se casó en 1834 con Ester Mochi. Un año más tarde, en 1835, ambos abandonaron Italia y jamás regresaron, emigrando al continente americano. En primer lugar fueron a La Habana, Cuba, con el fin de trabajar con enfermos reumáticos, pues su mujer padecía la misma enfermedad. Allí también trabajó en el Gran Teatro Tacón.

Para reducir el dolor de sus pacientes, Meucci aplicaba sobre ellos pequeñas corrientes eléctricas o descargas de electricidad, y fue precisamente así como descubrió la transmisión de sonidos mediante impulsos eléctricos. En el año 1850, Meucci y Ester emigraron de nuevo, esta vez a Nueva York, donde vivirían el resto de su vida y donde el inventor levantaría una fábrica de velas, pues fue el primero en patentar el uso de la parafina para su fabricación.

En 1854, a Meucci se le ocurrió utilizar el invento que había descubierto en La Habana y construyó el primer teléfono de la historia para conectar su oficina, en el piso de abajo, con su dormitorio en la segunda planta, pues su mujer estaba inmovilizada por culpa del reumatismo. Así podría estar en contacto con ella en cualquier momento. Pero entonces, ¿por qué no consta su nombre en el invento de este aparato?

¿Qué ocurrió con la patente del teléfono?
Meucci supo entonces que lo que había descubierto era un invento revolucionario, sin embargo no pudo patentarlo por falta de dinero. Lo que sí hizo fue hacerlo público en 1860 mediante la trasmisión a una considerable distancia de la voz de un cantante. Meucci era consiente de que alguien podría robarle la patente, así que después de numerosas pruebas y perfeccionamientos bautizó a su invento con el nombre de teletrófono. Volvió a solicitar entonces la patente, pero de nuevo por falta de recursos económicos no pudo hacerse con los derechos legales.

Un accidente acaecido a Meucci obliga a su esposa a vender todos los trabajos de su marido a un prestamista. Una vez recuperado, cuando volvió a recuperarlos a la casa de empeño, le comunicaron que habían sido vendidos a un hombre joven. Fue así como en 1876 Graham Bell patenta el teléfono, siendo su inventor oficial hasta el año 2002 cuando se reconoce oficialmente a Meucci como el verdadero inventor del teléfono.

Meucci reclamó sus derechos ante los tribunales en numerosas ocasiones, pero no pudo hacer nada frente a la poderosa compañía Bell. Incluso los propios abogados de Meucci le traicionaron, pues fueros sobornados por Bell, su archienemigo. El inventor murió en 1889 pobre y amargado, pues jamás saboreó la gloria ni obtuvo el ansiado reconocimiento por su talento.

 

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