El síndrome de Asperger es un trastorno que afecta al desarrollo neurológico de los
niños. Suele diagnosticarse entre los 4 y los 11 años y se caracteriza porque el cerebro de
estas personas presenta un funcionamiento diferente en términos de comunicación,
interacción social y en la adaptación flexible a las tareas cotidianas del día a día.

Las personas que padecen este trastorno también suelen tener una inteligencia superior a
la media y un lenguaje muy fluido con respecto a aquellas que poseen autismo. Es por
esta razón por la que comprenden el mundo social de una manera diferente, de ahí que en
muchas ocasiones sus comportamientos no sean del todo comprensibles para el resto.

Las causas del síndrome de Asperger
En la actualidad, no se conocen con exactitud cuáles son las causas que pueden
provocar la aparición del síndrome de Asperger en una persona. Sí se sabe que se trata
de un trastorno que se produce durante el desarrollo del cerebro. En función del área que
esté afectada, el paciente podrá presentar una serie de comportamientos u otros.

Hay algunos factores de riesgo que se repiten en las personas que padecen este
síndrome: antecedentes familiares, padecer síndrome del cromosoma X frágil, tener
esclerosis tuberosa o síndrome de Rett, bebés que nacen antes de las 26 semanas de
gestación, etc.

Los expertos coinciden en que en el cerebro de una persona con Asperger se producen
dificultades en la conexión neuronal encargada de procesar la información. Es por este
motivo por lo que el cerebro del niño con este síndrome se desarrolla de una forma
totalmente diferente a la del resto.

Los síntomas del síndrome de Asperger
Hay una serie de síntomas que pueden inducirnos a pensar que una persona padece de
síndrome de Asperger. Sin embargo, debe ser el especialista médico el que se encargue de
realizar un diagnóstico profesional.

Las personas con Asperger suelen tener dificultades para interactuar con otras
personas y problemas para expresar sus pensamientos y emociones. Además, son
personas muy literales y no logran empatizar fácilmente con los demás ni comprender sus
sentimientos o emociones.

Por otro lado, son personas que presentan dificultad para mantener una conversación,
hasta el punto de alterar el volumen de la voz y/o la entonación. Asimismo, son capaces de alterar la coordinación del cuerpo y su comunicación no verbal se halla muchas veces
alterada.

A tenor de estos síntomas, los especialistas recomiendan a los padres que sus hijos
mantengan conversaciones con los demás y fomenten las relaciones sociales. En los casos
en los que el niño ya ha sido diagnosticado con Asperger, hay que tener paciencia a la hora
de hablarle, ya que quizás tenga problemas en la comprensión.

 

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